Representantes de la dignidad y el coraje

Con la convicción de que continuarán brindando sus servicios dondequiera que sea necesario, llegaron desde Brasil 196 colaboradores de la salud, luego de tres años en cumplimiento de su misión internacionalista

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

«He dejado un pedacito de corazón cubano en todos los lugares en los que, como médico, he contribuido al alivio o la sanación de las personas, y he traído conmigo la experiencia que enriquece mi desempeño profesional y sobre todo, el orgullo de haber cumplido con mi deber, de haber hecho de Cuba un referente internacional de solidaridad y altruismo».

Emocionada, la especialista en Medicina General Integral Odelsy de la Caridad Luaces Martínez, de 37 años, me cuenta de sus vivencias en Pakistán, Bolivia, Venezuela y Brasil, minutos después de su llegada al país, al filo de la 1 y 15 de la mañana, junto a otros 195 colegas, luego de haber cumplido misión como parte del Programa Más Médicos en el gigante sudamericano desde 2015.

«No olvidaré nunca el cariño de la gente que atendía en San José, en el estado de Bahía, donde trabajaba. La humildad de todas esas personas pobres, carentes de servicios de salud, me deja el convencimiento de que si no hubiera sido por nosotros, los cubanos que trabajamos en zonas de difíciles accesos, ellos no hubieran disfrutado nunca de una atención médica que, además lleva afecto y comprensión».

Me cuenta, con lágrimas contenidas, que la gratitud de sus pacientes es el mayor regalo que ha recibido, «porque ellos reconocen el trato diferente que los médicos formados en Cuba podemos ofrecer. No se trata de preguntar qué te sientes, prescribirte un medicamento y cobrar la consulta. Nosotros crecemos aquí con otra manera de ver la vida».

La gratitud no se cobra

¡Felicidades, Hugo Jaime, en tu día… que lo pases con sana alegría… Muchos años de paz y armonía!... Y el doctor holguinero Hugo Jaime Rodríguez Álvarez, de 33 años, celebró su cumpleaños 24 horas antes de regresar a Cuba este jueves, con la familia que formó en Joanópolis en el interior de la ciudad de São Paulo.

«Yo extraño mucho a mi familia de Cuba, pero tanto en Venezuela como en Brasil, dejo lazos de afecto como los que se tejen con los familiares. La convivencia con poblaciones necesitadas, que abrazan a un médico cubano y les agradecen estar allí, cerca, tiene un valor incomparable para nosotros como profesionales».

Son muchas las vivencias desde el 10 de diciembre de 2015 cuando arribó a Brasil, «con un poco de portugués aprendido y otro por aprender en la vida cotidiana». Hoy las guarda todas en su memoria, con gusto, porque cada una de ellas lo hace sentirse satisfecho consigo mismo y heredero de los preceptos básicos de la Medicina cubana.

«El dinero no puede ser lo más importante cuando se trata de salvar una vida, de atender a un paciente, de promover educación para la salud… La gratitud no se cobra, por eso la gente se apega tanto a los médicos cubanos en cualquier país, y nos respetan, y ver el resultado de nuestro trabajo en mejores indicadores de salud de las poblaciones desfavorecidas, es reconfortante.

«Atendí una vez a una niña, en medio de una crisis de epilepsia,  que frecuentemente padecía, y no olvidaré que me entristecí mucho al pensar que demoraría su atención en la consulta especializada de Neurología, según el protocolo establecido por los médicos brasileños. Preferí estudiar, ajustarle un tratamiento para evitarle más crisis, mientras esperaba su turno para aquella consulta, y la familia no sabía cómo agradecerme».

Servir al necesitado

Lloraron mucho los habitantes de la comunidad del municipio del interior de Ceará donde trabajaba la doctora Ersy Guerrero Borges, de 32 años. «La gente dice que somos diferentes, que los médicos cubanos no tienen comparación. Yo lo que sé es que terminar la misión y alejarme de todos en la comunidad también es muy triste para mí, porque ellos necesitan un médico cerca, y en muchos casos, no lo tienen. Vi mucha pobreza, la que no he visto nunca en Cuba, y el bajo nivel cultural de las personas nos obliga a trabajar mucho desde la educación y la prevención. Otros médicos no invierten su tiempo en ello, no les resulta provechoso desde el punto de vista económico. ¡Qué absurdo!, ¿verdad?».

Tampoco puede la especialista en Medicina General Integral contarme en pocos minutos todas las vivencias que trae de vuelta. «La humildad y el buen corazón de las personas que conocí me hicieron ser mejor persona. Tuve miedo, a veces, porque estoy lejos de la familia, porque viví momentos terribles como aquel robo del banco de la ciudad donde vivía, pero yo tenía un deber y me debía, además, al principio básico de todo médico que es servirle a todo el que lo necesita».

Un acto profundo de amor

La doctora matancera Nadiesta Irsula Martí nunca había realizado una reanimación cardiopulmonar con anterioridad, «pero si tienes que hacerlo, no dudas en hacerlo. Y así pasa con mucho de lo que está escrito en los libros pero que no encuentras en la población cubana cuando ejerces la Medicina. Sin embargo, cuando eres la única doctora en la que ponen sus esperanzas las personas de una comunidad pobre, no titubeas, no puedes hacerlo… Ellos confían en ti, te necesitan, y no les puedes fallar».

Ella era la única médico en San Florina, en el estado de Sao Paulo, y recuerda aquel día, en el que durante su visita a los domicilios, se encontró a aquel paciente con una crisis severa de asma. Esa fue tan solo una anécdota que compartió con esta reportera, «pero son muchas, periodista, y no puedo ocultar que me siento orgullosa de haber ayudado a todas esas personas. Eso solo fue posible porque estudié en Cuba, porque aprendí cómo tratar a las personas necesitadas, porque no puedo entender que el dinero tenga más valor que una vida…».

Estos profesionales de la salud cubana, representantes de la dignidad y el coraje en el mundo entero, volvieron a la tierra que los vio nacer. La viceministra de salud Regla Angulo Pardo, el doctor Jorge Delgado Bustillo, director de la Unidad Central de Cooperación Médica, el Jefe de la Aduana General de la República, el Viceministro del Transporte y otros directivos del país, junto a los trabajadores del Aeropuerto Internacional José Martí les extendieron los brazos y los felicitaron «por la labor encomiable realizada y por poner el nombre de Cuba en lo más alto del humanismo».

Como estos 196 profesionales de la salud, en los próximos días, y progresivamente, retornarán los que laboran en Brasil como parte del Programa Más Médicos, y aun cuando no hayan terminado sus tres años de servicio, se les reconocerá el cumplimiento de su misión.

No es Cuba quien desea terminar con la ayuda solidaria que le brindó a Brasil desde hace cinco años, a través de los 20 000 colaboradores que llegaron a más de 3 600 municipios en ese lapso de tiempo, ocupando las plazas no cubiertas por médicos brasileños ni de otras nacionalidades. No es Cuba quien les arrebata el derecho al disfrute de esta conquista social a los pobladores de esa nación.

 

 

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