Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Luces educacionales tras la pandemia

Volver a la escuela será momento para compensar los efectos que ha dejado en nuestros estudiantes la COVID-19. Una investigación realizada en el país por el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas marca senderos para aliviar daños y abrir nuevas expectativas

Autor:

Margarita Barrios

«La escuela cubana es abierta, es un lugar para aprender y disfrutar. Está concebida para la interrelación entre niños, adolescentes y jóvenes en su colectivo de estudios, pero también con docentes y padres. De pronto lo impensado, lo que nunca ocurrió en todos los años de Revolución: tiene que cerrar.

«También está la familia, que encuentra en el centro escolar un factor de protección, de apoyo, y es por eso que cambiar la manera en que íbamos a dar continuidad al proceso docente-educativo fue de interés para todos».

Así expresó la Doctora en Ciencias Silvia Navarro Quintero, directora del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas (ICCP), en entrevista exclusiva para Juventud Rebelde, en la que abordó pormenores de una investigación acerca de los efectos de la pandemia en los estudiantes y su continuidad como proyecto de mayor alcance para la nación.

«Además de ser un encargo de la dirección del país, y en particular del Ministerio de Educación (Mined), nosotros como centro de investigación respondimos, porque nos dimos cuenta de la repercusión que iba a tener en los estudiantes la COVID-19 y, también, la necesidad de ordenar la escuela que debíamos tener a partir de que se reinicien las clases presenciales», precisó.

La especialista recordó que al llegar el virus al país se empezaron a tomar medidas para reorganizar la respuesta educativa y al mismo tiempo observar y medir el impacto que iba provocando la situacion epidemiológica en todos los involucrados en el proceso educativo.

«Igualmente fue necesario estudiar lo que se estaba haciendo en otros países y coordinar las acciones a partir de los recursos con los que contábamos. Se cierran los centros escolares y se transmiten las clases por televisión. Los maestros no pierden por completo el vínculo con los alumnos y sus familiares, pero el tiempo se alarga», subrayó.

Navarro Quintero explicó que para ello se diseñó una investigación en tres etapas (la primera ya se presentó), de conjunto con otros centros, cuyo objetivo fue estudiar el estado emocional y los efectos que puede provocar la pandemia en los alumnos, los docentes y la familia, pero muy especialmente en los niños, por las características de esas edades.

«Para esta primera parte de la investigación contamos con el apoyo de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, y el Ministerio de Salud Pública nos facilitó la información oficial de quiénes eran los estudiantes que habían padecido la COVID-19, con cierre del segundo período pandémico.

«Los profesores de la Facultad de Sicología de la Universidad de La Habana aportaron para la elaboración del sistema instrumental y algunas operalizaciones a partir de las experiencias que ellos tenían.

«Mientras que el Centro de Neurociencias de Cuba nos facilitó un software que nos permite trabajar y evaluar de conjunto la recogida de información y hacer algunos análisis predictivos. Además, estudiantes de Sicología y Pedagogía nos ayudaron recoger la información a partir de la selección de la muestra».

—¿Cuáles fueron los principales resultados en esas tres dimensiones?

—La ansiedad, el miedo, la tristeza y la inquietud fueron los principales síntomas que en materia de emociones se venían presentando.

«Con respecto al comportamiento, el exceso de apego (no quererse separar de la familia y temor a lo que pueda pasar, como modelo de inseguridad) y la aparición de obsesiones, fundamentalmente en función de qué va a pasar, cuántos murieron o enfermaron, todo ello como pauta de incertidumbre. La sobresaturación de información puede afectar en este sentido.

«En las actividades de estudio, los principales problemas estuvieron relacionados con el aprendizaje y poca concentración. Esto no quiere decir que no haya disposición para aprender, pero cambiaron la manera, el escenario y quien enseña, pues no era la figura tradicional del maestro frente al aula, sino una clase a través de la televisión y la incidencia directa de la familia que asume el rol protagónico.

«Nos resultó entonces interesante triangular la muestra seleccionada y encontramos situaciones singulares. Por ejemplo, en materia de miedo a partir del estado emocional, se puede pensar que los más afectados serían los convalecientes; sin embargo, está más presente en aquellos que no enfermaron, ni tuvieron vínculo con enfermos o fallecidos.

«También se manifiestan así la tristeza, la ansiedad y la inquietud. Esto ocurre por las incertidumbres, angustias e inseguridades; incluso, depende de la manera en que la familia maneja la situación de la pandemia. No obstante, con respecto al comportamiento el exceso de apego se hace más evidente en los niños que enfermaron.

