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Sangre de sucesores y retoños

El linaje Carlos Manuel de Céspedes, el iniciador, asombra por hazañas y hechos que debemos contar más

Autor:

Osviel Castro Medel

BAYAMO, Granma.— Algunos agrandan los ojos como dos lunas llenas cuando se enteran: el iniciador de nuestras gestas libertarias tuvo más de 20 familiares que se lanzaron a las montañas y sabanas en busca del fértil sueño de independencia.

Es lógico que suceda. En fechas marcadas de octubre (alzamiento), abril (natalicio) o febrero (muerte en combate) solemos plasmar la valentía o el pensamiento del Padrazo, como llama un historiador a Carlos Manuel de Céspedes; pero rara vez nos referimos a la familia que siguió sus pasos en la manigua durísima.

Verdad que él, apoyado por otros con arresto, echó a volar un manifiesto que deberíamos leer todos, convirtió en ciudadanos a sus antiguos siervos y le edificó un volcán a Cuba en el ingenio azucarero Demajagua, trasmutado, con los campanazos de la oralidad, en aquel sitio.

Pero si el Hombre del 10 de Octubre, con sus esplendores y dilemas, mandamientos y virtudes, merece la reverencia por lo que hizo, también son dignos de alabanza aquellos de su sangre que levantaron la misma espada.

Hermanos inmensos

¿Cómo obviar, a las puertas de los 150 años del parteaguas de Cuba, a Francisco Javier de Céspedes, el hermano que llegó a ser por hazañas propias Presidente de la República en Armas?

Masón como su hermano y tres años menor (1821), fue de los primeros conspiradores y de los pioneros en el alzamiento atrevido y estremecedor. También se deshizo de varias propiedades con el propósito de irse al monte de penurias.

¡Cómo habrán sido para él, Mayor General del Ejército Libertador, los meses de presidencia interina (1877) en una época de traspiés en los campos insurrectos, de disturbios y desuniones!

«Tuvo el mérito de ascender al grado de Mayor General a Antonio Maceo», reza en la enciclopedia cubana Ecured. Mientras que la Enciclopedia de la Casa Natal de Céspedes reseña que «ni las decepciones, ni las hondas heridas dejadas en su espíritu por el infortunio de los suyos y por la memoria del sacrificio de sus hermanos, lo apartaron del ideal independentista. Venerado por sus conciudadanos, falleció en Niquero, el 27 de julio de 1903».

La vida de Pedro de Céspedes, otro de los hermanos del insigne bayamés, estuvo llena de tropiezos, afecciones de salud y hasta de la fatalidad, que le costó el fusilamiento en Santiago de Cuba, en 1873. Encabezó lo que algunos historiadores consideran «el primer alzamiento», el 9 de octubre de aquel vertiginoso año 1868.

Este patriota, que según algunos textos llegó al grado de coronel —otros al de brigadier— reunió a unos 400 hombres en las proximidades de la hacienda Caridad de Macaca y al mediodía atacó con modestas armas la pequeña guarnición de Vicana; después se apoderó del poblado.

El acontecimiento, realizado de seguro con la aprobación de su hermano mayor, estimuló a la destacada investigadora Adolfina Cossío a publicar en 1975 su folleto El alzamiento del 9 de octubre de 1868 en Macacas, en el cual se abordan pormenores de estas acciones.

Él debió partir, a fines de 1871, junto a Pío Rosado y Luis Pacheco, a una misión encomendada por Carlos Manuel, con el fin de contactar en Nueva York con Francisco Vicente Aguilera; pero estaba tan deteriorada su salud que no pudo continuar viaje hacia el norte y quedó en Jamaica, al cuidado de su familia, salida antes de Cuba.

Dos años después, desde aquel país, se enroló en la expedición del vapor Virginius, interceptado en el mar por los españoles y conducido a Santiago de Cuba.

Inequívocamente, a Céspedes se le debe haber apretado el pecho cuando plasmó en su Diario, el 21 de noviembre de 1873, unas fechas después de los sucesos terribles: «Ya ha sido fusilado un número espantoso, siendo de los primeros mi pobre hermano Pedro, como me lo sospechaba. Su entusiasmo por la causa de Cuba, a quien sacrificaba su familia numerosa, indigente e inútil, lo trajo otra vez a estas playas contra mi parecer, gozoso, sin duda, de esos recursos a sus hermanos, los patriotas combatientes. Alcanzó una muerte honrosa, mártir de sus opiniones, y yo quedo en la tierra para llorarlo, socorrer a sus hijos y vengarlo, antes que me llegue el turno de abrazarlo en los dominios de la nada».

Hijos de sangre e ideas

Tal vez el más mencionado de los hijos del Héroe de San Lorenzo sea Amado Oscar de Céspedes y Céspedes, cuya vida fue segada por los colonialistas cuando estaba próximo a cumplir los 23 años. Sobre él se ha escrito el episodio conocido en que el Caballero de Rodas, capitán general de la Isla, le propuso al Fundador abandonar la espada y el corcel a cambio de la vida del muchacho, apresado aquel mayo inclemente en Camagüey.

