Lo que sé de Lola y Princesas en la 28 edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano

La  ópera prima de Javier Rebollo, y la película de Fernando León de Aranoa, acreedora de tres premios Goya, están entre lo más atendible  de la Muestra Española

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Lola Dueñas, actriz fetiche de Javier Rebollo, protagoniza la ópera prima titulada Lo que sé de Lola. No es un desconocido para el público europeo el realizador Javier Rebollo, aunque Lo que sé de Lola sea su primer largometraje de ficción. Resulta que el cineasta ha rodado cinco cortometrajes —Hola, desconocido; En medio de ninguna parte (Goya de 1997), El equipaje abierto, El preciso orden de las cosas y En camas separadas—, que han bastado para que la crítica le haya echado el ojo. Y es justamente su ópera prima la que por estos días se exhibe en diferentes salas de la capital.

Ha dicho Rebollo en una de sus entrevistas: «Mi estilo es contenido, tengo la frialdad en la mirada, pero ardo por dentro y, por eso, la cámara no se mueve, los personajes no se mueven por fuera pero galopan por dentro. La sequedad tiene que ver más conmigo. La mirada es muy importante y los personajes míos están siempre mirando y espiando. Soy un mirón, un voyeur, un detective sin sueldo».

Quizá si el espectador tuviese en cuenta estas palabras podría entender lo que nos propone este joven realizador con Lo que sé de Lola, filme con el que él ha querido rendirle tributo al cine, sobre todo, francés, y que es coherente con su obra anterior. La historia de esta película se desarrolla en París, donde vive León (Michaël Abiteboul), quien está al cuidado de su madre inválida en un inmueble donde aparecerá una nueva vecina. A partir de ese momento, este hombre gris vivirá la vida de Lola (interpretada con clase por Lola Dueñas, su actriz fetiche), se convertirá en su sombra, pero no tratará en ningún momento de relacionarse con ella, porque él prefiere habitar su propio mundo.

«Esta película, ha explicado Javier, es un sumidero en el que he ido acumulando cosas que veo y vivo. Yo soy León. A mí, como a León, no me gusta viajar, adoro estar solo y sin hacer nada, me gustan las cosas aburridas y disfruto con todo aquello que la gente tira a la basura. Él es de lo más sano. Disfruta de su independencia pero lo hace de un modo diferente a los demás».

No quiere más Javier (y es bastante) que reflejar en su filme la cotidianidad de León, y en función de ello se llevó a cabo el montaje, que persigue mostrar la monotonía, la vida no vida del protagonista. Para ello emplea pocos diálogos, largos planos, y vuelve una y otra vez a los mismos encuadres. Y por tanto, Lo que sé de Lola padece la lentitud que invade a León, lo que puede llegar a aburrir al espectador no avisado. Y no obstante, la película, que muestra elipsis y algunos aciertos visuales, es diferente dentro de la cinematografía española, digamos que rara, aunque, a decir verdad, le sobra metraje.

Cartel de la película Princesas, del madrileño Fernando León. De España también es Princesas, que atesora unos cuantos premios Goya: mejor actriz para Candela Peña (Te doy mis ojos); mejor canción por Le llaman calle, de Manu Chao; y mejor actriz revelación a Micaela Névarez. Su director es Fernando León de Aranoa, un realizador cuya mirada incisiva siempre está colocada sobre «los males y miserias que invaden los enclaves urbanos». Por eso filmó Barrio (1998) y Los lunes al sol (2002), para adentrarnos ahora, con su cuarto largometraje, en el mundo de la prostitución, y lo hace a través de dos personajes: Caye y Zulema.

Un impresionante duelo actoral es el que entablan la Peña (Caye) y la Névarez (Zulema) en esta película. La primera es una «princesa» de las calles en espera del príncipe azul, que acepte su pasado, algo que ni ella misma ha logrado; y la segunda es inmigrante, dominicana, lo que se traduce como más exótica y barata (claro), lo que llenará de ira al resto de las «princesas», aunque al final estas dos se harán buenas amigas. Mientras tanto, Fernando León, cámara en mano, las acompañará para mostrarnos una realidad social cruda, una violencia que está dada más que en el maltrato físico, en la propia existencia de los personajes.

Princesas es una cinta de una gran sensibilidad, donde el realizador quiere ensañarnos, lejos de los estereotipos, las personas que hay detrás de estas «mujeres de la vida». Eso sí, no le interesan en apariencia las causas. Lo más importante para él no es el tema sexual, sino la humanidad, detenerse en la ternura de Caye y de Zulema, pero también de Blanca, Caren, Ángela, Rosa...

En su guión, Fernando León ha querido hablar, además, del tema de la inmigración, de la soledad, de la amistad, y lo hace desde el drama, pero también desde el humor, a pesar de que no logra alcanzar aquí la solidez de Barrio y Los lunes al sol. No obstante, Princesas está entre las cintas atendibles de la Muestra Española.

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