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La joven Elena María publica su primer libro

Foto: Nohema Díaz Muñoz Una joven narradora, Elena María Castro Expósito, publica su primer libro de cuentos infantiles. Para ella «los niños llegan a la esencia sin reparar en la vanidad de las cosas»

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Juventud Rebelde

CIEGO DE ÁVILA.— Vale preguntarse por qué Imagina un lugar, publicado por Ediciones Ávila, dentro de su línea de literatura infantil, se agotó. Tal vez por lo pequeño de la tirada. Pero aún así llama la atención la rapidez con que se esfumó de los stands. Una vendedora se encogió de hombros, ante una pregunta, y respondió: «Se acabó. Hace rato se acabó».

A su autora, Elena María Castro Expósito, le preguntamos sobre el origen de estas historias. Ella explica: «Surgió con un primer cuento, que está dentro del libro. Se llama El país de las farolas; y como ya lo anuncia el nombre, era un lugar lleno de ese tipo de objetos, muy diversos, en los que trabajaba la idea de aceptar la diversidad.

«Luego apareció La ciudad de los relojes y se lo di a leer a mi esposo, Yusniel. Confío mucho en él como lector y me dijo: Este y el cuento de las farolas se parecen mucho. Deberías hacer un libro».

-¿Y qué tenían en común?

-Eran lugares inusitados, con objetos que le daban la identidad; pero donde se desataba un conflicto, con cierto misterio y, al final, ocurría un milagro. Ahí se resolvía el problema de los personajes.

-¿Los repasaste mucho? ¿Cuántas veces los volviste a escribir?

-El número no lo sé. Sí los trabajé bastante. Inclusive, los textos que se leen ahora ni se parecen a los del principio.

-¿Por qué tanto cambio?

-Porque yo cambié. Después de pasar el curso del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, que dirige Eduardo Heras León, y el taller para narrativa infantil Compay Grillo, de Félix Sánchez, tuve una mayor seguridad sobre mí misma y pude encontrar mejor los defectos y saber qué es lo que se desea expresar y cómo. Aquellos primeros cuentos eran ingenuos y hasta tecosos.

-El propio Félix Sánchez, editor del volumen, dijo que este era un libro de cuentos, donde los niños no son tratados con ingenuidad y, sin embargo, mantiene la inocencia de sus edades. ¿Te interesaba hacerlo desde un inicio o esa posición surgió a medida que escribías?

-Puede haber algo de lo segundo. Pero es que los niños no son ingenuos, al menos los que están cerca de mí. Tengo una sobrinita, que es terrible, y se da cuenta de las cosas que hablan los mayores por más que se las traten de ocultar. Su hermano es más calmado, aunque muy agudo en sus observaciones. Él leyó mis manuscritos y me ayudó mucho.

-¿Qué te interesaba abordar en los cuentos?

-Bueno, los temas están listados por cada historia. En La ciudad de los relojes abordo la precipitación con que hoy se vive, al punto de que no tenemos espacio para observar nuestras vidas con detenimiento. En el continente de las trabancas trato la necesidad de la paz y El planeta de los puentes es la historia de una niña que halla un cuento en el baúl de su padre, y al descubrirlo empieza a mirar la otra contraparte de su vida, lo que ella tiene y también lo que le falta.

-Parecen temas de mayores...

-¿Y los temas de mayores no son también los de los niños? Ellos se ven afectados por las decisiones que toman sus padres. Los niños no viven en su mundo, sino en el que otros tratan de construirle. Una de sus virtudes es que, a pesar de esas cosas, ellos logran ver siempre las esencias, sin reparar en las vanidades.

-¿Qué tienes en proyecto?

-Bueno, terminé dos cuentos infantiles, que no se parecen a los que están en Imagina un lugar, pero se asemejan mucho entre sí. A lo mejor tengo otro libro en camino, y aún no lo sé. Es muy probable. Y trataremos que así sea.

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