¿Ser o no ser?, esa sigue siendo la cuestión

Las señas liberadoras de ataduras y mentalidades arcaicas que ofrecieron las 17 medidas aprobadas por el Consejo de Ministros dieron renovado aliento a muchas de esas entidades agrícolas, mientras otras terminan en la disolución. JR regresó por sus pasos de hace cinco años

Autor:

Marianela Martín González

Las imágenes que captamos hace casi diez años, cuando visitamos la UBPC Héroes de Bolivia, de Güira de Melena, en Artemisa, no necesitaban de explicación. La decadencia aplastaba, gritaba por lo que luego, en 2012, se conoció como Plan de medidas inmediatas para resolver las ataduras que limitan el funcionamiento y la gestión de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (las llamadas oficialmente 17 medidas).

En aquella ocasión uno de los miembros de esta cooperativa, llamados entonces ubepecistas, nos contó que ni dinero tenía para procurarse un pasaje de regreso a su provincia de origen: el salario que percibía era casi simbólico, porque la productividad era muy baja.

A cinco años de haberse dictado aquellas disposiciones que, según se destacó en la sesión del Consejo de Ministros que las aprobó, buscaban poner a todas las formas productivas en igualdad de condiciones para producir, visitamos nuevamente la referida UBPC. Allí coincidimos con rostros que pensamos no encontrar, porque tal vez el desánimo los había vencido. Cándido Gamboa Gamboa, quien llegó a la Héroes de Bolivia hace 25 años como obrero agrícola, era uno de ellos y nos recibió en esta ocasión en calidad de jefe de Producción.

Explicó que el salario medio ahora es de 1 900 pesos mensuales y la productividad por cooperativista oscila entre un 98 y 99 por ciento. En la actual cosecha de papa promediaron 21 toneladas por hectárea, con semilla nacional, muy por encima de la media en el país, gracias al cumplimiento estricto de la disciplina tecnológica que en este cultivo, como en otros, si se viola, pasa una alta factura.

Observamos que las condiciones de vida de los cooperativistas han mejorado. El almuerzo y la comida en cuanto a calidad y cantidad satisfacen lo que un agricultor demanda. No obstante, como Gamboa reconoció, todavía quedan asuntos pendientes, entre estos la instalación de ventiladores y camas para garantizar el confort en los albergues.

Gamboa señaló que todavía subyace un potencial productivo que podrá develarse cuando completen la fuerza de trabajo requerida para poder atender eficientemente las 195 hectáreas cultivables que poseen, las cuales están todas cubiertas por sistemas de riego eléctrico, con máquinas de pivote central.

No obstante, con optimismo anunció la posible solución para ese problema. Una vez la otrora escuela en el campo Ciro Berrios se convierta en viviendas, como se tiene previsto, los cooperativistas que ahora viven en los albergues podrán tener sus hogares en ese lugar, y quedarán capacidades disponibles en los albergues, lo cual permitirá contratar el personal que falta.

«Solo queda un mes para empezar la conversión del local en viviendas. Queremos que todo se haga como debe ser. Que los servicios básicos estén disponibles».

Esta UBPC produjo en 2016 más de mil toneladas de viandas, hortalizas y granos. Sus cooperativistas recibieron estímulos de 2 500 pesos en ese período, debido a las utilidades que se generaron. Este año será mucho mejor, según Gamboa, porque ya los resultados del primer trimestre superan lo alcanzado en igual fase del año anterior.

«El avance es multifactorial, pero se debe en gran medida a la autonomía que tenemos. Antes dependíamos de la empresa. Era la que dirigía nuestros planes. Ahora nosotros los elaboramos de acuerdo con nuestros estudios de factibilidad, y la empresa nos los aprueba. El respeto de los contratos es otro asunto importante que nos permite trabajar con más seriedad y evitar las improvisaciones fatídicas».

El sordo escuchó

Como una cooperativa que salió de la ineficiencia siguiendo las indicaciones de las 17 medidas suele ponerse siempre de ejemplo a la UBPC El Sordo, de Matanzas. Isaías Piedra Hernández, su presidente, cuando quiere demostrar cuán atrayente resulta trabajar en sus tierras recuerda que muchos jóvenes que antes preferían irse a trabajar al turismo han elegido sudar allí, porque es un lugar con visión definida, donde los bienes son disfrutados por todos.

