Muestran caricaturas poéticas de la famosa bailarina cubana Alicia Alonso

La exposición del artista Fausto García está abierta en el teatro Mella, como parte de las actividades del 20 Festival Internacional de Ballet

Autor:

Toni Piñera

Carmen Abrir los ojos y deslumbrarse no acaece porque sí. El circunstancial vidente que es Fausto García, ese que consigue descubrir continuamente paraísos sin moverse de su sitio, aporta una retina obstinadamente fresca, pronta siempre a impresionarse, con lo que ello supone de retención y olvido, ante la sustancia de lo ya visto y vivido. En este caso, algo que nos convoca aquí de manera sustancial: el ballet, y dentro de él, una figura emblemática que lo ha renovado en el siglo XX y XXI: Alicia Alonso.

Ella es, precisamente, protagonista máxima de sus historias sobre papel, desde hace ya algunos Festivales Internacionales de Ballet de La Habana. Por eso, el apellido se suma a estas Caricaturas poéticas, muestra que quedó inaugurada, en ocasión de la vigésima edición de la cita de la danza mundial —que comienza este sábado—, en el vestíbulo del Teatro Mella (Línea, e/ A y B, Vedado).

En estas 16 obras, realizadas en técnica mixta sobre cartulina, el artista nos regala facetas de la excepcional bailarina. Con su prisma poético capta detalles, gestos, movimientos, acciones..., que dibujan a Alicia cuando cruza las tablas vestida o ataviada de los mil y un personajes que ha encarnado a lo largo de su extensa carrera.

Un caricaturista, es, en cierto modo, un investigador de esencias, un estudioso de la personalidad, que posa su mirada ágil allí donde otros no ven, para entregarnos al final un retrato del alma, de aquel que cruzó por su campo visual. En cierta manera, ser uno mismo y ver cada vez un mundo diferente, es, a fin de cuentas, uno de los más excepcionales dones de la mirada artística, que es la primera mirada al despertar.

La Diva

Alicia deja a su paso por la escena una estela de admiración. Él ha caído en la red, en el «embrujo» de la Diva y la ha perseguido con sus ojos muy atentos por los múltiples ballets, captando la esencia del decir. Por eso las caricaturas en su gran mayoría alcanzan una dimensión especial. Fausto la atrapa en su propio cuerpo o en el de algún personaje, se regodea en la personalidad, dialoga con la imagen y subraya aquello que más le interesa: una mano, una expresión, la fuerza, el lirismo..., dejándonos con la sensación de ver y descubrir más de lo interno, aquello que no logran ver los demás.

Del lado del aplauso, y en el tiempo, el creador ha observado las obras con detenimiento, función tras función, como amante fiel de la danza. Hasta que llegó el día, que ya no pasaría inadvertido entre tanta cotidianidad, porque el caricaturista lograba, en la intimidad de su estudio pinareño, el milagro de rescatar el instante y el personaje, la danza, el gesto, la silueta, las luces y las sombras que emergen detrás de los pasos guiados por la música y el ser interno.

Aquí está Alicia dibujada y desdibujada por la mano sabia y el talento de un creador que siente adentro la danza. Porque el artista transparenta en las piezas su manera de dibujar los sentimientos, de hacerlos palpables a los demás, que pueden así participar de sus instintos internos. ¡Magia del arte!, que nos deja ver —indiscreto— las oscuridades del alma.

En su silencioso bregar, Fausto busca, y encuentra algo más que un personaje. No es solo Giselle u Odette, Carmen o La Diva, es ella misma, la artista, atada por una pasión común: el ballet. Por eso aún vibran más allá de la escena, porque hay algo que está vivo: el instante íntimo de diálogo de Alicia con sus dioses internos.

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