Alma joven con casco de construcción

Experiencias, dificultades, sueños cumplidos, anhelos… todo ello se conjuga en los jóvenes de la empresa Acimut de Holguín. JR devela algunos en el Día del constructor

 

Autor:

Liudmila Peña Herrera

HOLGUÍN.— Cuando Migue miró hacia atrás, casi 11 meses después, y tuvo ante sus ojos aquel amplio terreno convertido en el primer parque fotovoltaico de Holguín, supo que en la construcción sus sueños se harían realidad.

Ya nadie le gritaba «¡ingenierito!», alargando la última «i» y recalcando peyorativamente el diminutivo. Ahora él era Miguel Ángel Portal Turruella, el ingeniero civil que había permanecido a pie de obra, junto al jefe técnico, pendiente de la calidad, tomando muestras de los materiales y asegurándose de tenerlos controlados. A los saberes teóricos coronados con el título universitario le añadía entonces la experiencia práctica en el terreno.

«En la universidad nos enseñan a trabajar en proyectos, con el presupuesto; pero la obra brinda conocimientos sobre organización, desarrolla habilidades constructivas y obliga a controlar con rigor los recursos. Gracias a ese trabajo, hoy me siento con la confianza de desenvolverme en cualquier lugar», afirma Miguel.

Sin tacones y con casco

Mientras el muchacho demostraba su valía como parte de la brigada constructora del municipio de Rafael Freyre, en el asentamiento de viviendas ubicado en el reparto Villa Nueva, en la ciudad cabecera, para la recién estrenada ingeniera civil Yaíma Gómez Arias, de 24 años, la «cosa» no estaba más fácil.

«Lo más difícil fue ganarme la confianza de los compañeros de mayor edad. No era fácil convencer a los trabajadores de hacer algo de una manera cuando ellos llevaban tiempo haciéndolo de otra forma y nunca “se les había caído nada”. Todo el tiempo tuve que demostrar que había adquirido suficientes conocimientos para ganarme su confianza», cuenta quien laboró como técnica durante varios meses velando por que se cumpliera el cronograma de ejecución.

«Tenía que cuidar que se hicieran las dosificaciones correctas. Si los obreros estaban realizando una tarea mal, debía hacer que la corrigieran. Eso es lo más difícil del trabajo, porque hay que lidiar con muchos hombres con diferentes características. Aunque ninguno me faltó el respeto, había que imponer carácter para que no hubiera problemas y debía encontrar la mejor forma para tratarlos», confiesa la muchacha.

Tres años antes, María del Rosario García Fernández, también ingeniera civil, había cambiado por completo su atuendo de trabajo: «No falda, no tacones…; casco, camisa, pantalón y zapatos cerrados para protegerme del polvo», dice ella casi de forma automática, como si estuviese recitando de memoria algún trabajo independiente.

«Ser joven y mujer no es una barrera para trabajar en la construcción, siempre y cuando les brindes respeto a los trabajadores para que ellos hagan lo mismo contigo», asegura la muchacha de 26 años, quien ya cuenta en su historia laboral el trabajo en varios monumentos del municipio de Moa, en el Tribunal Provincial y en dos salas del hospital pediátrico holguinero.

Acimut: ampliando su porvenir

Estos tres ingenieros recién formados por la Universidad de Holguín son parte de los 580 jóvenes (42,9 por ciento del total) —entre ingenieros, técnicos y obreros— que integran la plantilla de trabajadores de la Empresa Constructora de Obras de Arquitectura No. 19, conocida como Acimut, la cual cuenta entre sus fortalezas, la conjunción de la experiencia con el ímpetu característico de los años mozos, desde el consejo de dirección hasta la más pequeña de las obras. Así lo ratifica su director general, el ingeniero Yovanni Ramírez Pupo:

«Tenemos jóvenes muy valiosos egresados de la universidad y otros que han venido buscando mejorías salariales. Llegan bien preparados en los aspectos tecnológicos, pero también son muy consagrados. Su impulso dinamiza el trabajo de las obras, porque son menos conservadores. Eso nos permite soñar más de lo que a veces uno imagina».

En la actualidad Acimut interviene en varios programas priorizados en los cuales no faltan las manos y el intelecto de los jóvenes. Destacan la construcción de viviendas y las inversiones asociadas con el turismo.

Acimut fue protagonista de la construcción del hotel cinco estrellas Iberostar Holguín, que ocupó titulares recientemente por la exclusividad de sus servicios, pero también por la elegancia de su arquitectura.

En la actualidad, interviene, junto a otras empresas constructoras, en los hoteles Albatros Guardalavaca, Yuraguanal 2 (Rafael Freyre, en Holguín) y Malecón 2 (Baracoa, Guantánamo).

Además, lleva a cabo la construcción de viviendas asociadas al desarrollo del turismo, tanto para trabajadores como para la población que   ha sido reubicada en otras zonas aledañas a estos lugares turísticos.

En cuanto a las obras de beneficio social, sobresale la construcción de viviendas en   siete municipios de la provincia: Gibara, Calixto García, Holguín, Rafael Freyre, Banes, Báguanos y Antilla. En este sentido, el director general insiste en aclarar que los resultados no están en correspondencia con la meta de la empresa (tienen un atraso de seis viviendas que pretenden terminar en lo que queda de mes) e insta a los jóvenes con habilidades para la albañilería, carpintería, plomería y electricidad, a acercarse a las UEB pertenecientes a Acimut en cada municipio para integrarse a la fuerza constructiva de la empresa, uno de los aspectos que necesitan fortalecer.  

Gratificaciones e insatisfacciones «a pie de obra»

En medio del sopor del mediodía, JR llegó hasta las cercanías de la avenida Jorge Dimitrov, de la ciudad cabecera, que es objeto de una importante ampliación.

Buscábamos experiencias salpicadas de cemento y curtidas por el sol. Las encontramos durante el reposo posterior al almuerzo de la brigada.

Yensy Velázquez Véliz (25 años) comenzó como ayudante, sin apenas conocimientos sobre construcción. Hoy es albañil B y hay que ver con qué destreza encofra, coloca bloques, enchapa… Habla del sacrificio diario, de cómo llega «muerto» a la casa, pero también destaca que «lo más bonito es la convivencia con mis compañeros porque mientras trabajamos también nos divertimos. Siento que he crecido como persona y como trabajador».

Su compañero Yoandri Fernández Correoso (37 años) lleva en la construcción más de dos años. Trabajó en la obra del Iberostar Holguín y hoy agradece las experiencias adquiridas allí «porque uno aprende para el futuro», así como a quienes «compartieron sus conocimientos conmigo. Gracias a ellos soy albañil A», expresa.

Aunque el camino de la construcción está marcado por la solidaridad y el esfuerzo cotidiano, todavía existen «baches», no solo materiales, que es preciso enmendar para que los más jóvenes se animen a transitarlo gustosos.

«La sociedad no siempre valora el trabajo del constructor. Hace poco hicimos esa acera —dice señalándola— y al otro día estaba llena de nombres. Algunos no cuidan ni respetan nuestro sacrificio. Además, pasamos trabajo con el agua para tomar y para preparar el material», dice Yensy Velázquez.

No es secreto que las condiciones de trabajo —en cualquier sector de la sociedad—inciden en lo atractivo o no que puede resultar determinada labor. Basten estas señas para justipreciar el trabajo de los hombres y mujeres que portan cada día un casco de construcción, con el alma repleta de sueños y anhelos, y dispuestos a construir, desde el presente, el porvenir de todos.

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