Piedra Hernández reconoció que el mejoramiento de las relaciones con los organismos centrales del Estado resultó notable para que su cooperativa haya salido adelante. Solo manifestó como insatisfacción que las UBPC no posean la cuenta en divisa que debían tener.

«Producimos en las dos monedas, pero está estipulado que los ingresos en divisa vayan a otra cuenta que no es la nuestra. Ahora va a las Unidades Empresariales de Base Provinciales. Está en manos de otro organismo donde probablemente haya que destinar un por ciento de esta cuenta para el uso de ellos.

«Creo que en materia de autonomía eso es una asignatura pendiente. Somos nosotros los que producimos; y aun cuando aportemos cualquier por ciento somos los que tenemos que disfrutarla. ¿Si somos serios y dignos; capaces de mantener nuestros bienes con el adecuado control, y tenemos una cuenta en moneda nacional, por qué no tener una en divisa?».

La disolución como salida

Foto: Roberto Ruíz

No todas esas cooperativas han corrido la misma suerte. En el periplo por Artemisa lo corroboramos. La Juan Manuel Gorina del Toro y la Alejandro Cedeño, ambas de Caimito, están en proceso de extinción.

El destino de la Gorina del Toro era visible. Desde que le dijeron que quitaran caña y pusieran en su lugar vacas —como nos recordó cierta vez una de sus cooperativistas— allí nunca más se levantó cabeza. Para colmo de males nadie quería dirigir aquel fracaso.

En medio de la desventura sus cooperativistas no quedarán desprotegidos, según nos explicó el ingeniero Tomás Rafael Rodríguez López, director del Grupo Empresarial Agropecuario y Forestal de Artemisa. Al igual que los de la UBPC Alejandro Cedeño pasarán a integrar la Empresa Agropecuaria Habana Libre, enclavada en el mismo municipio donde se encuentran estas cooperativas.

«Serán trabajadores de las nuevas unidades empresariales de base que se crearán, y contribuirán a recuperar las vaquerías típicas y trabajarán en los más de 25 patios de cría para el ganado de carne».

Rodríguez López explicó que en Artemisa existen 32 UBPC que se subordinan al grupo empresarial que él lidera. De estas solo cuatro son de cultivos varios y el resto son ganaderas.

Resaltó el avance en las de cultivos varios, las cuales están incluidas en los programas de desarrollo del Ministerio de la Agricultura. Aseguró que ninguna está amenazada con desintegrarse. Todas lograron recapitalizarse con la negociación de la deuda y sin dejar de pagar al Estado el cinco por ciento de sus ingresos.

Como la otra cara de la moneda calificó a las UBPC ganaderas, las cuales en su mayoría se han vuelto a endeudar con el banco y con sus empresas. La mortalidad de los terneros ha sido alta y el hurto y sacrificio de ganado mayor sigue siendo en estas cooperativas un flagelo.

El directivo aseguró que las causas fundamentales del fracaso de estas cooperativas es que no siembran plantas proteicas y forrajeras para la alimentación vacuna, y como consecuencia hay bajos rendimientos de carne y leche.

Otro panorama, dijo, ofrecen las UBPC Las Cochinatas, de Bahía Honda, y Playuela, de Candelaria. Allí han limpiado los campos de marabú y en su lugar han plantado pasto. También en estas cooperativas han logrado completar el flujo zootécnico de la ganadería y recuperan sus vaquerías, así como establecen la tecnología para obtener resultados sustentables en sus rebaños.

Para Rodríguez López triunfarán las UBPC que sean capaces de aplicar la ciencia y la técnica y las que sigan al pie de la letra la disciplina tecnológica.

El número de las que no han alcanzado esos propósitos en el país no es insignificante, según se conoció en el balance anual del Ministerio de la Agricultura, en el cual se supo que el año pasado se disolvieron 82 UBPC.

