Estrenan monólogo «En falso»

El estreno de En falso, un apasionado y reflexivo monólogo, da continuidad a la colaboración entre Amado del Pino y Vi-Tal Teatro

Autor:

Osvaldo Cano

Mariela Bejerano Foto: Alain Gutiérrez

Entre nosotros el monólogo es un género casi en extinción. Si en los años 90 del siglo pasado la difícil faena del actor en solitario se hizo habitual, hoy son escasas las ocasiones en que esto ocurre. Una de ellas resulta el estreno de En falso, un texto de Amado del Pino, que acaba de llevar el líder de Vi-Tal Teatro, Alejandro Palomino, a las tablas del Teatro Nacional de Guiñol. Con este espectáculo asistimos al regreso de la popular actriz Mariela Bejerano a los escenarios teatrales.

Como antes hiciera el maestro Eugenio Hernández Espinosa al escribir El masigüere y Tibor Galarraga, con este monólogo Del Pino retoma un personaje proveniente de una obra anterior. Tati, criatura clave de Penumbra en el noveno cuarto, es la protagonista de En falso. Ella, bailarina que al filo de los 40 asiste al derrumbe de un matrimonio, cuyos puntales son el arraigo y la inercia, busca desesperadamente un asidero, una tabla de salvación que libre su vida del naufragio. La revelación de sus apremios, decepciones y esperanzas convierten al monólogo en un sincero y desgarrado autorreconocimiento de una cubana de estos tiempos.

Uno de los aciertos del texto está vinculado con la sólida caracterización de esta mujer y el descubrimiento de su mundo interior. Lo que le interesa al dramaturgo es poner de relieve la psiquis de una individualidad compleja y cercana a los referentes reales del espectador. Este es de por sí un difícil reto del cual Del Pino sale airoso y de paso nos obsequia con un excelente ejemplar.

La propuesta escénica se distingue por la sobriedad y el interés por mantener todo el tiempo en primer plano las tormentas que acosan a la protagonista. Alejandro Palomino y Mariela Bejerano hallaron un tono confesional e íntimo para el personaje de Tati. Este es uno de los puntos fuertes de un espectáculo que tiene como norma la fidelidad e iluminación de las pautas de la obra. El uso de escasos elementos escenográficos, detalle que apunta más a la sugerencia que a la reproducción exacta del ámbito en que se verifican los acontecimientos, es otra característica del montaje. El trabajo con la actriz, la exploración en aras de hallar la intención precisa, el matiz más feliz, por poner de relieve las transiciones más sutiles y hacer que el espectador se sienta partícipe de un drama que lo toca de cerca, es la brújula y la meta de sus hacedores.

Tales propósitos son reforzados por el diseño de vestuario de Nora Elena Rodríguez y Mariela Bejerano. La concepción de una imagen que, a la par de ubicarnos en el presente inmediato nos habla a las claras de las características personales y el status económico de la protagonista, sirve de apoyo y complemento a la labor del director. La escenografía, diseñada por el propio Palomino, sigue el patrón minimalista presente también en otros espectáculos del grupo. Una silla, un portamaletas, un pequeño estrado —que pudo ser utilizado con mayor frecuencia— y algún que otro elemento, conforman el decorado. La imagen que este proyecta es mucho más refinada, acogedora y limpia que los verdaderos recintos a que nos refiere. Por otra parte, la atmósfera enrarecida que predomina en tales establecimientos no se logró en esta ocasión.

La experta asesoría coreográfica de Cristhy Domínguez y Rosillo contribuye a dotar de plasticidad y encanto los desplazamientos. Al mismo tiempo recuerda al espectador la profesión de la atormentada, pero luchadora, Tati. El diseño de luces de Huberto Valera ayuda a realzar y definir los estados de ánimo del personaje central, mientras que la banda sonora de Michel Labarta y Palomino se inclina por comentar la acción dándonos pistas y sensibilizándonos por el canal auditivo.

Luego de varios años de ausencia, Mariela Bejerano regresa por la puerta ancha a los escenarios teatrales. La mirada introspectiva y la capacidad para revelar los más recónditos secretos de una criatura en crisis, pero en pie de guerra, distinguen su interpretación. Bejerano desechó el camino fácil y, lejos de recurrir al estereotipo, hurgó en lo hondo de la psicología de una mujer que, apremiada por el reloj biológico reflexiona con sinceridad y agudeza sobre los rumbos que ha tomado su vida. Su accionar es limpio, preciso, la voz se convierte en uno de los mecanismos comunicativos por excelencia, y la sabia combinación del desgarramiento y el sosiego dotan a su labor de sustanciosos contrastes. Elegancia y pasión son las banderas que enarbola una actriz que debería replantearse muy seriamente la posibilidad de trabajar más asiduamente sobre las tablas.

El estreno de En falso, un apasionado y reflexivo monólogo, da continuidad a la colaboración entre Amado del Pino y Vi-Tal Teatro que se inició con el montaje de Triángulo. Con esta puesta, el director nos recuerda lo saludable que sería trabajar en función de recuperar un género capaz de brindarles muchas posibilidades de lucimiento a los intérpretes. Este es un camino que deberían recorrer con asiduidad los más jóvenes. Mariela Bejerano, Alejandro Palomino y Amado del Pino transitan hoy por él pisando firme.

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