Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Las niñas de 1957

El Levantamiento Popular de hace 63 años impactó la vida de las cienfuegueras en aquel momento

Autor:

Laura Brunet Portela

CIENFUEGOS.—Inés Elvira Díaz Soriano tenía once años aquel cinco de septiembre de 1957. Recuerda que la mañana se rompió a golpe de metralla y muchos se cobijaron en sus hogares, mientras otros apoyaban el levantamiento popular de la ciudad.

Evoca los sucesos, y otra vez los disparos le cercenan los oídos, siente los aviones rugir sobre su techo y cuenta sobre las vidas mutiladas de amigos y familiares, más la represalia brutal del tirano que caería poco después.

Por su casa de la calle Cid pasaron los carros tácticos y los camiones cargados de cadáveres: el precio de aquellas 24 horas de libertad. Después de aquel día, la pequeña Inés no olvidó nunca la gesta del pueblo cienfueguero.

Desde entonces, varias de esas niñas de 1957, como María Josefa Cabrera Rodríguez, persisten en la misión de acompañar a la enseña nacional gigante en la vanguardia de la peregrinación hasta el Cementerio Tomás Acea.

Hace más de 45 años fue la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) aliciente para el sentimiento de tributo de estas cienfuegueras que, al paso de los jóvenes de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, cada año recorren los casi tres kilómetros hasta el portón de la necrópolis, «por todos los mártires, por los que lucharon, para apoyar a la Revolución que quisieron esos muchachos y para que esto siga adelante», expresó Cabrera Rodríguez.

Son tres las muchachas de pelo entrecano que sostienen la bandera justo donde refulge la estrella solitaria. Es Sonia Panal Richard, doliente de una polineuropatía a causa de la diabetes que no le impide convocar y ser protagonista de la tradicional peregrinación popular.

A la más joven de las que llaman Las Marianas le asiste la misma lealtad a Cuba que distinguió a la madre de los Maceo; por eso afirma,«que las piernas siempre me van a acompañar para honrar a los héroes al lado de la bandera».

En el 63 aniversario del Levantamiento Armado de Cienfuegos no ocurrirá la peregrinación popular hasta donde descansan los mártires. Decisión que ratifica el mismo propósito de aquellos días de septiembre: cuidar al pueblo.

Pero las niñas de 1957 no dejarán de homenajear a aquellos que vieron morir por forjar la Cuba que hoy disfrutan sus nietos. Desde casa, al cobijo de sus barrios, volverán a ondear la insignia de la estrella solitaria como aquella primera vez que desfilaron desde el Parque José Martí, hace casi cinco décadas.

 

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