Inversiones que desborden el plato

La agricultura no solo genera alimentos que sabemos todavía son insuficientes, también provee desarrollo tecnológico y desarrollo social, afirmó el Ministro de la Agricultura en exclusiva para Juventud Rebelde

Autor:

Marianela Martín González

Aunque frecuentemente nos hagamos mil y una preguntas en relación con la variedad, calidad y precios de los productos del agro, la proyección de desarrollo de la agricultura cubana hasta el 2030 está diseñada para aclararnos muchos de los actuales cuestionamientos que sobre ese sector tenemos.

Al menos esa fue la sensación que dejó la conversación que sostuve con Gustavo Rodríguez Rollero, ministro de la Agricultura (Minag), un guajiro a quien respetan los que lo rodean por su resistencia y capacidad de trabajo, por no desprenderse de sus raíces ancladas en el centro del país; pues le gusta hablar de tú a tú con los hombres que se doblan en el surco, y conoce cada conuco de la Isla, porque la recorre para que nadie le cuente.

Este diálogo surgió en la planta procesadora de miel de Occidente, enclavada en el municipio artemiseño de Caimito. Antes de que comenzara el acto para dejarla oficialmente inaugurada, el titular del Minag recorrió cada lugar del recinto, y en cada área recalcó asuntos relativos al uso de los medios para garantizar la inocuidad y calidad de las producciones.

Aprovechando el clima de alegría que siempre propician las inauguraciones, abordé a Rodríguez Rollero para entender los pasos que la agricultura acomete en materia inversionista.

Gustavo Rodríguez Rollero, titular de la Agricultura.Foto: Tomada de La Demajagua

Mejorar la mesa del cubano

«Las prioridades nuestras se centran en mejorar la mesa del cubano, sustituir importaciones y crear rubros exportables. En esa proyección de desarrollo trabajamos, pero no estamos esperando acabarla para empezar a acometer acciones. En los planes anuales de la economía, la agricultura tiene un monto de inversiones aproximadamente de unos 500 millones de pesos en moneda total», apunta el Ministro.

«En función de esa proyección de desarrollo estamos trabajando. Debemos presentarla en septiembre próximo al Ministerio de Economía y Planificación, pero hemos terminado inversiones importantes en la apicultura, y estamos también invirtiendo en el carbón vegetal que se ha convertido en un fondo exportable promisorio.

«No podemos seguir en esa proyección de desarrollo creyendo que producir carbón, acopiarlo y hacerle todo lo que requiere puede hacerse de manera rudimentaria. Hay que llevarlo a plantas de beneficio, secado, clasificación, envasado… hacer con este producto lo que estamos haciendo con los productos apícolas, el café y el cacao, pues de lo contrario no estaríamos a la altura de las normas de calidad vigentes en el mundo comercial».

Rodríguez Rollero dijo que el tabaco les está imponiendo a los productores cubanos un gran desafío, pues la demanda del mejor tabaco del mundo se multiplica. «Eso significa que tenemos que seguir aumentando la producción de tabaco en rama, pero al mismo tiempo estamos urgidos de ir creando la infraestructura tabacalera. Hay que hacer nuevas escogidas, despalillos y centros de beneficios de capa.

«Del mismo modo estamos llamados a reconvertir algunas fábricas de torcido para el consumo nacional en fábricas para el torcido destinado a la exportación. Tendremos, además, que reconvertir algunas fábricas de cigarrillos en industrias de tabaco mecanizado, porque este último es un fondo exportable. Los cigarrillos de producción nacional son parte del consumo interno y ya está cubierto.

«Todo lo que he mencionado está plasmado en esa proyección de desarrollo que tiene como mira el 2030, pero que no precisamente se hará firme en esa fecha, sino que desde ahora se trabaja para lograr consolidar proyectos. En medio de las dinámicas que lleva el proceso, cada rama agrícola está estudiando y proponiendo sus estrategias, pues esa proyección de desarrollo está respaldada por inversiones que requieren créditos externos, ya sean preferenciales concesionarios o con inversión extranjera.

—¿Se está trabajando en la agricultura para que el país frene la tendencia a exportar sus materias primas, asunto que desde hace tiempo se viene planteando?

—Tenemos que ir pasando gradualmente de la condición de exportadores de materias primas a ser proveedores de productos con valor agregado. Un ejemplo de esa transición lo constituye la miel. Toda la que antes exportábamos era como materia prima, ya por ejemplo la planta ubicada en El Cano, en el capitalino municipio de La Lisa, produce 11 productos envasados. En cada planta que ahora tenemos en occidente, centro y oriente vamos a montar líneas para el procesamiento y envasado de la miel, el polen y la cera.

