Llamadas de vida o muerte

La impertinencia de algunas llamadas telefónicas al Sistema Integrado de Urgencias Médicas retarda la atención a personas que lo necesitan. A veces, les cuesta la vida

Autor:

www.escambray.cu

“¿Es la funeraria?”, preguntó una voz burlona del otro lado de la línea, y la trabajadora que levantó el teléfono, quien ya había respondido esa pregunta, ripostó: “No es la funeraria, váyase a bromear a otra parte”.

Allí, junto al mismo buró sobre el cual reposan otros equipos de comunicación, suelen acaecer situaciones así. Cuentan que hay hasta “máquinas” corridas, que más de una vez han movilizado a un equipo médico sobre una ambulancia, con los recursos más avanzados de que se dispone, para acudir a la escena de un hecho ficticio. Que a veces al llegar al lugar del suceso o a la casa del enfermo ya el necesitado fue movido en otro automóvil, pero nadie llamó para desmovilizar. Que se exagera a veces, para que acudan “bien rápido”.

Todas esas conductas, y otras que harían larga la relación, ponen en juego el adecuado desempeño de un mecanismo creado para beneficio de la población y concebido en un comienzo para ser empleado solo por personal asistencial. De ahí que quienes allí dirigen y laboran estén interesados en esclarecer aspectos a tomar en cuenta a la hora de llamar al 104, número establecido para entrar en contacto con el Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM).

Lo primero es marcar la diferencia entre la urgencia y la emergencia médica, pues mientras en el primer caso hay una situación que demanda atención médica apremiante, pero sin un peligro manifiesto para la vida del individuo, en el segundo existe un peligro inminente para la integridad física del mismo y debe ser atendido con inmediatez. Creado en la década de los 90 con el objetivo de agilizar la atención médica al ciudadano, el SIUM recibe de tanto en tanto las más novedosas técnicas de estabilización ante una situación de gravedad.

Pero las ambulancias no están diseñadas todas con el mismo fin, y como mismo las hay para el rescate, estabilización y traslado de pacientes graves —conocidas como Unidad de Apoyo Vital Avanzado (AVA)—, funcionan otras para pacientes que requieran atención médica relativamente urgente, aunque no de gravedad. Existen, igualmente, ambulancias concebidas para el traslado de pacientes con situaciones que no demandan atención inmediata; es el llamado servicio no urgente, empleado en el traslado hacia turnos médicos u otras situaciones.

Cuando alguien llama al 104 y al reportar la situación le solicitan detalles de lo que sucede con la persona urgida de asistencia, no es mero capricho de quien recibe el llamado. Indaga por elementos necesarios para determinar qué tipo de vehículo y atenciones necesita el paciente, información que muchas veces no se ofrece o no es veraz.

Mientras unos pacientes admiten un tipo de transporte para su traslado, digamos, el servicio de taxi, otros no. Pero hay quienes alegan que al realizar la gestión con la base donde atienden ese servicio “alguien” les indicó llamar al SIUM, porque no hay taxis o porque van a demorar. Y ese “alguien”, por lo visto, también desconoce los pormenores aquí expuestos.

Tras la ocurrencia de accidentes, hay errores que pueden costar vidas. Sucede cuando quien pretende ayudar mueve a los lesionados sin conocer las técnicas de extracción, inmovilización y traslado de los mismos. También, cuando los vehículos utilizados con ese fin no son los adecuados. Las estadísticas de lesiones estáticas permanentes en el Sistema Nervioso Central y de fallecimiento por inadecuados procedimientos en esos minutos cruciales hablan de la necesidad de instruir a la población por diferentes vías.

En caso de que la comunicación a través del 104 se encuentre limitada, existen el 41 324462 y el 41 335241, teléfonos alternativos para la comunicación con el centro coordinador de urgencias. Sin embargo, debe pensarse antes de discar y atender a la indagación de quien recibe la llamada, porque de la conducta de quien solicite el servicio podría depender, en buena medida, la efectividad de la gestión para el lesionado o el enfermo.

De una línea ocupada innecesariamente y hasta de elementos que se aporten o dejen de aportar podría depender, incluso, la vida de alguien más. En ese propio instante, puede que otras personas necesiten que la tripulación a movilizar como consecuencia del reporte esté a su lado, salvando, y no invirtiendo el tiempo en un caso menos urgente, o en uno que cierto “bromista” decidió inventar.

Tomado de Escambray

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