Fidel tiene mucho que decir - Cuba

Fidel tiene mucho que decir

En el continuo batallar de la Revolución Cubana, una admiración mutua unió a dos intelectuales: el Gigante de verde olivo que comandaba la Isla y uno de sus extraordinarios periodistas: Guillermo Cabrera Álvarez. Es célebre en el gremio de la prensa la anécdota de cuando Fidel llamó a Guillermo «El Genio», y este le respondió que solo aceptaba ese calificativo si él reconocía ser Aladino o la lámpara maravillosa. Recordamos hoy varios textos de Guillermo, relacionados con su entrañable guía, publicados en este diario

Autor:

Guillermo Cabrera Álvarez

El colega

...Acaba de concluir el Congreso de Periodistas latino caribeños, y al escribir, sigo con él en la cabeza. Al reportar sobre el primer día, la sensitiva Agnerys tituló su nota Una batalla de la verdad contra la mentira, y con ocho palabras trasladó la esencia de lo dicho por Fidel.

El segundo pensamiento de Fidel hospedado en mi memoria (estudiaba entonces escultura) está vinculado a esa frase: «Nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella, y ahora nos parece que se hunde el mundo cuando oímos la verdad, como si no valiera la pena que el mundo se hundiera, antes que vivir en la mentira». Era 1959 y tenía 14 años.

Ahora está aquí como un colega más entre tanto periodista latino caribeño. Dialogamos sobre este oficio de dar voz al pensamiento colectivo. Los periodistas tenemos que hablar, escribir y filmar en nombre de quienes no pueden hacerlo. Nos corresponde ser la voz de los mudos, el oído del sordo, la mirada del ciego, porque como dice Silvio nuestra canción es de todos, aun de aquel que no pueda escucharla. En un instante, este Gigante, capaz de atender al mosquito y a la nube, se detiene para criticarme que he engordado, y solo me salva la chilena Ximena Ortúzar, quien trata de recordarle que ella, como estudiante de Periodismo, estuvo en la universidad chilena cuando su visita en la década del 70. Un diálogo brevemente intenso. Ella: «Gracias por existir, Comandante», y se aleja vibrante. Un argentino: «Nos inyecta vida». Otro: «¿No te parece que habla mucho?». Digo: «¿No le parece que dice mucho?».

Fidel tiene mucho que decir. El tiempo es finito, las ideas infinitas. Sus reflexiones hacen falta en este mundo donde la riqueza material se acompaña con pobreza moral. El mercado es el Todopoderoso creador de millones de pobres. Las megafusiones parecen poderosas, pero son trágicamente frágiles. Sencillo: «Quien mucho abarca poco aprieta». (...).

El experimentado Ernesto Vera precisa: «La verdad está dispersa y la mentira organizada». El colega de uniforme verde olivo, allá por la década del 50, en la soledad de la prisión, escribió a la heroína del Moncada, Melba, estas palabras que dejo como Regalo de jueves: «No se puede abandonar ni un minuto la propaganda, porque es el alma de toda lucha. La nuestra debe tener un estilo propio y ajustarse a las circunstancias». (18/10/01).

Nacen

Echo mano al trovador Noel Nicola: «Hay un almanaque lleno de días 26», y considero que el 4 de abril es uno de esos 26 del calendario. Las fechas históricas son oleajes de pueblos que arriban a las playas de la humanidad. Habrá quien piense: el destino trae sus designios; sí, sé que cada generación lleva en sí misma sus relevos generosos.

Hoy —imagine—, es 13 de agosto de 1956: A Fidel le sorprende su 30 cumpleaños mientras prepara el Granma; ¿alcanzarás los 31?; ha jurado: «si salgo, llego; si llego, entro; y si entro, triunfo». El mismo día, en Chicago, Estados Unidos, Irma Sehwerert da a luz a René González. No sabe que será piloto de aviación, ni su misión: salir, entrar, combatir... ganar. A Antonio Guerrero los azares le llevan a nacer, en octubre de 1958, en Miami, Florida. Por entonces se teje la leyenda invasora allá en Las Villas, y Camilo, en el campamento rebelde, escribe con su letra de artista el informe a Fidel. ¿Cómo podrá imaginar este exinmigrante, devuelto porque entonces ser cubano no era privilegio alguno, que por allá está naciéndole a la Patria otro combatiente de su columna, que tendrá que invadir el territorio de su infancia para salvaguardar a su pueblo de la muerte?

