Muestra audiovisual recordará fundación de la Asociación Hermanos Saíz

Hasta el domingo se exhibirán en todo el país 27 obras realizadas por miembros de esta Asociación de Jóvenes creadores

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Fotograma de Todo por Carlitos Es imposible hablar del cine o la televisión cubanos de los últimos tiempos y no hacer referencia a realizadores como Orlando Cruzata, Juan Carlos Cremata, Rudy Mora, Waldo Ramírez, Pavel Giroud, Alejandro Gil, Humberto Padrón, Esteban Insausti, Rigoberto Jiménez...; jóvenes que un día, en las postrimerías del pasado siglo, se acercaron a la Asociación Hermanos Saíz con la esperanza de convertir en realidad un sueño: hacer arte atrapando la vida y la muerte en imágenes que quedaran para la eternidad.

Dos décadas después de aquel fundacional 18 de octubre de 1986, la vida les ha demostrado que aceptar el abrigo de la AHS fue lo más sensato. En su seno hicieron sus primeras obras, allí aprendieron a caminar. Pero el descubrimiento fue recíproco; y la ganancia toda, para la cultura cubana. De ello puede dar fe la Muestra Audiovisual que desde ayer se exhibe tanto en el cine 23 y 12 de la capital como en diferentes salas del país, y se extenderá hasta el próximo domingo. Se trata de 27 obras creadas no solo por los realizadores antes mencionados, sino también por artistas de generaciones posteriores; la mejor manera de celebrar los 20 años de la Asociación.

De Esteban Insausti se podrá ver, este domingo, el documental Existen Como si fuera poco, el cumpleaños ha coincidido con un gran acontecimiento: la presentación de La pared, la primera película coproducida entre el ICAIC —también organizador de esta muestra conformada por cortos de ficción, animación y documentales— y la AHS, y cuyo director es Alejandro Gil, de quien se podrá ver hoy Tema Heavy. «Es una experiencia que deberá repetirse en la medida de las posibilidades de la propia Asociación, que estuvo involucrada en los procesos posteriores de la película».

Gil se graduó de Periodismo pero hizo su tesis en el Noticiero Latinoamericano del ICAIC, lo que le permitió llegar a los Estudios Cinematográficos de las FAR, donde, entre otras cosas, fue asistente de dirección de la serie Algo más que soñar. «En 1989 me dieron la posibilidad de hacer un documental, que se tituló Piensa en mí, sobre las cartas de Martí a María Mantilla. Esa fue la primera obra que exhibí en la Muestra de Jóvenes Realizadores. Ahora no recuerdo si fue en la tercera o cuarta edición. Pero enseguida me percaté de la riqueza y de lo importante de todo lo que sucedía en ese espacio, donde confluían diversas estéticas y una generación de realizadores de una riqueza muy particular. Estoy hablando de Arturo Soto con Talco para los negros, de Cremata, Cruzata, Rudy Mora, Enriquito Álvarez, era un piquete súper fuerte.

«Salir de la Universidad, llegar a la Fílmica y encontrarme con la Muestra fue lo mejor que me pudo suceder. Estos talleres luego desaparecieron y aunque más tarde se retomaron, tenían otro matiz, otro carácter. Igual de útil, no digo que no, porque es válido todo lugar donde se intercambien ideas y se plasmen las obras que, evidentemente, son nuestros puntos de vista sobre la vida, los sucesos, las motivaciones existenciales; porque el diálogo y la confrontación siempre aportan beneficios y te arman desde el punto de vista profesional, porque aprendes.

«Me parece genial que la Asociación le haya dado un espaldarazo a creadores de otras épocas, estén o no. La mirada hacia la obra, hacia lo que crearon, es mucho más significativo. Ojalá que ese siga siendo el camino, que no se margine a nadie y a nada, y que se le dé cabida a la diversidad. Es ahí donde está el crecimiento».

De la vieja guardia también está Waldo Ramírez, el autor de La chivichana y Freddy o el sueño de Noel, y actual director del Canal Educativo 2. «Me acerqué a la AHS casi con la entrada a la Televisión Serrana, cuando empecé en el mundo de la realización en el año 1993, y fue una experiencia que, sin duda, nos aportó a todos. En ella hay un núcleo destacado de creadores que, desde las diferentes manifestaciones, hacen su arte con el que han marcado pauta en el quehacer artístico nacional. En lo personal me permitió participar en eventos, conocer a mucha gente, intercambiar tanto con otros realizadores como con escritores, trovadores, pintores... Y sí, a lo largo de estos 20 años se puede hablar de resultados. Por ello la labor de la AHS es reconocida y valedera».

—Mirando a la distancia, ¿hacia dónde crees que debe estar encaminado el trabajo futuro de la Asociación?

—En lo que debe continuar aportando a la cultura cubana es en no dejar de ser nunca un arte joven, en no dejar de aportar desde la experimentación y la creatividad, en no dejar de ser portavoz de las inquietudes artísticas de los jóvenes creadores.

—Son todos los que están, pero ¿están todos los que son?

—Quizá esa sea una falla, en el sentido de no acercarse a veces a los creadores que no tocan sus puertas y que defienden un arte experimental, que estén a favor de la renovación artística desde un compromiso social. Si no vienen, hay que salir a buscar a la gente y darle espacio.

