El humorismo gráfico, otra manera de hacer periodismo

Eduardo Torres (Zuki), historietista, pintor y diseñador gráfico afirma que el oficio de caricaturista, es otra forma de hacer periodismo

Autor:

Julio Martínez Molina

Foto: Milagros Hidalgo CIENFUEGOS.— Nombre imperdible para los seguidores del humor gráfico a lo largo de la Isla, Eduardo Torres (Zuki), es un villaclareño anclado hace décadas en Cienfuegos, y desde este bastión del centro sigue aupando al género en la preferencia del lector cubano.

Cuenta Zuki que, mientras cumplía el Servicio Militar, conoció a alguien que influyó mucho en su carrera, a Pedro Méndez, el director de Melaíto: «Él me hizo reflexionar acerca del humor gráfico y me instó a cultivarlo».

Tan en serio se tomó la prédica, que le entró con pasión a la caricatura, universo en el cual fue ganando confianza y pericia progresivamente, al punto de conseguir dos secciones fijas en una revista como Bohemia, a finales de 1970. Tenía entonces poco más de 20 años.

Una de ellas, evoca, fue la popular Los Mosquitos, donde cultivaba la modalidad de humor de personajes, y en la que se valía de los citados insectos para hablar de los mil y un temas. «Todos ellos vistos desde la perspectiva de un mosquito», asegura.

Por la época publica, además, en Melaíto y Pa’lante —en este último a instancias de Juan David. Vivía entonces en Villa Clara, y aunque le propusieron trabajo en algunos medios nacionales, como el mismo Pa’lante, no abandonó nunca las comarcas provinciales. Por temor a la capital, dice.

A juicio de Zuki, el humor gráfico tiene varios secretos que deben conocerse antes de practicarse: «desde la ubicación del chiste hasta la plasmación de la idea y la concreción del mensaje.

«A diferencia de la literatura, que es como una diana con muchos círculos, la caricatura representa el centro de esa diana, en el cual tienes que aplicar un poderoso poder de síntesis en el concepto que quieres desarrollar», revela.

Zuki tiene en alta estima la seriedad de su oficio, «algo que hemos puesto en práctica los caricaturistas cubanos, como otro legado más de la impronta humanista de la Revolución, es el espíritu de respeto a la dignidad del hombre presente en el humor nacional.

«Aquí no nos reímos de un cojo o de un ciego, sino que o bien omitimos hablar de estas personas discapacitadas o bien las alabamos. En cambio, no ocurre otro tanto en publicaciones como Jueves, de España, y otras, donde las toman como objeto de escarnio».

Este creador apasionado de su arte, considera que «la relevancia del humor gráfico está en que con dos o tres trazos y unas pocas palabras se puede expresar una inmensidad; lo que hay que saberlo plantear, saberlo decir».

Nuestro entrevistado piensa que el caricaturista resulta un periodista a su manera: «Una situación nacional o internacional de índole política o de otro tipo, siempre tendrá su resonancia en la manifestación, en tanto sus cultores comparten rasgos con el reportero afilado que escudriña y comenta la actualidad.

«El caricaturista debe nutrirse del mayor conocimiento posible, de todo tipo de información a su alcance para ejercer con eficacia su arte. Si uno trae a Odiseo a una caricatura, el autor tiene que conocer La Ilíada, tiene que conocer a Homero», agrega.

Asevera que lleva «muy presente al pueblo cada vez que elaboro una viñeta, me pregunto cuál será su reacción, si comprenderá, asentirá o sonreirá. En Cuba el público lector es culto y hay que hilar fino para presentar una propuesta de calibre y revestida de densidad conceptual».

Añora a los que en su opinión fueron los mejores tiempos del humor gráfico cubano —la década del 70, dice—, y se pregunta por qué aún no se revitalizan los suplementos humorísticos de los periódicos provinciales.

Al también historietista, pintor y diseñador gráfico, presencia constante en la revista La Picúa y en la sección humorística homónima del semanario sureño 5 de Septiembre, le molesta que su manifestación predilecta sea preterida o mirada con el rabillo del ojo por algunas personas.

«Un grupito de elitistas cree que la caricatura no es arte, que solamente puede hallarse tal en las galerías; mientras menos masivo sea mejor», considera.

«Pero la verdad les duele, porque el humor gráfico es leído por miles y miles de seres humanos, quienes lo consultan diariamente en los medios», remata este miembro de la UNEAC, quien ha participado en salones internacionales de sátira y humor, y cuyas obras han sido expuestas en casi todos los continentes.

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