Señas buenas y equivocadas

Autoridades del Minagri reconocen incluso que tener que haber disuelto esas cooperativas es «una derrota». Así lo considera Ricardo Monzón Novoa, director de Desarrollo Cooperativo del Ministerio de la Agricultura, para quien hubo cuadros que debieron conducirlas por caminos más seguros y prósperos y no desempeñaron su papel.

Al ser inquirido por el destino que corren, Monzón aclaró, no obstante, que «nada extraño ha sucedido con el destino de estas cooperativas». Explicó que existe un proceso y procedimiento, bien fundamentado, para la disolución de las mismas.

Recalcó que cuando se toma esta decisión es porque no tienen solvencia económica y no utilizan las prerrogativas que han sido aprobadas para su funcionamiento.

Refirió que las tierras de estas cooperativas pasan a otra forma de gestión. Los cooperativistas dejan de serlo o pueden volver a serlo al integrarse a otra cooperativa. Los medios de producción y otros activos se les venden a otras entidades y se continúan explotando las áreas productivas que les pertenecían.

«Creo que cuando una cooperativa rebasa el límite de la ineficiencia es mejor someterla a ese procedimiento. Debemos recordar que en el tratamiento financiero aplicado a las CPA y UBPC se renegociaron más de 1 300 millones de pesos de deuda que estas tenían.

«Al renegociarse esta deuda las UBPC quedaron limpias, y de esta manera podían tener acceso a créditos bancarios. Las que se están disolviendo actualmente son precisamente esas que, a pesar de ser beneficiadas, volvieron a caer en deudas. ¿El Estado puede seguir cargando con esa deuda? Creo que no es justo.

«Lo más lamentable es que en todas estas cooperativas hay cuadros que no hicieron todo lo que tenían que hacer, y no se ocuparon de discutir y usar de manera adecuada los beneficios que se están poniendo en sus manos».

Ricardo Monzón recordó que las 17 medidas para desatar las trabas que impedían la eficiencia de las UBPC se aprobaron por el Consejo de Ministros en 2012, y comenzaron a implementarse en sintonía con un sistema de capacitación dirigido a organismos de la Administración Central del Estado y las juntas de administración de dichas entidades.

No obstante, aclaró que estas medidas no fueron las únicas aprobadas. El Gobierno y Estado cubanos han seguido decretando políticas que, de forma muy acertada, han dado respuesta a un grupo de problemas que tienen estas cooperativas.

Sin embargo, aseguró que el impacto positivo de estas acciones no ha sido parejo, pues no en todas las cooperativas se ha visto el avance de igual manera, aunque sí han servido para que se reconozca a este sector, que gestiona el 65 por ciento de las tierras del país, y es responsable de una gran parte de las producciones que se reportan cada año.

«Las medidas son muy positivas, y aunque eran aplicables para todas las UBPC, no todas poseen cuadros y funcionarios, tanto estatales como empresariales, capaces de implementarlas adecuadamente y optimizar lo que estas plantean».

El directivo dijo que todavía faltan muchas cosas por hacer, pero lo más neurálgico es que hay lugares donde las medidas aprobadas no se implementan con todo rigor y eficacia, aunque cuentan con los documentos que les sirven de guía.

«En cualquier reunión te puedes encontrar a representantes de una cooperativa que te dicen que no tienen cuenta bancaria en divisa. Entonces tenemos que aclararles que, como resultado del proceso realizado en 2014 con las UBPC y unidades empresariales de base, se autorizó la adquisición en moneda nacional de un grupo de productos que se venden en divisa en las mayoristas.

«En esa fecha se explicó que la solicitud de estos productos se debe hacer de manera bien fundamentada, mediante el Grupo Empresarial de Logística del Ministerio de la Agricultura, el cual los tramita en las mayoristas.

«También todavía hay cooperativas que se cuestionan por qué Fincimex les pide el cheque del pago de combustible adelantado. Desconocen que ellos pueden firmar contratos de cobro por aceptación con esa entidad. Eso significa que Fincimex puede descontarles a las cooperativas de sus cuentas bancarias el combustible, y así las bases productivas no tienen que gastar combustible, ni su tiempo en trasladarse hasta las sedes de Fincimex.