«En otras latitudes hay una industria de la cera reconocida que hace hasta productos medicinales con esa materia, y nosotros tenemos que ir insertándonos en esa modalidad y producir para el turismo.

«El propio carbón nos está llamando a pensar en darle valor agregado a ese producto, pues no podemos seguir exportando entre 130 000 o 140 000 toneladas anuales como materia prima. Tenemos que llevarlo a formatos distintos, pues es así como se consume en otros países. Cuando vendemos ese carbón en lo que se llama saquete, la tonelada nos la pagan a 100 o 120 dólares por encima de lo habitual.

«Los productos agrícolas también tienen que detener la tendencia a exportarse sin valor agregado. Las frutas frescas hay que convertirlas en jugo y llevarlos también a distintos formatos».

—¿A la hora de decidir algunas de las inversiones la Agricultura tiene en cuenta acometerlas en lugares que han quedado a la zaga en el desarrollo económico y social por factores como el éxodo poblacional hacia las zonas urbanas…?

—Sí. Cuando nos aprueban los programas de desarrollo se tienen en cuenta esos factores, aunque lo que sí varía un poco son las fuentes financieras. Por ejemplo, al programa integral de desarrollo del arroz se le ha puesto más de 130 millones de dólares y una de las inversiones que en ese programa se materializó fue la de las brigadas de modernización, las cuales son constructoras y tienen en cuenta mejorar los sistemas hidráulicos, hacer todo el proceso de mejora de campo y además tienen como misión mejorar los caminos arroceros.

«Esos caminos arroceros son los mismos que pasan por las comunidades de los trabajadores y cooperativistas de ese sector y la población de la zona. Cuando los caminos son del patronato vial de las cooperativas, entonces estas tienen que hacerlo con su propio financiamiento, pero cuando se trata de un camino del gobierno local se financia con la contribución al desarrollo territorial que aportan las empresas y cooperativas enclavadas en esas comunidades.

«Esos beneficios también se notan en la vivienda y el mejoramiento de la infraestructura social: escuelas, círculos infantiles, consultorios y bodegas. Las cooperativas asumen la construcción y reparación de esos enclaves tan importantes para el avanece de las comunidades, el financiamiento proviene de la contribución al desarrollo local o las utilidades que generan esas cooperativas.

«Las cooperativas poseen una cuenta sociocultural, y una vez que se somete a evaluación de la asamblea y se aprueba por esta usar parte de ese dinero en mejorar un consultorio médico, un camino, una escuela, la bodega… eso se convierte en ley. No podemos ver el desarrollo de la agricultura aislado del de la comunidad. Por eso nuestros dirigentes han insistido en que debe ser integral.

«También en la medida en que mejoran los salarios de los agricultores, porque se hacen más eficientes, mejoran de manera individual, pero cuando eso se suma, no son pocos los que mejoran su nivel de vida, eso ocurre con los arroceros.

Adaptarnos al cambio climático

«La agricultura no solo genera alimentos que sabemos que todavía son insuficientes. También genera desarrollo tecnológico y desarrollo social, así como genera compromiso con las comunidades y la población toda.

«Debemos tener en cuenta a la hora de concebir las inversiones el actual escenario de cambio climático. La agricultura requiere de un proceso de fortalecimiento para enfrentar los retos que impone este fenómeno y la demanda creciente de alimentos. La mayor incertidumbre sobre el comportamiento climático repercute en un aumento de las dificultades para la planificación de las actividades agrícolas.

«Por eso también las inversiones tendrán que contemplar la adaptación de los sistemas alimentarios al cambio climático, pues se trata de un asunto esencial para fomentar la seguridad alimentaria, y la gestión sostenible y conservación de los recursos naturales.

«También tenemos que potenciar cada vez más una agricultura que tenga en cuenta la salud de las personas y las inversiones deben ser facilitadoras de ese fin, por eso insistimos en el uso de bioproductos y estamos construyendo plantas para apostar y garantizar su uso de una manera más generalizada.

«Cómo ves la agricultura no es producir por producir. Tenemos que asegurar en la mesa de los consumidores productos inocuos; y también garantizar que quienes laboran en el sector realicen una actividad productiva bajo normas de seguridad laboral que garanticen su salud».

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