«Es esperable, pues durante la enfermedad se separan de su familia, no son visitados en el hospital. No es la experiencia que los niños cubanos tienen de un proceso de hospitalización. También en el caso de la actividad de estudios los más afectados en materia de concentración y dificultades en el aprendizaje son los convalecientes o aquellos que estuvieron cerca de enfermos o fallecidos».

—De manera general, ¿qué indican estos análisis?

—Que tenemos que tratar a toda la población escolar, ya que los principales síntomas emocionales se evidenciaron en aquellos niños que no tuvieron vínculos con enfermos, ni padecieron la enfermedad, aunque también no se excluye a los escolares que estuvieron enfermos, por las secuelas que puedan quedar en ellos.

«No estábamos preparados como sociedad para una pandemia. Teníamos condiciones para enfrentarla a partir de nuestro sistema de salud, de la manera en que se organiza la dirección del país, pero desde el sistema educativo y el estado emocional de las personas no.

«La vida cotidiana y el escenario de clases cambió abruptamente, las condiciones para continuar se fueron preparando simultáneamente en la medida en que apareció el problema.

Orientar a partir de la ciencia

Silvia Navarro destacó que la realización de este estudio permitió crear las bases para seguir orientando a la familia, a los docentes, a los directivos y a los miembros de la comunidad que rodea la escuela.

«Esto permitirá al sistema educativo ser más eficiente, al dar continuidad al proceso docente a través de las actividades televisivas o cuando se incorporen los alumnos a las escuelas y se establezca la llamada nueva normalidad».

—¿Continuarán profundizando en esos estudios?

—Por supuesto. Esta investigación nos permite la orientación y seguimiento, hacer estudios de tendencia y profundización. Es la primera vez que nos enfrentamos a una pandemia, pero la manera en que nos hemos organizado y los instrumentos que hemos aplicado tienen validez para otras situaciones que se puedan presentar.

«Podemos predecir, evaluar y ajustar la respuesta educativa de modo que cuando los niños se reincorporen tengan espacios diferenciados de atención sicopedagógica. Un papel muy importante lo desarrollarán nuestros investigadores en la comunidad; será necesario y útil utilizar a los especialistas de los Centros de Diagnóstico y Orientación (CDO).

«La actividad de aprendizaje requiere en primer lugar de la disposición emocional de los niños y de sus familias; por ello es preciso tener una evaluación no solo de la salud del alumno, sino de su estado emocional y familiar.

«Por ello la continuidad de la investigación es decisiva y al mismo tiempo reforzamos la idea de mantener vínculos para obtener resultados científicos con otros organismos, centros de investigación y organizaciones.

«Hemos incorporado, por ejemplo, al Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana para hacer estudios de geolocalización de aquellos espacios comunitarios donde con mayor o menor medida se ha presentado la enfermedad y por otra parte de aquellos factores del orden social y económico
que pudieran estar también aportando condiciones a partir de la pandemia.

«La segunda etapa la empezamos en julio e incluye a la familia y los docentes con seguimiento a los alumnos cuya muestra se amplía, desafortunadamente, pues hemos tenido una situación epidemiológica más complicada, con muchos más casos en edades pediátricas. La tercera etapa deberá comenzar cuando las clases sean presenciales».

—¿Cómo se organizará la escuela y en qué medida el III Perfeccionamiento sirvió como base para todos los ajustes que fue necesario realizar?

—La escuela cubana se adaptará y organizará en correspondencia con la situación concreta que enfrenta la comunidad, el consejo popular donde está enclavada, y a partir de ahí continuaremos adaptando el currículo, no solo en función de los contenidos, sino también en correspondencia con la situación que presenten los educandos de manera individual.

«Es importante resaltar que las adaptaciones a la respuesta educativa han sido posibles a partir de la construcción colectiva de la experimentación del III Perfeccionamiento, con el que se han probado nuevas formas de trabajo.

«Las decisiones se toman de manera colectiva, contando con los alumnos y trabajadores del centro escolar. También la familia y la comunidad desempeñan un papel importante.

«Ajustar el currículo fue posible también porque a partir del III Perfeccionamiento se elaboraron nuevos planes, programas, libros de texto, orientaciones metodológicas y cuadernos de trabajo.

«Además, materiales escolares con los cuales se fue experimentando, con el apoyo de los colectivos de autores. Ese trabajo nos puso en mejores condiciones para identificar cuáles son los objetivos esenciales de cada asignatura y cómo poderlos adaptar.

