Isabela se sacude para borrar las sombras

Una humilde comunidad villaclareña, a pesar de las profundas heridas que le dejó Irma, palpita en el espíritu luchador de su gente

Autor:

Nelson García Santos

ISABELA DE SAGUA, Villa Clara.— Catástrofe es la palabra que más se repite aquí. Corre de boca en boca para reflejar un sentimiento generalizado, tras el feroz ensañamiento del huracán Irma sobre este poblado costero, de más de 2 100 habitantes, el más perjudicado en esta provincia.

«¡Mire, mire cómo ha quedado todo!», exclama Mileydis Soriano Monteagudo con una fuerza telúrica salida del alma y el corazón, mientras rompe a llorar.

Los pobladores sacan al sol todo lo que Irma empapó. Foto: Arelys Echevarría Rodríguez/ACN

Luego, cuando se le alivia ese dolor que siente, reflexiona: «Mi padre tiene 75 años y dice que jamás había visto subir tanto el agua, casi dos metros. Nos confiamos, debimos sacar todo de las casas», afirma desconsolada.

Hoy muchos lamentan esa falta de percepción del riesgo para proteger los efectos electrodomésticos y otros bienes.

En Isabela de Sagua hubo dispuestos camiones para trasladarlos gratuitamente hacia un almacén en Sagua la Grande, pero muy pocos solicitaron ese servicio, afirma Mario Fidel Morales Herrada, presidente del consejo popular de Isabela.

 

Ninguna mano falta ni sobra para revitalizar
a Isabela de Sagua.

 

Ninguna mano falta ni sobra para revitalizar a Isabela de Sagua. Foto: Arelys Echevarría Rodríguez/ACN

En realidad mucha gente prefirió protegerlos encima de mesas o en casas de placa, pero aún así se les dañaron por la subida del agua y el fango arrastrado por esta, tierra adentro.

Según Deibys Fons García, la estructura de su casa de madera y el techo fueron seriamente dañados; mucha gente no sacó los equipos cuando era lo aconsejable.

«Antes de la evacuación, Irma giró un poco al noroeste, e interpretamos que se iba a despegar algo. Oiga, pero al escuchar en la escuela de la localidad de Sitiecito, donde estábamos protegidos, que se acercó más al oeste, hubo un grito al unísono, seguido de un ¡se chivó todo!»

Los daños al fondo habitacional son considerables. Foto: Arelys Echevarría Rodríguez/ACN

Cuenta Fons García que vivió un momento terrible, difícil de olvidar, y al ver los destrozos pensó que no le quedaría nada, pero por suerte se equivocó.

Estas cifras muestran claramente la magnitud de lo ocurrido: de 567 casas se afectaron 465, el 82 por ciento. Más de 150 derrumbes totales, 89 parciales y una suma superior a los 200 techos perjudicados en diferentes grados, más un número apreciable de instalaciones estatales, incluidas las de prestación de servicios a la población.

Los isabelinos confiesan que no tuvieron verdadera percepción del riesgo. Foto: Arelys Echevarría Rodríguez/ACN

A diferencia del Kate, precisa Mario Fidel Morales, que tumbó muchas casas asentadas en pilotes sobre el mar o cerca de este, Irma se llevó o afectó con fuerza, las ubicadas también más lejos del litoral.

A Luis Cantillo Santana y otros vecinos suyos, residentes en la parte más alta de Isabela, en la salida hacia Sagua la Grande, se les inundaron las viviendas. «Cuando mi papá recordaba al ciclón del 33, hasta ahora el más fuerte de los huracanes que hemos tenido por aquí, contaba que el océano no le invadió la casa. ¡Qué clase de mujercita la Irma esta!»

Isabela hoy

Cuando JR pudo llegar a Isabela, la comunidad, deseosa, como resulta comprensible, de verlo resuelto todo lo más rápido posible, estaba en pleno apogeo en el trabajo, apuntalando lo que les quedó en pie, remendando aquí y allá, sacando el fango de las viviendas, limpiando el entorno, mientras sus ropas, colchones, mesas, escaparates, televisores… se soleaban.

La ayuda no se había hecho esperar. El agua se distribuía en pipas, aunque ya esperaban reactivar el acueducto; distribuían gratis almuerzo y comida; también, al precio de un peso, dos paquetes de botellas de agua envasada por núcleo.

Para muchos, el único consuelo radica en que les queda lo más importante: vida para seguir. Foto: Arelys Echevarría Rodríguez/ACN

Se vendían, además, comestibles ligeros como bocaditos de embutido a un peso, refrescos a ocho y diez, cigarros, tabaco, pan, productos agrícolas… El minuto de llamada por celular se rebajó a 15 centavos y podían comprar teléfonos fijos a un precio módico con la facilidad del pago a plazos.

En la localidad improvisaron un taller para arreglar equipos electrodomésticos. Sin costo alguno revisaban los televisores, los limpiaban y aplicaban un anticorrosivo. Solo se cobraba el valor de la pieza rota. Además, examinaron refrigeradores que solo necesitaron la limpieza del relay.

Julio Lima Corzo, presidente del Consejo de Defensa Provincial, escuchó allí las preocupaciones de los lugareños.  Les transmitió la seguridad de que, poco a poco, se resolverán las afectaciones de gran magnitud en la provincia, en especial, en las comunidades de la costa norte.

Hubo también muestras de agradecimiento por lo que se está haciendo, que empezó con la evacuación, más allá de cualquier desliz o contratiempo que puede ocurrir en una situación como esta.

Isabela vive, más que nunca, después de soportar el huracán más terrible de su historia, en ese espíritu de la gente de amor por su terruño, ayer apretujado y hoy sacudiéndose para borrar las sombras.

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