Ramón Labañino y Fernando González dieron su primer grito de amor en un año difícil, el de 1963. Finalizada la Crisis de los misiles, las bandas mercenarias se envalentonaron. Es un año de luto: el campesino Oliverio Morin es asesinado en Casilda; un niño en la finca Las Dolores, en San Antonio de las Vegas; y dos más en Bolondrón. En Santa Clara aviones piratas arrojan explosivos: el maestro Fabric Aguilar muere. Atacan por mar: lanchas piratas hostigan, secuestran pesqueros. Cientos de provocaciones en la frontera con la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo. Recibe balas el carguero soviético Bakú, la planta de sulfometales en Santa Lucía, Pinar del Río, y destruyen un aserrío en Cayo Güin, Oriente. Atacan por aire: sobre la refinería Ñico López una bomba de cien libras que no estalla; con ráfagas de ametralladora a Cayo Francés; depósitos de petróleo en Casilda; y el Central Brasil, Camagüey, con cinco bombas que explotan en las cercanías. Duro año para el enemigo: capturan en Oriente un grupo de agentes de la CIA; aniquilan en Las Villas a la banda de San Gil, y cinco más en Matanzas; condenan a los asesinos de Conrado Benítez.

Fidel informa sobre los daños a la economía y la detención de un grupo mercenario. Días después comparecen en televisión y reconocen la dirección de la CIA en todos los hechos. Nos ataca el ciclón Flora: Fidel desafía crecidas. «Coño, chico, ¿con qué moral vamos a dirigir a este pueblo, si no estamos donde este pueblo sufre?», confía a uno de sus oficiales que trata de esconderle los anfibios para protegerle la vida. Y sigue, porque los de su estirpe no abandonan a los suyos.

Ese año tremendo fue la cuna de Fernando y Ramón. Nacían nuevos luchadores contra el terrorismo y los huracanes de todo tipo. La cuna de Gerardo Hernández es 1965. No conoce la carta de despedida del Che, en el acto de constitución del primer Comité Central, le llegará, telúrica en la lactancia. Los misterios del renuevo harán de él un guevarista, capaz de marchar a otras tierras para salvaguardar la vida de su pueblo. (04/04/02)

Un cubano

Al sentarme en el restaurante Dama Antoñona, en la ciudad de Caracas, situado a pocas cuadras de donde Martí impartiera clases en 1881, me sorprendió la carta menú. La foto de la portada mostraba una mujer de labios delgados y ángulos pronunciados. La imagen traía el aire de la década del diez (1910). Noté sus ojos pequeños y la expresión europea. ¿Mis amigos venezolanos se habrían confundido al invitarme a un sitio típico? —¿Fue acaso la dueña de este lugar, ella es Antoñona? —pregunté al capitán del salón en cuanto se acercó. —No, es solo una foto. La tomamos de una revista alemana para evitar que algún familiar nos demandara por uso de esta imagen. El cuidadoso bigote del hombre sonríe con muestras de la malicia característica de los empresarios astutos. —Lo único lamentable —digo— es que su biotipo no corresponde con el de una venezolana. Pedimos. Me niego a contarles el menú porque me da apetito. Solo diré que las salsas fueron admirables. Un camarero pregunta en voz que podemos escuchar todos. —Los señores son de Cuba ¿verdad? —Cubanos de Cuba, sí señor, ¿y usted? —Vine en 1952. Mi esposa, hijos y nietos son venezolanos. Nacido y criado en Tapaste, Emilio Berges no ha perdido el acento de la tierra. Pregunto si no va desde hace mucho. —Fui en 1959. El pasaje es muy caro. Ahora mi señora y yo reunimos para ir en diciembre. —No deje de visitarnos. (...). Los platos fueron estelares salvo una discusión sobre si era lengua o no una de las carnes. El comensal, con conocimientos de anatomía por ser cirujano, avasalló al cocinero que trajo el trozo original. Nunca vi gastar tanta lengua en discutir de lengua. (...) Ya al momento de retirarnos, volvió el cantinero. —Quería despedirme de ustedes —distinguí la emoción en sus palabras. (...) —Vaya a Cuba, compadre, no lo va a lamentar. —Le voy a decir algo. Conservo con mucho cuidado, con mucho celo, la grabación del discurso de Fidel aquí en Venezuela en enero de 1959. Esa es una reliquia, le digo más: se la he puesto a todos mis hijos y la han oído todos mis nietos. Eso lo cuido como oro. Y otros fueron mis ojos hacia aquel hombre de 72 años, que todavía trabaja. Primero fue un paisano, ahora un hermano. Hará pronto 50 años que marchó de Cuba y conserva, entero, ese amor sin pasaporte por la tierra natal. (11/10/01).

Una ocurrencia

El Comandante es muy ocurrente. Muchas anécdotas lo prueban. Escojo una. Tras el derrumbe del campo socialista, el enemigo guapetón creía fácil borrar a la Revolución del mapa. Fidel advirtió que una agresión a Cuba repetiría la hazaña de Numancia, la ciudad ibérica que resistió el ataque romano allá por el año 146 a.n.e. y prefirió inmolarse antes que rendirse. Durante una conferencia de prensa, un periodista español preguntó cómo era posible que él convocase al pueblo al holocausto. Fidel, en voz baja, comentó: «Si tus antepasados hubiesen pensado como tú, ahora me estarías preguntando en francés». (22/06/06)

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