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Ilusiones cumplidas

Entre los desafíos de la pandemia y el distanciamiento social, un grupo de jóvenes de la Facultad de Turismo de la Universidad de La Habana alcanza un lugar significativo en la primera competencia de la Liga de estudiantes de la Organización Mundial del Turismo

Autor:

Melissa Ayala Garriga

El pasado 7 de julio la Universidad de La Habana recibió una gran noticia. Cinco estudiantes y un profesor de la Facultad de Turismo (FTUR) habían obtenido el décimo segundo lugar en una competencia de la Liga de estudiantes de la Organización Mundial del Turismo. Este resultado, para nada despreciable, había sido el fruto de más de cinco meses de esfuerzo continuo.

En enero de este año FTUR se dispuso a participar. Era necesario, para ello, realizar una selección de estudiantes y designar un tutor para el equipo. Se debían cumplir ciertos requisitos: estar cursando años terminales, tener un promedio igual o superior a 4,90; poseer 5 puntos en las asignaturas relacionadas directamente con «turismo y viajes»; dominar un tercer idioma—además de español e inglés—y ostentar una destacada trayectoria investigativa.

La preselección de los competidores definió que 16 alumnos debían someterse a una prueba para la elección final. Los elegidos fueron Aliber Velázquez, de 5to. año; Laura Feyt, Ernesto Rodríguez y Adriel Málvarez, de 4to. año; Melissa Quintana, de 3er.; y como reservas los estudiantes Luis Daniel Ortiz y Gerardo Hernández, de 4to. año. Asumió como profesor a cargo el Doctor Alejandro Delgado Castro, decano de la Facultad de Turismo. Hay que señalar que por diversas razones los estudiantes Adriel y Gerardo no pudieron participar.

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La competencia consistió en la realización de cuatro retos, orientados a la confección de planes turísticos con determinadas características en cada caso planteado. Se solicitó en todos los informes a entregar el análisis DAFO, los beneficios de las ideas propuestas y una relación directa con los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Este equipo, nombrado por sus miembros «Cuba Va», se adentraba en una experiencia totalmente nueva. Según Luis Daniel Ortiz el primer reto fue el más complicado, pues era un lugar hipotético y eso exigía mayor destreza puesto que no existía un antecedente. «Puedo decir que nuestro peor resultado fue el primero, el que hicimos sin cuarentena. Siempre el primer paso a lo desconocido es tortuoso, esta vez, tuvimos en frente situaciones difíciles, debido a la pandemia que azotaría, pero lo importante es que se sobrepuso a esa adversidad».

Por otro lado, Melissa Quintana comenta que a raíz de este primer trabajo en equipo comenzaron a organizarse mejor y a entender la dinámica de la competición: «En el primero nos costó mucho tener independencia, y pudiera decir que el profe nos ayudó más con este que con cualquier otro. Para los otros fuimos entendiendo cómo era todo y adquirimos mayor independencia a la hora de buscar las soluciones; aunque siempre tuvimos la mano del profe que nos decía “por aquí no”».

El próximo reto llegó enmarcado con la pandemia: si la situación era nueva, en esos momentos se convirtió también en algo atípico. Empezaron a buscar salidas para el trabajo a distancia, los paquetes de datos se hicieron indispensables. Sobre este tema Ernesto Rodríguez expresó: «El distanciamiento que impuso la pandemia nos obligó a replegarnos y trabajar juntos desde las redes. Esto complicó bastante el trabajo en equipo ya que no todos los integrantes pudieron mantener un acceso estable a internet».

Cada desafío precisaba de creatividad, por lo que el trabajo presencial se hacía necesario y a la vez imposible por dicho contexto. La COVID-19 también influyó en la disponibilidad del profesor a cargo, pues Alejandro Delgado sirvió de voluntario en un centro de aislamiento durante el segundo reto. Además, varios de los entrevistados expresaron la preocupación de la Facultad de Turismo y la Universidad de La Habana.

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En este proceso la familia representó un pilar, sin ese apoyo imprescindible la participación en la competencia probablemente no hubiese sido la misma. Laura Feyt ofrece su agradecimiento en estos momentos. «Esta experiencia me demostró una vez más que nada se compara con el apoyo de la familia, los ánimos en momentos necesarios, la conexión a internet, en fin, sin ellos definitivamente no hubiera podido hacer nada en el concurso».

A pesar de la enfermedad, los resultados en confinamiento fueron mejores que de manera presencial, según Aliber Velázquez no divagaban ni perdían tiempo transportándose. La vida de los jóvenes de casa no fue nada fácil en tiempos de coronavirus. La estudiante comenta que todos tenían responsabilidades además de la competencia, por lo tanto, los horarios no coincidían para muchos y esto hacía que se demoraran más las revisiones y la planificación general antes de cada entrega. «Las limitantes finalmente no nos impidieron realizar cada entrega en tiempo y fuimos subiendo posiciones con cada reto, del 37 en el primer desafío al 17 en el segundo y así hasta llegar al lugar 12. ¡Sorprendentemente!».

Aunque el 12 se ve lejos, se siente como un triunfo. Muchos me dijeron: «Siempre se puede lograr más». Pero cuando se trata de la primera participación, la situación epidemiológica global, la conectividad en Cuba y cuatro tesis de por medio, son resultados que merecen una felicitación sentida. Para entender mejor la envergadura de dicho lugar deben conocer que en el evento participaron 60 equipos, representando a un total de 32 naciones, algunas de las cuales eran Indonesia, Vietnam, México, Argentina, China y España.

Melissa reconoce que no se logró el objetivo principal, que era llegar a la gran final, pero el resultado fue exitoso comparado con las contingencias vividas: «Me siento doblemente orgullosa porque a pesar de ser la primera competencia de esta índole, nuestro resultado fue más que satisfactorio, y estoy convencida de que otros en nuestro lugar también hubieran “mordido y arañado” como lo hicimos nosotros».

Para Ernesto este trabajo significó un medidor internacional de su preparación y sus habilidades: «Me demostró que no tenemos nada que envidiarle a ningún estudiante de Turismo de ninguna universidad del mundo, ni en talento, ni en preparación, ni en habilidades investigativas, ni en dominio de idiomas».

Y para Laura fue la oportunidad de cumplir parte de sus sueños como profesional del turismo: «Siento mucho orgullo. Poder hacer algo desde nuestra carrera, que ayude en momentos tan difíciles como estos a muchos países, era lo que siempre había soñado».

En palabras y miradas de sus protagonistas se siente el orgullo, el amor por el trabajo realizado, la insatisfacción por lo que faltó y la unidad lograda. Una mezcla de sentimientos y experiencias, pues ellos querían más. Como ellos mismos afirman: «Estamos para que las ilusiones se cumplan». (Tomado de Alma Máter)

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