¿Adorable laberinto?

Celebrarles los 15 años a las adolescentes hoy en Cuba es una tarea que les quita el sueño a muchas familias y deprime sus billeteras

Autores:

Juan Morales Agüero
Liudmila Peña Herrera

Cuando se tienen hijas, una de las tribulaciones más grandes que padecen sus progenitores es preparar condiciones para celebrarles sus fiestas de 15. ¡Sería imperdonable pasarlas por alto! (incluso hay familias que extienden esta tradición a los hijos varones).

 Hace años esa no era una desazón como para cortarse las venas (es un decir). Pero los tiempos cambiaron, y hoy cualquier «motivito» humilde y sobrio puede costar una suma considerable.

Las asimetrías en las celebraciones existen, obviamente. Hay quien no afronta dificultades, ya lo dijo Quevedo en un célebre poema: «Poderoso caballero es don Dinero». En cambio, para quien vive de su salario todo es diferente. Los precios se han disparado tanto que mamá y papá no pueden alcanzarlos.

Sin embargo, es difícil encontrar una familia donde haya una jovencita en esos trances que no haga todo lo posible porque la fecha no pase de largo, sin penas ni glorias. «Algo te haremos, no te preocupes», dicen los de menos recursos. «Ya verás que fiestón te vamos a preparar», prometen los más afortunados.

Los malabares de mamá

«Yo vengo preparándome para los 15 de mi hija Alenna desde que ella tenía diez años de edad —afirma su joven mamá, Yusdián Reynaldo—. Los cumplirá el 14 de junio y dudo que me alcancen los 25 000 pesos que tengo ahorrados para eso. Las fotos cuestan una fortuna. Un paquete está entre 200 y 400 CUC. Para hacerlas, hay que reservar seis o siete meses antes. Y si algunas son en exteriores, la familia debe aportar combustible y carro». 

Según esta atribulada mamá, después de los flashazos del fotógrafo vienen otros desembolsos importantes. Y pone de ejemplo la peluquería. Una estilista privada puede cobrar hasta 1 000 pesos por aplicar queratina, poner rayitos y peinar a gusto. Pintarle las uñas a la quinceañeras puede costar 150 pesos. Y si la fiesta prevé bailar el vals, pues a apretarse el cinto: desde los ensayos hasta los trajes de las parejas, unos 3 000. Menciona también la discoteca: «Por las luces y el montaje en el lugar alquilado a precio de oro, la factura roza los 1 500 pesos. Los comestibles importan una buena cifra. Y del ron, el vino y la cerveza, ni hablar. En fin, ¿No es para una volverse loca?»

Otra jovencita tunera, Jessica Pavón, celebró sus flamantes 15 en el verano pasado. Todo fue muy sencillo, porque sus padres no tenían para más. Quería, desde luego, hacerse unas fotos para tener recuerdos de ese momento irrepetible. Pero los precios de los fotógrafos privados no estaban a su alcance. Así que le pidió ayuda a un amigo para que, con una camarita digital, le tirara algunas, y luego, en Photo Service, se las imprimieron.

«Todo me salió de maravillas, porque a la fiestecita que me organizaron mis padres asistieron mis mejores amigos y amigas. Bailamos y nos divertimos cantidad con la música que nos gusta. Reconozco que no hubo luces de discoteca, animaciones por computadora ni cerveza de laticas. Tampoco me paseé por la ciudad con un traje blanco en un almendrón descapotable. Pero te aseguro que mis invitados la pasaron súper. ¡Y todos contentos!»

Las hijas de Anita

Ana María Álvarez tiene dos hijas: Tatiana, de 17 años cumplidos; y Ana Gabriela, de 15. A la primera la puntillosa mamá le pudo celebrar su agasajo. «Toda la familia se puso en función de ella», dice. Y recuerda cuánto sacrificio entrañó todo, desde el alquiler por 700 pesos del local en el Palacio de los Matrimonios hasta el brindis con las bebidas junto a la clásica cajita.

«No podía dejar pasar ese día, porque ella había estado enferma y, además, se lo merecía —reconoce—. Pero todo fue bastante austero. Las fotos costaron unos 100 dólares y fueron de las más baratas. El cake costo casi 900 pesos. Ella saltaba de alegría, porque asistieron sus compañeros de aula. Fue una noche muy bonita».

Sin embargo, Anita no es feliz. Su otra hija, Ana Gabriela, cumplió 15 en el pasado verano, pero no tuvo celebraciones.  Apenas un humilde pastel acompañado por refrescos. Y todo en familia. «Mi economía colapsó con los 15 de Tatiana —acota esta madre buena—. Ahora todo es más caro que hace dos años. Y yo, francamente, no puedo hacer más. Por fortuna, Ana Gabriela es muy comprensiva y no me reprocha nada. Espero que los tiempos cambien y pueda pagarle a mi hija la fiesta que le debo».  