«Asimismo contamos con una metodología para la elaboración de planes y programas en los que recientemente los investigadores y los miembros de los colectivos de autores han venido trabajando.

«Eso también nos dio mejores
condiciones para reorganizar la respuesta educativa en función de los objetivos de estudio y las maneras de trabajar en la escuela, reforzando el trabajo metodológico y la preparación de los docentes y directivos».

—Cuando los estudiantes regresen al aula, ¿cómo serán sus evaluaciones?

—Nuestro sistema de enseñanza está organizado en grados, ciclos y niveles de enseñanza. Eso permite ajustar los objetivos fundamentales del grado si el estudiante no lo tiene vencido. Se hará una entrega pedagógica, en la cual cada maestro evaluará a todos sus alumnos.

«Lo más importante es la reincorporación, no repetir grados. Será necesario identificar lo que se ha logrado, por cuáles vías se han obtenido los conocimientos y realizar actividades de consolidación a partir de los contenidos que recibieron mediante la televisión.

«Hay que organizar la escuela diferenciadamente, con actividades para vencer los objetivos más afectados y que sirven de base para entender los siguientes. Por lo tanto, la preparación de los docentes es fundamental y seguir contando con la familia que nos ha acompañado.

«El diagnóstico certero es muy importante, pues existen saberes que pueden pasarse al grado siguiente, y también identificar cuáles son los más deficientes, para organizar actividades y tomar siempre en cuenta el estado emocional de los estudiantes. No es castigar doblemente; ya nuestros niños han tenido bastante. No se puede estigmatizar para dividir, sino evaluar para compensar desde el contenido.

«Cuando se regrese a las aulas se
reabrirán la alegría, el desarrollo integral y el aprendizaje, y la escuela será también un espacio para contribuir a las conductas responsables desde el punto de vista de la salud. Eso será esencial de ahora en lo adelante.

«De la pandemia hemos aprendido muchísimo, como la posibilidad del pueblo de organizarse y también el papel de la educación para, de conjunto con la familia, buscar soluciones a los problemas. No podemos hablar de desarrollo integral si no se trabaja en la actividad pedagógica. La escuela está llamada a ser un centro protector, regulador, estimulador, pero también de orientación en función del desarrollo integral de nuestros niños, adolescentes y jóvenes».

La investigación por dentro

Se diseñó una investigación en tres etapas. La primera ya se presentó y responde al primero y segundo período pandémico en Cuba. Con esta logramos un diagnóstico inicial del impacto en nuestros educandos, detalló la Doctora en Ciencias Silvia Navarro Quintero, directora del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas.

«Luego tenemos una 2da. fase, que corresponde con el 3er. período pandémico, donde se explora no solo a educandos, sino a docentes y familias, que es la que ahora estamos comenzando. Y una 3ra. etapa concebida como la nueva normalidad, que se comenzará a desarrollar cuando estemos en ese momento, donde se harán estudios de seguimiento, de profundización y correlacionales», argumentó.

Navarro Quintero detalló que la muestra estuvo conformada por 812 estudiantes. Se puede pensar que es pequeña, pero recordemos que en la primera etapa de la pandemia los pacientes en edades pediátricas y adolescentes fueron pocos en nuestro país, por tanto son representativos de la población infectada en aquel momento.

«Son de todas las provincias, con excepción de Pinar del Rio y Ciego de Ávila, porque en aquel momento la situación epidemiológica no permitió hacer ese análisis con los alumnos de esos territorios. Hay representantes de todos los niveles educativos», detalló.

La especialista refirió que organizaron la muestra a partir de tres estratos fundamentales: estudiantes convalecientes del virus; los que tuvieron personas allegadas que enfermaron, incluso que murieron; así como un grupo de los que no habían padecido el contagio y no habían tenido relación con enfermos y fallecidos.

También establecieron un grupo de dimensiones; entre estas las principales fueron las emociones, porque desempeñan un papel fundamental ante cualquier situación que cambie las vivencias habituales; el comportamiento, como manifestación de madurez y de posibilidades de adaptación, y el estudio, como actividad fundamental de los seleccionados y además por su papel compensador.

La vida cotidiana y el escenario de clases cambió abruptamente para nuestros estudiantes. Foto: Abel Rojas Barallobre.

Las adaptaciones a la respuesta educativa se han tomado de manera colectiva, contando con los alumnos y trabajadores del centro escolar; también con la familia y la comunidad. Foto: Roberto Suárez.

Doctora en Ciencias Silvia Navarro Quintero, directora del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas. Foto: Enrique González Díaz.

 

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.