Céspedes tal vez hasta gimió porque él mismo reconoció estar muy angustiado por la noticia y el inminente fusilamiento. En realidad su hijo ya había sido asesinado antes de la carta del «Caballero», fechada el 1ro. de junio de 1870. Pero aún suponiéndolo en respiro, el patricio sublime prefirió seguir entre maniguas porque, como señaló un día después de la epístola, tenía otros miles de hijos: todos aquellos que se batían por la libertad cubana.

Tal como señala el excelente investigador Aldo Daniel Naranjo, presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba en Granma, el Iniciador tuvo otros vástagos que dieron su sangre por la independencia y cuyas obras necesitamos estudiar con profundidad.

El primogénito, Carlos Manuel, le nació en Bayamo en enero de 1840 en la unión con María del Carmen, su prima. Después del alzamiento del 10 de Octubre, Carlitos ocupó varios cargos, siempre orgulloso del padre que tenía como compañero. Fue su acompañante en los días duros posteriores a la deposición y en las jornadas por las montañas de San Lorenzo. Por casualidad se encontraba en la prefectura mambisa el viernes gris de los acontecimientos, pero sintió los disparos en la lejanía que presagiaban la tragedia.

No resulta difícil imaginar el dolor infinito de este hombre al llegar al rancho ocupado antes por el padre amado y darse a la tarea de amontonar las pocas pertenencias que de él habían quedado.

Fue acaso, de los Céspedes, el que más sufrió, pues sumemos a la debacle de San Lorenzo, la pérdida de su hermano Oscar, la muerte de su madre en 1868 (unos días después de su cumpleaños 28), el fusilamiento de tu tío Pedro… Pese a todo eso, vivió 75 años.

Mambises como su padre

El Iniciador no los conoció porque nacieron en el exterior; cuando sus madres partieron de Cuba al amargo exilio estaban embarazadas. Pero ambos siguieron los pasos del Padre de la Patria.

Nos referimos a Carlos Manuel de Céspedes y Quesada —hermano gemelo de Gloria de los Dolores— y a Carlos Manuel Acosta. El primero, cuya madre fue Ana de Quesada, nació en Estados Unidos, donde aprendió idiomas y ciencias, pero con 24 años se sintió halado por la causa independentista y llegó a Cuba a batirse por ella.

El segundo, tuvo como madre a Candelaria Acosta «Cambula», la muchacha que cosió la bandera de Céspedes en Demajagua, horas antes del levantamiento. Carlos Manuel Acosta vio la luz en 1872 en Jamaica, fruto de los amoríos del Hombre de Mármol con la atractiva mujer, que retornó al país en 1881.

Un artículo de Jorge Ibarra, reproducido por la Enciclopedia de la Casa Natal de Céspedes, describe que, desatada la guerra necesaria, un día Cambula encontró a su hijo «cuidando el jardín de  su casa», algo que le valió esta frase: «¿Tú,  un hijo de Carlos Manuel de Céspedes, trabajando en el jardín? Al otro día había partido a la manigua.

Los caminos del destino llevaron a estos dos hermanos libertadores a conocerse y, como expone Ibarra, a tener magníficas relaciones. De Céspedes y Quesada (1871-1939) llegó a ser diplomático, miembro de la Academia de Historia y efímero presidente en la República mediatizada. Acosta, por su parte, trabajó en el cementerio de Santiago de Cuba y luego se alistó en otro ejército, muy diferente al Libertador. Murió en 1919.

Otros seguidores

Además de estos excelsos continuadores, Céspedes tuvo primos, sobrinos y otros familiares que pelearon en la manigua redentora. El investigador Manuel Antonio Muñoz López, quien lleva más de 15 años estudiando el árbol genealógico del ilustre abogado, y uno de los artífices de la Enciclopedia citada —junto al manzanillero Delio Orozco González— señala en una interesante ponencia que Ramón, Ismael, Ricardo Rogelio y Enrique —todos de apellidos Céspedes— alcanzaron a altos grados militares.

Asimismo, apunta que Miguel Milanés, Lucas y Francisco del Castillo, parientes del Héroe de San Lorenzo, pelearon por la independencia.

«En una famosa entrevista concedida por monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García Menocal, biznieto del Padre de la Patria, este señala que 26 varones de esta familia participaron en al menos una de las tres guerras de independencia y que varios lo hicieron en más de una».

Él considera que nunca debe soslayarse el papel de las mujeres, pues muchas de las esposas de estos hidalgos hicieron tanto como ellos por la independencia y fueron más que bastones de apoyo en la inclemente vida entre matorrales.

Como bien enfatiza Muñoz, los cubanos todos tenemos la deuda de hurgar en esas vidas. Seguramente de esas historias emergerán soles, que tanto necesitamos ahora y siempre.

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