Hombres contra aviones, tanques y artillería

La batalla de Guisa, dirigida por Fidel, comenzó el 20 de noviembre de 1958 y duró diez días. Al término de los enfrentamientos, el Comandante en Jefe redacta el parte militar, que hoy reproduce Juventud Rebelde, a 60 años de aquellos hechos

Autor:

Juventud Rebelde

La Miel, 1ro. de diciembre de 1958

¡Última hora!; ¡La Batalla de Guisa! Tomado el pueblo por las fuerzas rebeldes. Más de doscientas bajas ocasionadas al enemigo. Un tanque, dos morteros, una bazooka, siete ametralladoras trípode, 94 armas largas y cincuenta y cinco mil balas ocupadas.

Hemos recibido de la Comandancia General el siguiente parte:

Ayer, a las 9 de la noche, después de diez días de combate, nuestras fuerzas penetraron en Guisa. La batalla tuvo lugar a la vista de Bayamo, donde está situado el puesto de mando y el grueso de las fuerzas de la dictadura. Se combatió contra nueve refuerzos enemigos que vinieron sucesivamente, apoyados en tanques pesados, artillería y aviación.

La acción de Guisa se inició exactamente el 20 de noviembre a las 8 y 30 de la mañana, al interceptar nuestras fuerzas una patrulla enemiga que diariamente hacía el recorrido de Guisa a Bayamo, poniéndoles fuera de combate a los pocos minutos. Ese mismo día a las 10 y 30 de la mañana llegó al lugar de la acción el primer refuerzo enemigo contra el que se combatió hasta las seis de la tarde en que fue rechazado. A las 4:00 p.m. un tanque T-17 de 30 toneladas quedó destruido por una poderosa mina. Fue tal el impacto de la explosión que el tanque se elevó varios metros y cayó más adelante con las ruedas hacia arriba y la torre clavada en el pavimento de la carretera.

Horas antes un camión repleto de soldados, había sido también destruido por efecto de otra potente mina. A las seis de la tarde el refuerzo se retiró.

Al día siguiente el enemigo avanzó apoyado con tanques Sherman y logró penetrar en Guisa, dejando un refuerzo en la guarnición. El 22 nuestras tropas, repuestas del cansancio de dos días de continuas luchas, tomaron de nuevo posiciones en la carretera de Bayamo-Guisa. El 23 una tropa enemiga intentó avanzar por el camino de El Corojo siendo rechazada. El 25 (realmente fue el día 26) un batallón de infantería precedido por dos tanques T-17 avanzaba de nuevo por la carretera de Bayamo a Guisa en un convoy de 14 camiones. A dos kilómetros de este punto las tropas rebeldes hicieron fuego contra el convoy a ambos lados de la carretera cortándoles además la retirada, mientras una mina paralizaba el tanque de vanguardia. Se inició entonces uno de los más violentos combates que se han librado en la Sierra Maestra. Había quedado sitiada no solo la guarnición de Guisa sino el Batallón completo que vino de refuerzo. Estos contaban en el interior del cerco con dos tanques T-17. A las 6 de la tarde el enemigo había tenido que abandonar todos los camiones, agrupándose estrechamente alrededor de los dos tanques. A las 10 de la noche, mientras una batería rebelde de morteros del 81 atacaba a la fuerza enemiga, reclutas revolucionarios armados de pico y pala abrieron una zanja en la carretera junto al tanque destruido el día 20, de modo que entre los restos de este y la zanja quedaba obstaculizada la salida de los dos tanques T-17 que estaban en el interior del cerco. A las dos de la mañana una compañía rebelde avanzó desplegada contra el enemigo batiéndolo fuertemente contra los tanques, donde quedaron sin agua y sin comida.

Al amanecer del 27 dos batallones de refuerzo de Bayamo precedidos por tanques Sherman llegaron al lugar de la acción. Se combatió contra ellos durante todo el día 27. A las seis de la tarde los blindados y la infantería enemigas iniciaron retirada general. Los Sherman pudieron salir gracias a sus ruedas de estera. Tras ellos arrastraron uno de los tanques T-17 pero el otro no pudo ser retirado. Sobre el campo lleno de cadáveres enemigos quedaron numerosas armas. Treinta y cinco mil balas, catorce camiones, 200 mochilas y un tanque T-17 en perfectas condiciones con abundante parque de cañón calibre 37 milímetros. Pero la acción no había concluido; una columna rebelde avanzando rápidamente de flanco interceptó al enemigo en retirada en las proximidades del entronque en la carretera Central, atacándole y haciéndole numerosas bajas y ocupándole más armas y más parque.

