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La casa se me vino encima

Son disímiles las historias que se tejen detrás del fenómeno meteorológico que azotó este domingo a La Habana

Autor:

Margarita Barrios Sánchez

«Se sentía como el ruido de un avión que venía hacia nosotros. Yo miré por la ventana y el cielo estaba muy rojo, como con chispas. Entonces la casa se me vino encima», recuerda entre sollozos Yudith López.

«Estaba en la sala y empezaron a caerse las ventanas, el techo. Mi hija Yazmin, que tiene 15 años me grita desde el fondo de la casa y yo salgo corriendo para allá. Me cayeron algunos escombros en la cabeza», dice mientras me muestra lastimaduras en los brazos, las piernas y la cara.

Yudith está sentada en la acera de su casa de la calle Los Benavides, en la barriada de Luyano, del municipio capitalino Diez de Octubre. Dentro, un grupo de personas laboran sacando escombros, pedazos de madera. Entonces le pregunto por su hija y me cuenta que está en casa de unos vecinos, porque tiene un esguince en una pierna.

«Yo quiero estar aquí, con mis vecinos que me están ayudando. Poco puedo hacer, pero estoy acompañada, porque además de los dolores me siento muy nerviosa. Ves, me dice mientras señala para los restos de su casa, toda la parte de delante se fue. He ido salvando algunas cositas, pero perdí el televisor, el refrigerador. Esto ha sido muy fuerte», lamentó.

«Todo fue muy rápido, si demora un poco más no se qué hubiera pasado», afirma por su parte Froilán González, uno de los vecinos de Yudith.

«Yo vivo en la casa de enfrente, allá no pasó casi nada, solo que parece que han raspado las paredes», comentó. «He vivido aquí ciclones, aquella que le llamaron La tormenta del siglo, y nunca había visto nada igual. Se sentía aquel ruido que se iba acercando, y la lluvia, fue todo muy intenso», precisó.

A la conversación se suma otra de las vecinas, Dunia Garcia, quien asegura que entre la lluvia veía unas chispas en el cielo, «como cuando hay un cable de la corriente en corte», precisa.

«También sentí aquel ruido y pensé que era un avión que se iba a caer, o que estaban tirando algo, porque volaban papeles, pedazos de escombros. Era un viento muy fuerte que lo arrastraba todo», destacó.

La farmacia se volverá a levantar

Laiten Remón Roqueta nunca olvidará este cumpleaños de su hijo. «Estábamos festejando en la cafetería que está en la esquina cuando comenzó todo. Nos refugiamos allí y mira, no son exageraciones, los carros se levantaban en peso, volaban».  

Ella trabaja en la farmacia del Hospital Materno-Infantil de Diez de Octubre, antiguo Hijas de Galicia, y para ella también se le venía encima un avión.

«Era aquel ruido, el aire tremendo que arrastraba piedras, arena. Cuando terminó nos acercamos al hospital. Se sacó a todas las mujeres, los bebés. Hasta se hizo un parto a oscuras. Fue una noche terrible, pero ante esas dificultades los cubanos sabemos crecernos. Se salvaron todas las vidas, eso fue lo importante. La farmacia está desbaratada, pero se levantará, puedes estar segura», afirmó.

La solidaridad siempre presente

Desde la puerta del agromercado que dirige, Jorge Ramos Oviedo me hace señas hacia una gran pesa que está en la acera de enfrente, en diagonal con el establecimiento. «Esa es de aquí, el aire la movió unos cien metros y te aseguro que hacen falta cuatro hombres “bien comidos” para levantarla.

«Estaba en aquel local, junto con el carnicero y el bodeguero cuidando la mercancía del Estado que la habíamos resguardado allá y pude ver todo. Por el aire salieron las dos puertas de hierro del agro, junto con la pesa. Nunca había visto nada igual en mis 55 años de vida», afirmó.

—¿Usted vive por aquí. Le pasó algo a su casa?

—Me arrancó dos ventanas de madera, solo eso, salí bien. Ahora lo que hace falta es solidaridad, la ayuda entre todos. Los cubanos sabemos crecernos ante las vicisitudes, ahora no será menos.

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