Experiencias holguineras

Como en el resto del país, en la bien llamada Ciudad de los Parques la celebración de las fiestas de 15 va desde las modalidades más sencillas hasta las más pomposas. Muchos padres la asumen como un compromiso, tanto con el grupo social en el cual se desenvuelven como con sus hijas. Un ejemplo es Marianela Quevedo, una madre que aún siente el impacto de la fiesta.

«La celebración es parte del estímulo a una niña que ha tenido buenos resultados docentes y a su comportamiento social y familiar —dice—. Solo que para algunos padres eso no pasa de ser una competencia para ver quién la hace mejor y más fastuosa. Los hay que llegan a endeudarse porque sus hijas les exigen que sus fiestas estén a la altura de las mejores. Eso no lo apruebo».

«Los 15 se celebran según las posibilidades de cada quien —dice Yanelis Feria, otra madre implicada en el asunto—. En no pocos casos la familia ayuda con recursos. Un puerquito, algún dinero, unas botellas de ron… Siempre prevalece el esfuerzo para que todo salga bien, porque en esos festejos, además de los que asisten para adquirir experiencia, abundan los criticones».

La celebración de las fiestas de 15 en Holguín ha devenido próspero negocio. Las jóvenes que arriban a esa edad suelen deslumbrarse con la variada gama de ofertas relacionadas con el agasajo, y caen en el laberinto de oferta-costos-gastos, de cuyos mareos la familia solamente consigue recuperarse cuando —¡por fin!— los invitados se retiran y se termina el convite.

No pocas quinceañeras aluden al estrés como uno de los recuerdos que les quedan de esa época, sobre todo porque, según advierte Amanda Trujillo (15 años), «uno busca la perfección en su fiesta».  Así lo atestigua también Lilianne Rodríguez (18 años): «Todo el tiempo estás sometida al nervio de repartir invitaciones y correr por la ciudad preocupada por el cake, el traje, las velas, el lugar, la decoración, la hora, que si van a venir o no, cómo te quedará el vals. Todo eso es terrible».

Mucho de ese estrés se vincula con los altos estándares que priman hoy en las fiestas de 15. A las otrora sencillas ceremonias familiares le han sucedido rituales aparatosos que incluyen brindis, regalos, flores, velas, corazones… Eso sin mencionar los precios exorbitantes por decoraciones con globos, lámparas, satines, forros de los asientos, alfombras, candelabros, arcos… que pueden ascender de 60 hasta 200 CUC.

«Eso es una gran fanfarria. ¡Y no tiene nada que ver con Cuba! Hoy muchos padres y madres quieren celebrarles los 15 de sus hijas a imagen y semejanza de otros países —opina Yanelis Feria. El homenaje se ha convertido en una exhibición de poder adquisitivo, en una vitrina para mostrar cuánto tienen».

Aunque la Empresa Provincial de Alojamiento y Gastronomía ofrece a los interesados el alquiler de locales como La Quinceañera y el club Siboney por un valor de 500 pesos, muchos padres se quejan de que, además, deben contratar maestros de ceremonias, decoradores y fotógrafos, todo lo cual dispara los gastos.

Irma Claudia Domínguez (17 años) afirma que «cada vez inventan algo nuevo en los paquetes de fotos. Hoy hay aplicaciones Mis quince para los móviles, salen making off de la sesión y hasta álbumes con portadas en 3D». A eso se suman las fotos artísticas. Antes se les veía como subidas de tono. Ahora, todo lo contrario.

Se acaba el cumpleaños

Arribar a los 15 años de edad constituye un momento trascendental para las adolescentes cubanas y una etapa de frenesí para sus abrumadas parentelas. Unas celebran el aniversario con pompa y a todo gasto. Otras se conforman con un motivito modesto y sobrio. Son singularidades de estos tiempos, imposibles de cambiar.

Preocupa, sin embargo, cómo los valores fundacionales de este festejo, por demás tradicional en nuestro país, comienzan a languidecer en beneficio de un despliegue de poder ajeno a sus raíces. Como dice la joven Lianis Serrano (20 años), «con tanta opción y tanto aparataje, parece como si se olvidara la esencia de compartir con alegría —y sin estrés— el gran momento».

Nos gusta, sobre todo, esta observación de otra joven holguinera, Irma Claudia Domínguez. Para ella, una fiesta de 15 ideal implica, sobre todo, «divertirse y compartir con la familia y los amigos y hacer lo que uno realmente desea: si no quieres bailar, no bailas; si prefieres una comida familiar, que así sea».

Visto así, no es imposible escapar del laberinto.

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