«Si hay algo que puedo asegurarte es que todos los organismos del país están en función de aligerar las decisiones y acercar los servicios a la base productiva, para que estas puedan producir sin dificultades. Ahora lo que les falta a las cooperativas es una mejor conducción y preparación. Es importante que se estudien los documentos rectores aprobados. Es necesario que dominen las normas y procedimientos que el Estado y Gobierno han aprobado para que estas liberen su potencial productivo.

«En el caso de las autoridades municipales de la Agricultura, estas deben darle seguimiento a la aplicación de las 17 medidas, y a todas las demás que se han aprobado».

Queda mucho por hacer

Para lograr el ansiado despertar productivo se necesitan muchas manos, pero también muchas mentes. Foto: Roberto Suárez

Hace casi tres años abordamos la capacidad de resiliencia de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), a partir de la implementación de las 17 medidas dictadas para que estas soltaran las amarras que frenaban su eficiencia y desarrollo.

Aquellas disposiciones fueron catalogadas como «tres veces buenas», por el Doctor en Ciencias Alcides López Labrada, cuya tesis doctoral, defendida en enero de 2011, había realizado la Propuesta de un sistema integrado de gestión para las UBPC.

Su valoración se sustentaba en que las medidas llegaron, en un momento muy oportuno, a cerrar un largo período de indefiniciones; y porque se reconocía que ciertamente las UBPC estaban atadas, al tiempo en que ponderaban la esencia constructivista de las medidas, sobre todo en temas económicos y financieros.

No obstante, el también profesor auxiliar del Departamento de Gestión Empresarial de la Economía de la Universidad de La Habana, advirtió entonces que estas por sí solas no serían suficientes. «Para continuar avanzando, las UBPC requieren de nuevos y más audaces pasos».

«La gestión de estas cooperativas exige que su entorno capte y comprenda la necesidad de cambios en todo el sistema. El primero debe ser de tipo ideológico-conceptual: reconocerlas como una verdadera cooperativa. Pero para ello se requieren acciones y nuevas políticas que favorezcan su desarrollo. El segundo gran problema es garantizarles el acceso a los insumos».

Estimó, además, que la gestión de las UBPC demanda un profundo cambio organizativo en su interior, que les permita gestionar eficientemente los distintos objetivos con enfoque de sistema. «Con eso incrementarían las posibilidades de ser más eficientes».

Justamente, muchos de los presupuestos que establece López Labrada, resultan aún hoy lastres persistentes a casi cinco años de haberse implementado las 17 medidas. Todavía pesan muchos problemas organizativos en estas entidades. Se suplantan y confunden roles, y se carece de modo general de una visión de conjunto que tenga en cuenta las fortalezas y debilidades en cada escenario. No se ha avanzado todo lo que se hubiese querido en dejar atrás la vieja mentalidad «dependiente» y pensar con una mayor autonomía, como tampoco se han experimentado mecanismos que garanticen llegar de un mejor modo a lo que se necesita materialmente.

La realidad nos muestra que, aunque no en todos los lugares la situación anda mal, queda mucho por hacer si queremos lograr el ansiado «despertar» productivo, para que la quietud o la falta de iniciativas, como el dinosaurio del microrrelato de Augusto Monterroso, no vuelvan a estar ahí.

Una salida socialista

La constitución de las UBPC, al igual que otras medidas tomadas a principios de los años 90, respondió a la necesidad de transformar la base productiva del país y reformular, en cierta medida, las relaciones económicas. Ello tuvo como condicionante el difícil contexto en que se encontró Cuba con la caída del bloque socialista, que potenció y agudizó los factores estructurales que venían manifestándose en la agricultura. La situación existente hacía inoperable e insostenible el modelo agrario vigente y requería de un cambio radical en la explotación de la tierra.

Según recogen los especialistas en el tema, Emilio Rodríguez Membrado y Alcides López Labrada, en el texto La UBPC: forma de rediseñar la propiedad estatal con gestión cooperativa, estas formas productivas fueron una salida socialista y muy autóctona a la crisis agraria nacional, que no recurrió a la receta neoliberal, imperante en muchos países, de privatizar la tierra y los restantes medios de producción. Por el contrario, significó la explotación colectiva, en forma cooperativa, de la tierra (bajo propiedad legal estatal), mediante un esquema de autogestión y autofinanciamiento.

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