Todos salían a saludar a Fidel

JR conversa con Raúl Escalona Rosabal, un testigo de todo el trayecto de la Caravana de la Libertad, como integrante de la Columna Uno José Martí

Autor:

Hugo García

Matanzas.— Al entrar a su casa, lo primero que salta a la vista son varias fotos junto a Fidel, cuando le impuso el grado de Comandante. Cuando habla del Líder de la Revolución, la voz de Raúl Escalona vibra de emoción. Por estos días en que se rememora la Caravana de la Libertad sus recuerdos se vuelcan muchas décadas atrás, cuando acompañó a Fidel en su trayectoria victoriosa hacia La Habana.

«Evoco esos días como si fuera hoy», nos dice. El coronel de la reserva Raúl Escalona Rosabal, miembro de la Columna Uno José Martí, guarda en su memoria su ascenso a la Sierra Maestra, cuando se reunió por primera vez con Fidel. «Me viene a la mente que estuve en la primera guardia que se le hizo a Fidel en la Comandancia de la Sierra Maestra. Lo recuerdo como un estratega, un hombre muy inteligente, de mucha actividad y conocimiento, siempre con el incentivo de que había que derrocar la tiranía; cuando nos mandaba a las misiones y regresábamos nos decía: “¡le quedan diez días al tirano!” Era analítico, quería ver las cosas, situar las emboscadas y que se le explicara, es el hombre más humano en el mundo, el más internacionalista, justiciero».

Fotos inéditas de Escalona en la Sierra Maestra

Escalona nació el 21 de febrero de 1937 en el municipio de Pilón, cerca de la costa. Su familia poseía una tienda de varios productos, eran comerciantes. Tenía 19 años cuando se enteró del desembarco del yate Granma.

«Entre las personas que ayudaron a los expedicionarios del Granma había familiares míos y clientes de nuestra tienda. Nosotros teníamos contacto con ellos.

«Éramos de la célula del 26 de julio y a través de Celia recibíamos órdenes y las cumplíamos. Organizamos nuestros grupos, recogimos todo, incluso los brazaletes, hasta que nos dieron la orden de subir a la Sierra, el 19 de mayo de 1957. Estuvimos en un lugar que Fidel tenía para acopiar mercancías y recibir a la gente. Ya se habían dado los combates de La plata y de El infierno. Fidel nos mandó a buscar a la loma de Palma Mocha, cuando llegamos bajamos a casa de un haitiano que nos ayudaba, ahí fue el encuentro con Fidel del personal que había sido herido en El Uvero y de nuestro grupo.

«Estuvimos reconociendo la Sierra, entrenándonos, hasta que el 26 de julio nos toca salir hacia Estrada Palma, nuestra primera acción; tuvimos otra acción en Palma Mocha», cuenta, mientras ofrece detalles de los días intensos de los combates en Guisa. En la Sierra obtuvo los grados de primer teniente.

«La euforia por el triunfo era grandiosa. Fidel le hablaba al pueblo. Era impresionante el júbilo a cada paso por las zonas rurales y los poblados. En Camagüey se presentó un problema. En la ciudad se forma un tiroteo, cerca del hospital estaban parapetados unos “masferreristas”, se cercó el área y se tomaron prisioneros. Fue el único problema en la caravana. Fidel iba en los primeros vehículos, pero al sentir los disparos lo protegimos. En Las Villas se desvió a Cienfuegos con un pequeño grupo, el resto de la caravana esperó en Santa Clara.

Raúl Escalona en la ventanilla del camión en que viajó desde Santiago de Cuba a La Habana

«En Matanzas acampamos en las afueras de la ciudad y él fue hasta la sede del ejército, donde estaba William Gálvez con sus tropas. El día siete, a las once de la noche, marchamos junto a Fidel hasta el Parque de la Libertad, de la ciudad de Matanzas, donde cercamos toda esa zona con nuestros vehículos y tropas. Fidel decía que no le gustaba estar tan lejos del pueblo cuando hablaba desde el balcón del gobierno. El preguntaba al pueblo si lo veían porque el no los veía bien debido a unos enormes reflectores que alumbraban el frente del edificio. Le explicaba al pueblo todas sus ideas. Terminó pasada la media noche. Allí lo entrevistó la prensa y cuando terminó partió a Varadero con dos o tres carros de la comandancia. En el Hotel Internacional de Varadero descansó apenas unos minutos, desayunó con los trabajadores, y salió para Cárdenas a casa de José Antonio. En el cementerio de esa localidad rindió tributo al líder revolucionario en el panteón familiar. Después regresó a Matanzas y se reagrupó la columna que partió hacia Madruga.

«Yo iba en un camión como seis vehículos detrás de Fidel. Algo extraordinario, no se quedó una sola persona dentro de las casas. Aquello era una cosa muy grande, ver a tanto pueblo en la calle saludando. Dormíamos en la propia caravana, yo en el camión, y comíamos lo que el propio pueblo nos traía, cajitas con todo tipo de comidas.

«Nada de bebidas ni tiros al aire, era un momento de euforia, pero de disciplina. La columna era larga, muchos cubanos se iban sumando, y al final, en Managua, se tuvo que hacer varias depuraciones porque había personas que nunca habían estado en el Ejército Rebelde, pero decían que sí. Muchas personas se sumaban vestidos de verde olivo y nunca habían estado en la Sierra.

«Recuerdo las palabras de Fidel en Ciudad Libertad cuando dijo que habíamos hecho una revolución más grande que nosotros mismos. Al otro día de llegar a La Habana partimos junto a Almeida para Managua, en ese campamento teníamos a Fidel constantemente.

«Las ideas de Fidel nunca las perderemos. Ahora con más razón tenemos que realizar la caravana, porque Fidel siempre pensaba que estos hechos no se pueden olvidar y que no se le podía olvidar a la juventud. La juventud tiene que saber cómo hicimos las cosas y cómo hay que continuar la obra. Estamos en el deber de todos los días enseñar a la juventud, porque ayer fuimos nosotros, pero ahora la juventud es la que tiene que llevar adelante las conquistas, confiamos en los jóvenes como lo hacia siempre Fidel.»

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