¡Aquí está el General!

Detalles del más estremecedor grito del oficial mambí que encontró el cadáver del Titán de Bronce

Autor:

Luis Hernández Serrano

A propósito de la caída en combate del Mayor General Antonio Maceo, el 7 de diciembre de 1896, aludimos al informe hecho a sus superiores por el comandante mambí José Miguel Hernández Falcón, quien encontró su cadáver y el de su ayudante, el capitán Francisco Gómez Toro, hijo del General en Jefe Máximo Gómez.

El hecho lo dio a conocer el general de división Enrique Loynaz del Castillo en su libro Memorias de la guerra, y lo comentaron por escrito varios oficiales insurrectos superiores, entre ellos el también general de división José Miró Argenter y los generales de brigada Bernabé Boza Sánchez y José R. Castillo.

Igualmente, mencionaron al comandante José Miguel Hernández Falcón como protagonista personal del importante hallazgo, historiadores como Eusebio Leal Spengler, Manuel Piedra Martel, Francisco Fina García, Azucena Estrada, Eduardo M. Bernal Alonso, Eladio J. González Ramos, Francisco Pérez Guzmán y Pedro A. García, quienes citaron y reconocieron que fue aquel mambí el primer oficial insurrecto que llegó adonde estaba el cuerpo inerte del Titán de Bronce.

Tras ardua búsqueda, los cadáveres de Maceo y Panchito fueron encontrados en la tupida hierba de la sabana de San Pedro, en Punta Brava, colindante con el Cuartón de Bobadilla y con la finca La Matilde, en el término municipal de Hoyo Colorado, en la otrora provincia de La Habana.

El rescate

Miró Argenter, catalán y jefe del Estado Mayor de Maceo, escribió: «una de las secciones de la caballería del coronel Juan Delgado halló el cadáver del General y de su fidelísimo ayudante Francisco Gómez. Cúpole esta gloria al grupo del comandante José Miguel Hernández Falcón, cuando reconocía todos los lugares de la batalla; y paso a paso llegó al sitio del desastre, y cargó unos metros con los muertos. Después fueron transportados a una casa o alquería completamente desvencijada (en el Pozo de Lombillo) y allí tendidos».

Ante Máximo Gómez se dieron varias versiones del intrépido hallazgo. En su obra Memorias... Enrique Loynaz del Castillo apuntó: «Poco después llegó el brigadier Silverio Sánchez Figueras con la versión del rescate; que, si lo hubo, lo realizó el coronel Juan Delgado con el grupo de valientes de su Regimiento (...) a cuyo frente iba explorando el campo un bravo oficial, el primero en llegar al cadáver: el comandante José Miguel Hernández Falcón. Cuando ellos recogieron los cuerpos, la tropa española acababa de abandonar el campo de batalla. Tras ella iban tres personas colaboradoras de los españoles —llamados guerrilleros— que en rápida búsqueda de algún objeto de valor habían llegado hasta los cadáveres, robaron la sortija, el revólver y el machete del General Maceo, y remataron a machetazos a Panchito Gómez. A toda prisa se alejaron».

Loynaz del Castillo cita el informe de José Miguel, quien lo redactó con tanta sencillez y modestia, que habló en tercera persona para no destacar su protagonismo en la hazaña, lograda con el auxilio de otros dos insurrectos. Incluso, en su informe se autonombra «el exponente», «el narrante» y «el referente».

La versión de José Miguel Hernández Falcón, al frente de un escuadrón del Regimiento de Santiago de las Vegas, comandado por el coronel Juan Delgado, recoge que al terminarse el fuego, varios de los que ocupaban el flanco derecho (jefes, oficiales y tropas de las distintas fuerzas que allí combatieron) se reunieron y fueron en busca del Mayor General Maceo.

Al considerar que no estaban allí en ese momento jefes de mayor graduación, el coronel Delgado dijo: «El que sea cubano que me siga». Y ordenó a Hernández Falcón que siguiera por el flanco derecho, acompañado de un sargento y un soldado morenito de la fuerza que mandaba el teniente coronel Isidro Acea.

Al rato de iniciar la búsqueda en el lugar del combate, como a unos 150 metros, alguien alertó: «¡Allí hay un muerto!». Hernández Falcón fue hasta el lugar y reconoció al Lugarteniente General, y con la impresión que recibiera al verlo, dio un grito con todas sus fuerzas: «¡Aquí está el General!».

Recoge el propio Hernández Falcón en su informe: «Del flanco izquierdo, preguntaron: “¿Quién?”. A lo que contestó el referente: “¡Nuestro General Maceo!”. Y ellos dieron vivas a Cuba Libre. Y el exponente, acercándose al cadáver, vio que al cuerpo del general Maceo lo habían despojado de sus ropas externas. (...) Y sobre el cuerpo del Lugarteniente General descansaba la cabeza de su ayudante Francisco Gómez Toro, destrozados sus brazos y su cráneo por los machetazos (...) y ambos estaban boca arriba. El general Maceo tenía un balazo en el lado izquierdo de la boca, y otro en el estómago. Y en esos momentos llegó el coronel Juan Delgado y se hizo cargo, mientras mandó a avisar a los demás generales —por donde se habían retirado— que vinieran, pues según ellos dijeron, se habían ocupado de organizar las fuerzas para salir al rescate.

«Ordenó el coronel Delgado trasladar los cadáveres entre todos los que allí estábamos; y ya en marcha, como a unos cien metros, más o menos, de distancia, nos encontramos con los otros generales, que venían ya con el que les mandó el aviso del coronel Delgado de haber hallado los cadáveres. (...) El exponente desea que así conste para la Historia. José Miguel Hernández Falcón».

Bibliografía: Crónicas de la Guerra, de José Miró Argenter; y Memorias de la guerra, de Enrique Loynaz del Castillo.

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