Fidel, el mayor desafío

Lo esencial es que siga germinando la semilla depositada por Fidel hasta en los que están por venir, con los abonos y aparejos que le vinieron a él de Martí y tantos conquistadores de la virtud patria a lo largo de siglos

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Tras depositar las ígneas cenizas de Fidel en Santa Ifigenia, luego de tantos días de dolor y certidumbres, Cuba enjuga sus lágrimas y se incorpora animada por el «levántate y anda», el ejemplo victorioso del líder. Entonces mira hacia adelante, sin dejar de tantear el terreno bajo sus pies y observar lo que le circunda.

A partir de ahora el Guerrillero rebelde nos acompañará como bitácora en el camino de la Revolución. Foto: Tomada de Cubahora

La primera certeza de estos días luctuosos es que el Comandante está intacto en el corazón del país. El desgarramiento de su desaparición física destapó, como magma volcánico, el fidelismo de este pueblo; por encima de las angustias e insatisfacciones cotidianas que puedan asaltarnos, de los acechos y manipulaciones que siguen urdiendo los enemigos contra la Revolución, y de los problemas internos de esta.

Lo esencial es que siga germinando la semilla depositada por Fidel hasta en los que están por venir, con los abonos y aparejos que le vinieron a él de Martí y tantos conquistadores de la virtud patria a lo largo de siglos. A fin de cuentas, tendremos que seguir soportando que los perros ladren como señal de que cabalgamos, lo haya dicho o no Alonso Quijano a su fiel Sancho Panza.

La segunda evidencia es que las revoluciones, si son verdaderas y no terminan represadas en sus propias aguas, tienen que obrar constantemente el milagro de superarse a sí mismas, de sobrevivir a sus propios artífices y seguir seduciendo. Perpetuarse en la historia por el cambio constante, como él nos pedía.

Fidel nos desbrozó el camino hasta aquí. Nos dejó los cimientos, y resolvió en vida la interrogante de la sucesión, que tanta curiosidad y especulación desataba en el mundo. Él mismo apostó a la garantía de nuestro proceso más allá del papel de la personalidad en la historia y el liderazgo, cuando predicó que «hemos hecho una Revolución más grande que nosotros mismos». Y en los homenajes de estos días, sintomáticamente la frase más recurrente y coreada fue: «Yo soy Fidel».

La desaparición física del líder destapó, como magma volcánico, el fidelismo de este pueblo. Foto: Omara García/ACN

El líder invicto nos dejó un tesoro de sabiduría y clarividencia, de principios cardinales, que no pueden aplicarse como receta mecánicamente, si no con el sentido dialéctico propio de los verdaderos marxistas, lejanos al dogma. Y también nos legó preguntas de cómo construir el socialismo hoy, que deben responderse con mucha responsabilidad, con esa insatisfacción suya, consustancial al revolucionario íntegro, que no desmaya en acomodamientos ni hartazgos de logros y alabanzas.

A partir de ahora, él nos acompañará como una estrella polar, como una bitácora en el camino siempre inquietante de la Revolución. Él nos estará midiendo, desde la eternidad. ¿Cómo lo hubiera hecho Fidel, cómo lo hubiera resuelto?, nos preguntaremos ante cada dilema, recordando que él siempre le puso el pecho al peligro e hizo de la política un acto humano y entrañable, sin fórmulas tecnocráticas ni protocolos tras los cristales nevados.

Y lesa traición le haríamos si nos ciñéramos a recordarlo como pieza de museo, repitiendo pomposamente consignas, hibernándolas desgajadas de la realidad, ensanchando el abismo entre palabras y hechos.

Esa gravitación de Fidel será el mayor desafío moral y político que encarará Cuba, en una era camaleónica, en la cual el gran poder imperial se camufla ora de sutil, ora de burdo, ora de zanahoria, ora de garrotazo. Una era con tantas incertidumbres y engañifas, que requiere blindarse y concentrarse en relanzar nuestro socialismo. Nos harán mucha falta sus ojos, viajeros incesantes entre el presente y el futuro. Ni las cenizas del guerrero ilustrado descansarán en paz.

Lo esencial es que siga germinando la semilla depositada por Fidel hasta en los que están por venir. Foto: Tomada de Cubadebate

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