Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Los idus de marzo de hace 58 años no nos doblegaron

Estados Unidos puso todos sus esfuerzos para derrocar a la joven Revolución Cubana en 1962

Autor:

Juana Carrasco Martín

El año 1961 no fue nada propicio para quienes en el sur estadounidense estaban dispuestos a todo para derrotar a la joven Revolución Cubana: la invasión mercenaria que debía ejecutar el plan de la CIA y de la Casa Blanca, había sido totalmente derrotada.

Por tanto, buscaban cualquier otro camino para lograr sus propósitos, expuestos en un impúdico memorando, someter al pueblo cubano, con total alevosía, a condiciones de tal dureza que sembraran descontento, desaliento, insatisfacciones que doblegaran su decisión soberana de hacer florecer la Revolución.

El año 1962 fue un espacio de tiempo en el cual intensificaron las acciones, brutales y feroces. En enero, la Organización de Estados Americanos se graduó como instrumento de la política exterior estadounidense cuando expulsó a Cuba de sus filas y prácticamente todos los Gobiernos —con la honrosa excepción de México y Canadá— rompieron las relaciones diplomáticas con nuestro país, calificado entonces como la Isla de la libertad.

Este aislamiento en el campo político se confabulaba con el aumento de las operaciones de la Agencia Central de Inteligencia y los grupos contrarrevolucionarios: atentados terroristas, sabotajes, alzamiento de bandidos.

Una Orden Ejecutiva Presidencial identificada con el número 3447 puso en vigor, en febrero, el bloqueo económico, comercial y financiero. Para darle un puntillazo, el 6 de febrero de 1962, el Departamento del Tesoro promulgó las Regulaciones para las Importaciones Cubanas (27 FR 1116), que prohibieron la importación por Estados Unidos de toda mercadería de origen cubano.

El 24 de marzo el Departamento del Tesoro blandió nuevamente el martillo e implantó la prohibición de entrada a Estados Unidos de cualquier producto cubano y de aquellos elaborados total o parcialmente con materia prima o producciones provenientes de la Isla, aunque vinieran de un tercer país.

Claramente, la extraterritorialidad del bloqueo hizo aparición bien temprana con la pretensión de estrangular la economía, de manera que importantes socios comerciales europeos fueron obligados —sin necesariamente desearlo o concordar con las criminales sanciones—, a convertirse en cómplices de Washington y sus medidas draconianas. Azúcar, níquel y otras materias primas o productos vieron cerrados acuerdos y fronteras.

El ordeno del 24 de marzo de 1962 del presidente John F. Kennedy no fue el primero, tampoco el último de una cadena de dictámenes agresivos y medidas punitivas que se mantienen vigentes hasta el día de hoy, e incluso —como si fueran los nefastos idus de marzo— ha agregado nuevos eslabones o los han reforzado desde la presencia en la Casa Blanca del actual administrador del imperio, Donald Trump.

Sin embargo, esa mantenida y cruel política de garrote vil, no ha logrado la asfixia de un pueblo.

Por el contrario, los cubanos seguimos desarrollando creatividad y empuje, unidad y firmeza. Estamos de pie, pese a carencias y escollos, convirtiendo cualquier fecha del año en jornadas de lucha, trabajo, alegría y buenos augurios.

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