Uno de los que no «milita» en las filas de la AHS es Alejandro Ramírez, quien llega a la Muestra con DeMoler, «un documental que se adentra en un tema muy sensible de la realidad inmediata de Cuba. Tiene que ver con la reconversión en la industria azucarera, un proceso pensado y necesario, pero con connotaciones humanas. Si te percatas, muchas de las frases populares están marcadas por el azúcar. La gente dice: un caña, el que tiene un amigo tiene un central... La industria azucarera más que un modo de vida, es una cultura.

«¿Por qué no pertenezco a la AHS? Por una cuestión de azar, porque no nos hemos encontrado. No obstante, me invitan a sus muestras y eso es algo que les agradezco mucho», explica el realizador de Rostros de tres siglos, Permiso a la tierra y uno de los codirectores de Montaña de luz.

El caso de Jeffrey Puente es lo contrario: «Para mí lo es todo. Es como mi madre. Yo, como estudiante del ISA, me propuse un proyecto y no pensé que pudiera realizarlo. No tenía forma de costearlo, porque había que filmar en Pinar del Río, en condiciones muy difíciles. Pero gané la beca Chicuelo de 2004, un premio que me abrió puertas, no tanto por el dinero, sino por el prestigio que me dio.

«Como ves le debo mucho. Con 25 km no solo participé en el pasado Festival Internacional de Cine Pobre, sino que obtuve diferentes reconocimientos y distinciones como el premio de documental en la Muestra de Jóvenes Realizadores de este año y ha estado en la sección oficial de festivales en Chile, Colombia, Brasil... ¿No es para estar feliz?», me pregunta a la vez Jeffrey, quien acaba de rodar otro documental en Candelaria titulado 72 horas. «Trata sobre el modo como viven tres personas durante el carnaval».

Ernesto Piña

Por su parte Ernesto Piña se halla entre los realizadores de dibujos animados. Licenciado en artes plásticas y con 26 años, se integró de manera oficial a la AHS en abril de este año. «Fue suficiente presentar uno de mis proyectos, que parece que gustó —Todo por Carlitos, obra con la que estoy en la Muestra—. Ahora me adiestro en los Estudios de Animación del ICAIC, en dirección, pero la AHS te da la posibilidad de desarrollar tus propias ideas como realizador. Y no digo que no sea posible en los Estudios, pero, al ser una industria, es otra la línea que sigue, tiene otras características. La Asociación se interesa por las cosas más underground».

De Todo por Carlitos, mención en el Salón de Arte Digital y en Cine Plaza, y premio en el Almacén de la imagen, de Camagüey, Ernesto comenta: «Lo hice con mis medios y con mucha intuición. Claro, sabía cómo editar, cómo trabajar el sonido y había pasado un curso de animación».

No es nuevo que el ICAIC esté acompañando a la Asociación. Por lo general, el mayor anhelo de estos jóvenes realizadores es llegar a rodar un largometraje de ficción. Por eso JR también conversó con Omar González y Roberto Smith, presidente y vicepresidente, respectivamente, de la industria cubana de cine. «Es curioso, dice Omar, ahora algunos países de Europa quieren presentarse como descubridores del movimiento audiovisual de los jóvenes realizadores, cuando nosotros vamos por la quinta o la sexta Muestra. Los realizadores cubanos hace rato que tienen un espacio en la sociedad».

—No obstante, existe la idea de que el ICAIC le ofrece mayores posibilidades a los consagrados que a los más noveles...

—Humberto Solás comenzó haciendo películas muy jovencito. El ICAIC se inició con realizadores muy jóvenes. Después había una dinámica interna de relevo de generaciones. Estaba el Noticiero que actuaba como una escuela, donde se iba escalando posiciones. Ese ciclo se rompió en los 90. Los “jóvenes” con los que contaba el ICAIC que tenían posibilidades, intereses y no habían hecho películas, ya no lo eran tanto: Enrique Colina, Jorge Luis Sánchez y Rigoberto López».

«No obstante, ahora estamos viviendo, agrega Smith, una etapa en la que es imposible pensar que todos puedan tener un espacio dentro de la industria. Eso no existe en ningún lugar del mundo. Máxime cuando hay tanta gente joven que se forma en escuelas o sin ella, porque tiene la tecnología en la mano. Por tanto, hay mucho más creadores que los que se pueden asimilar. ¿Cual sería para mí el papel del ICAIC? Poder identificar los mejores, el talento, los que tienen proyectos de calidad. No verlo como un problema generacional, sino elegir el que tenga un buen proyecto, tenga la edad que tenga. Y es de pensar que entre los jóvenes debe aparecer la mayor cantidad».

«Esos jóvenes, complementa Omar, han pasado por distintas etapas, por procesos de decantación naturales, porque para ser cineasta no basta con tener una cámara, está la confrontación estética y con el público. Pero, sin duda, hay un movimiento verdaderamente nuevo y se hace un enorme esfuerzo para dar un espacio y difundir esas obras. Si en determinado momento hubo algún tipo de incomprensión (muy raro, porque aquí nadie se opone a los jóvenes), hoy lo más natural es que coexistan los experimentados y los más nuevos. Eso sí, no podemos olvidar que el cine es una tarea de renacentistas. Un director tiene que saber de todo. Y nosotros debemos contribuir para llegar a ese punto».

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