Destacado coreógrafo canadiense estrena ballet en Cuba

El importante bailarín Jean Grand-Maître monta Solitario, una pieza con música de Wolfgang Amadeus Mozart para el Ballet Nacional de Cuba

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Foto: Nancy reyes No lo conocía. Eso explica el porqué, cuando me informaron que Grand-Maître se hallaba en Cuba creando una coreografía para el Ballet Nacional de Cuba, me preparé para entrevistar a un señor de talento inusitado y, seguramente, entrado en años, de cuerpo vigoroso, pero con barriga incipiente, arrugas leves en el rostro y cabello encanecido. Sin embargo, solo en una cosa había dado en el clavo: en que este canadiense es dueño del escaso don de convertir en arte todo lo que le rodea, porque, por lo demás, Grand-Maître es su ilustre apellido, y Jean, vital y risueño, apenas lleva cuatro décadas habitando este mundo.

Eso sí, comenzó a coreografiar desde que estaba en la escuela de ballet, cuando tenía alrededor de 16 años, y su mentor era, nada más y nada menos que el genial George Balanchine, cuyo estilo decidió continuar. «En mis tiempos de estudiante hice un pas de deux que tuvo un éxito tremendo, lo que me sirvió para no desviarme del camino.

«En 1993 creé para el Ballet Nacional de Canadá Frames of mind que, además de ser nominada para el premio Dora Mavor Moore, me abrió las puertas de Estados Unidos y Europa. Así fue que me contrataron prestigiosas compañías: Teatro alla Scala de Milán, el Stuttgart Ballet, el Ballet de la Ópera de París, el Hartford Ballet, el Bavarian State Ballet, el Norwegian National Ballet... —en estos dos últimos colectivos como artista residente.

«Durante 12 años hice muchas coreografías y viajé medio mundo, luego me tomé un año sabático, tiempo que me sirvió para decidir convertirme en director artístico del Alberta Ballet, en mi país natal, lo que disfruto enormemente», asegura este artista a quien la danza le debe aplaudidas piezas al estilo de The winter room, Boy wonder y Tema celeste, defendidas por el Ballet British Columbia, o de La mémoire de l’eau, la cual forma parte del repertorio de Los Grandes Ballets Canadienses. Pero Jean Grand-Maître no solo ha sido aclamado por el público y la crítica gracias a sus creaciones, sino también por las versiones que ha realizado de clásicos como Carmen y La Cenicienta.

No obstante, lo que lo trajo de vuelta a Cuba por tercera vez —y primera en calidad de autor—, fue el 20 Festival Internacional de Ballet de La Habana, que tendrá lugar del 28 de octubre al 6 de noviembre próximo, y donde hará el estreno mundial de Solitario, pieza de 18 minutos que será interpretada por el BNC, uno de sus proyectos más anhelados, según le confesó a la traductora Myrna Quiñones, mi mano derecha cuando no quiero confiar en mi pésimo inglés.

«Los bailarines cubanos, seguidores del legado de una leyenda viva como Alicia Alonso, son excelentes y famosos en todo el planeta. Ya había contactado con algunos en Estados Unidos y Alemania; había conocido al primer bailarín Lázaro Carreño que fue maestro de mi compañía, y a la formidable Loipa Araújo, la cual trabajó conmigo en el montaje de una de mis obras para la Scalla de Milán. La Araújo fue la primera a quien le hice saber mi interés de hacer una coreografía para el BNC. Luego en Beijing, mientras el Alberta Ballet presentaba mi versión de Carmen, me encontré con Svetlana Ballester, a la que le ratifiqué mi inmenso deseo. Y, afortunadamente, después de diez años eso sucedió. Adoro a este pueblo y su relación tan apasionada con el ballet».

Cuenta Grand-Maître que tras entrevistarse con Alicia Alonso, la directora general del BNC le propuso que se inspirara en el genio austriaco Wolfgang Amadeus Mozart, de cuyo nacimiento han trascurrido 250 años, y por tanto será una de las figuras a quien se le rendirá tributo durante el Festival.

«El reto es inmenso, porque es un compositor muy difícil de coreografiar, debido a que su música es perfecta. Tuve que escuchar una y otra vez sus sinfonías, serenatas... hasta que finalmente encontré una sonata muy especial y emotiva: Sonata en mi menor para piano y violín, K304. Descubrí después que él la había escrito tras la muerte de su madre, y que el minueto y el adagio —último movimiento del ballet— tenían algo muy melancólico y triste, tanto que imaginé que, posiblemente, esa era una melodía que su madre le cantaba cuando era niño. De modo que el ballet se refiere a una persona que ha perdido a alguien muy querido. Está pensado para siete bailarines: tres muchachas y cuatro muchachos, es decir, tres parejas y un hombre solo, de ahí su nombre: Solitario.

«Es un ballet abstracto, con un poquito de dramaturgia. Son personajes que se mueven con la música y, delicadamente, suavemente, aparece la melodía dibujada entre ellos. Solitario es, en verdad, muy difícil, y si los bailarines logran ensayar con la seriedad que la obra exige (algo que sé sucederá), será una extraordinaria experiencia. Son muy jóvenes pero con inmensas ganas de bailar. Por ello quiero hacerles ese regalo».

—De salir bien, ¿se embullará a repetir?

—En primer lugar, estar en Cuba y crear es como regresar a mis inicios, a lo que fui. Es maravilloso volver al estudio y seguir creando arte. Miras a estos magníficos bailarines y encuentras las razones por las cuales tú mismo empezaste a bailar.

«Sí, me encantaría repetir. Cuba me despierta muchas emociones. El espíritu cubano es uno de los más fuertes que he visto en mi vida. He estado hablando con la embajada de mi país para que participe de alguna manera en el Festival. Desearía desarrollar una relación más amplia y cercana. Nuestros dos pueblos lo merecen».

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