En Cuba el ballet es del pueblo

Aseguró el profesor, maître y coreógrafo norteamericano James Kelly, cuya obra, A través de tus ojos, tuvo su estreno mundial la víspera

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Kelly durante una sesión docente con estudiantes cubanas. Foto: Nancy Reyes PARA ser tú fue la primera carta de presentación en Cuba, durante el 16 Festival Internacional de Ballet, de James Kelly. Tres ediciones después, La Habana lo aplaudió, casi hasta el delirio, por Sinfonía para nueve hombres, asumido entonces por un elenco de jóvenes bailarines del Ballet Nacional de Cuba (BNC). Tal fue la acogida del público y la crítica, que el destacado coreógrafo, maître y profesor estadounidense, radicado en México, decidió idear una coreografía totalmente nueva para la compañía que dirige Alicia Alonso y para el Festival: A través de tus ojos, una obra, cuyo estreno mundial tuvo lugar la víspera en el coliseo de Prado.

James Kelly es de los que dice que «el ballet me buscó más a mí, que yo a él». Y la razón esencial de esa afirmación está en que en su familia nadie estaba vinculado a las artes. El empujón lo recibió del cine. «De niño veía las películas musicales de 1940 y 1950, y me quedaba fascinado con Gene Kelly y Fred Astaire. Fue cuando les dije a mis padres que quería bailar como Kelly. Empecé estudiando tap, pero tuve la gran fortuna de encontrar un maestro en San Diego —de donde yo soy—, quien había actuado como bailarín en esos mismos filmes. Él inició un programa completo de arte en las escuelas públicas, donde me preparé. Luego fui a la universidad donde hice la licenciatura y hasta la maestría en ballet».

De A través de tus ojos James Kelly explica: «Teniendo en cuenta que el ballet pertenece a las artes visuales, quise desarrollar la idea de cómo haría para crear si no pudiera ver. La respuesta está en el tacto, claro, muy en la esquina. Más que todo es un ballet abstracto».

Para esta coreografía Kelly utilizó las composiciones de un grupo sueco llamado Fleshquartet. «Seleccioné diferentes piezas de tres discos, que luego arreglé y edité para esta creación de 18 minutos. Ahora son cinco parejas, pues no quería repetir, sino explorar.

«Siento que las cosas evolucionan cuando cambian. Nosotros mismos somos diferentes a como éramos hace 50, 100 o 200 años. Los deportistas, por ejemplo, rompen récords todos los días. ¿Por qué? Porque saben entrenarse mejor, porque se retan constantemente, porque les gusta el desafío. Y yo trato de hacer lo mismo sin perder los más de tres siglos de tradición, de técnica, de formación».

—Evidentemente, Cuba le ha impresionado...

—Sobre todo, porque está la escuela que fundaron Fernando y Alicia Alonso, una de las mejores del mundo, así, sin adornos. Siempre he dicho que fui mexicano en otra vida. Desde que empecé a tratar con la cultura mexicana nos entendimos perfectamente. Y eso mismo me ha sucedido con la cubana. Cuando vine por vez primera al Festival comprobé con mis propios ojos lo que representa la Escuela Cubana de Ballet, la compañía; lo que es la cultura del ballet que existe en este país, que no he visto en ningún otro lado del mundo: las funciones están a tope lo mismo a las cinco de la tarde que a las ocho y media de la noche.

«Me emociona comprobar cómo la gente en la calle conoce a Alicia, al BNC y a sus primeras figuras. Saben cuándo están de gira, quién bailó qué y quién hizo 32 fouettes. En Cuba el ballet es del pueblo. Eso me fascina».

—Mientras montaba la coreografía, la compañía se encontraba de gira, por tanto, tuvo que acudir a los bailarines más jóvenes. ¿No temía que eso le restara brillo a A través de tus ojos?

—Uno de esos días mientras ensayaba, nos visitó Carlos Acosta. Obviamente, uno siempre quisiera tener a 19 Carlos Acosta para trabajar. Hace dos años, cuando vine para montar Sinfonía... me sucedió exactamente lo mismo, pero encontré a bailarines como Taras Domitro y Alejandro Virrelles, muy talentosos, a tal punto que no me quedé con ganas de nada. Fue un elenco excelente. Pues este año hice lo mismo, busqué extraerles el máximo y creo que lo logré.

—Llama la atención que en Estados Unidos usted tenía un proyecto propio, sin embargo, decide dejar su compañía para ir a México. ¿Por qué dejar de ser el centro para ser parte?

—En primer lugar, por una razón económica, porque para que subsista una compañía propia en Estados Unidos hay que estar detrás de los patrocinadores. De hecho, estuve siete años sin ganar ni un solo centavo. Tenía que hacer otras cosas para pagar mis rentas y comer, pero me ofrecieron ser el coreógrafo residente de la Compañía Nacional de México. Nunca había tenido la experiencia de estar con una compañía grande y, mucho menos, en esas condiciones, con el Palacio de Bellas Artes como sede, y la Orquesta Sinfónica del teatro. Puse en una balanza los pros y los contras, y escogí ir a México. Me fui pensando que me quedaría uno o dos años y ya estoy por concluir el octavo. Como que ya me quedé.

—Y al final, ¿el coreógrafo le ganó la carrera al bailarín?

—Desde el día que empecé a bailar y me enseñaron la primera posición y el demi-plié, tenía en mi mente que quería ser director, coreógrafo. Lo olvidé por un rato, porque quería aprender lo que era bailar. En algún momento, muy joven, dije: «Ok, hasta aquí llegué bailando, ahora me quiero dedicar a la coreografía», y me fui a México por primera vez, cuando tenía 23 años, donde llegué anunciando que era coreógrafo, aunque no había hecho ni una sola coreografía en mi vida. He hecho alguna que otra cosa, pero llevo mucho tiempo sin pararme en un foro a bailar.

—¿Y la coreografía soñada ya está?

—A través de tus ojos no sé si es superior o no a las anteriores. Tengo un amigo dramaturgo que cada vez que empieza a escribir una obra piensa que la mejor de todos los tiempos ya fue escrita, El rey Lear, de Shakespeare, por tanto, nunca trata de escribir la mejor obra de todos los tiempos porque ya está. Esa es mi filosofía. A través de tus ojos es lo que quise hacer ahora, lo soñado, lo que me gusta.

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