Rápidamente el tanque fue ocupado y puesto en condiciones de entrar en acción. El 28 por la noche dos pelotones rebeldes precedidos por el tanque avanzaron resueltamente hacia Guisa. A las dos y veinte de la madrugada del día 29 el T-17 tripulado por rebeldes se situó exactamente a las puertas del cuartel de Guisa y en medio de los numerosos edificios donde estaba atrincherado el enemigo, comenzando a disparar sus armas. Cuando había disparado ya cincuenta cañonazos, dos impactos directos de bazooka disparados por el enemigo paralizaron los motores del mismo. Los tripulantes del tanque averiado continuaron disparando contra el cuartel el resto de las balas del cañón hasta agotar la última. Entonces bajándose del tanque iniciaron la retirada. Se produjo un acto de inigualable heroísmo. El teniente Hipólito Prieto (en verdad fue Leopoldo Cintra Frías) que manejara la ametralladora del tanque la sustrajo del mismo y bajo un fuego cruzado a pesar de estar herido, se arrastró bajo las balas llevando consigo la pesada arma sin abandonarla un instante.

Ese mismo día al amanecer cuatro batallones enemigos avanzaron por tres puntos diferentes:

El camino de Bayamo a El Corojo, la carretera de Bayamo a Guisa y el camino de Santa Rita a Guisa.

Todas las fuerzas enemigas de Bayamo, Manzanillo, Yara, Estrada Palma, Baire y otros puntos fueron movilizadas. La columna que avanzaba por el camino de El Corojo fue rechazada después de dos horas de fuego. Los batallones que avanzaban por la carretera de Bayamo a Guisa fueron contenidos durante todo el día, acampando durante la noche a dos kilómetros de Guisa. Los que venían por el camino de Corralillo fueron igualmente rechazados, dando entonces un rodeo por el noroeste del pueblo. El 30 se libraron las últimas acciones; los batallones que habían tomado posiciones a dos kilómetros del pueblo, intentaron reiteradamente avanzar durante todo el día sin conseguir forzar el paso.

A las cuatro de la tarde mientras nuestras unidades combatían contra los refuerzos la guarnición de Guisa abandonó el pueblo en precipitada retirada dejando atrás todo el parque y numerosas armas. A las nueve de la noche nuestra vanguardia penetró en el pueblo. Ese mismo día sesenta y un años atrás, fuerzas del ejército libertador al mando del General Calixto García Íñiguez habían tomado el pueblo de Guisa.

En el momento en que se redacta este parte de guerra se ha contado ya el siguiente equipo ocupado al enemigo:

Un tanque de guerra T-17 tomado, perdido y vuelto a recapturar, 94 armas entre fusiles ametralladoras, Garand, Springfield y ametralladoras San Cristóbal. Dos morteros 60, un mortero 81, una bazooka, siete ametralladoras trípode calibre 30, cincuenta y cinco mil balas, ciento treinta granadas de Garand, setenta obuses de mortero 60, y veinticinco de 81, veinte cohetes de bazooka, 200 mochilas completas, ciento sesenta uniformes, catorce camiones de transporte, víveres, medicinas, etcétera... se sigue registrando el campo de batalla en la seguridad de encontrar más armas.

Se le ocasionó al enemigo más de 200 bajas entre muertos y heridos en los diez días de combate. Hoy la Cruz Roja ha procedido a enterrar numerosos cadáveres de la dictadura que fueron abandonados en el campo de batalla y que no habían podido ser sepultados mientras duró la misma. Ocho compañeros cayeron heroicamente en el curso de la acción y siete más fueron heridos. La batalla se libró principalmente contra las tropas acantonadas en Bayamo.

Fue una lucha de hombres contra aviones, tanques y artillería. El más destacado oficial rebelde fue el capitán Braulio Coronú (Curuneaux), veterano de numerosas acciones que cayó gloriosamente defendiendo su posición en la carretera de Guisa por donde no pudieron pasar los tanques enemigos.

Las unidades rebeldes al mando de sus capitanes y demás oficiales combatieron con una moral extraordinaria. Se destacaron especialmente los capitanes Reynaldo Mora, Rafael Verdecia, Ignacio Pérez y Calixto García, los Tenientes Orlando Rodríguez Puerta (Puertas), Alcibiades Bermúdez, Gonzalo Camejo que dirigió la tripulación del tanque y (ilegible) que dirigió la batería de morteros 81, Dionisio Montero que manejó la batería del 60, el teniente Raymundo Montes de Oca, instructor de la compañía de ametralladoras, el ingeniero Miguel Ángel Calvo, jefe de la sección de minas y explosivos, y los tenientes Armelio Mojenas y Niní Serrano (René Serrano). Una escuadra del pelotón de mujeres Mariana Grajales combatió valerosamente también durante los diez días que duró la acción soportando el bombardeo de los aviones y el ataque de la artillería enemiga.

Guisa a 12 kilómetros del Puesto de Mando de Bayamo es ya Territorio Libre.

 

Fidel Castro

Comandante Jefe

Sierra Maestra,

Dic. 1, 58

 

Fuente: Castro Ruz, Fidel. La contraofensiva estratégica. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2010.

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