Dos nuevos títulos de Jorge Fornet en la XVI Feria del Libro

Los nuevos paradigmas: prólogo narrativo al siglo XXI y ¿Para qué sirven los jarrones del palacio de invierno?, se titulan los  libros Gana concurso La Rosa Blanca un texto de René Valdés

Autor:

Juventud Rebelde

La XVI Feria Internacional del Libro acoge este año a dos nuevas obras del destacado ensayista y crítico cubano Jorge Fornet, director del centro de investigaciones literarias de la Casa de las Américas, y merecedor del premio Alejo Carpentier 2006 en la categoría de ensayo. Ahora dialoga con JR sobre Los nuevos paradigmas: prólogo narrativo al siglo XXI y ¿Para qué sirven los jarrones del palacio de invierno?, títulos que se encuentran en las diferentes sedes de este importante evento.

«Los nuevos paradigmas... es un acercamiento a la nueva narrativa, sobre todo a partir de los años 90 del pasado siglo, y principalmente en Cuba. Me interesaba reflejar el cambio en la esfera cultural que ha venido desarrollándose de unos años hasta la fecha, específicamente en la literatura cubana, y comparar a la misma con el resto de la literatura latinoamericana, de la que se ha hablado poco en la Isla durante los últimos tiempos.

«Un primer capítulo está dedicado a autores latinoamericanos, mientras que los dos últimos se centran en literatura cubana. En el libro trato de hacer más comprensibles algunas de las líneas fundamentales de lo que escriben los escritores contemporáneos».

—¿Qué opina sobre el desarrollo de la literatura latinoamericana dentro de la Isla?

—Pienso que en los últimos años hemos padecido de cierto «ombliguismo», resaltamos la literatura hecha en la Isla, a los autores cubanos, y no es para menos, en Cuba se han escrito muy buenas obras, solo que prevalece cierto desconocimiento de lo que escriben otros colegas del continente. Creo que la literatura latinoamericana cuando parece más aislada de la cubana es cuando más se le asemeja.

—El otro libro, ¿Para qué sirven los jarrones del palacio de invierno?, se ha presentado por primera vez en la FIL. ¿De dónde surge la idea de un título tan singular?

—El título que da nombre al libro forma parte de una pregunta que se realizó Máximo Gorki en un texto sobre la revolución rusa, donde recuerda cuando los campesinos tomaron el palacio de invierno y descubrieron los grandes jarrones de porcelanas que, para la clase anterior, tenía un valor ornamental. Los campesinos le dieron un valor de uso, los utilizaron como orinales ante la interrogante de ¿para qué sirven los jarrones? A propósito de esta escena me surgieron varias en la cultura cubana que me hicieron meditar sobre para qué sirven las cosas. El libro que es una recopilación de ensayos principalmente de literatura cubana, argentina y mexicana concluye con un trabajo que publiqué en La Gaceta y que lleva por nombre el propio título del trabajo.

—Sus funciones como director del centro de investigaciones literarias de la Casa de las Américas le ocupan gran parte del tiempo. ¿Cómo hace para escribir e investigar?

—Uno tiene que robar tiempo de donde no lo hay, incluso de las actividades «extraliterarias». Por lo pronto, no veo la novela, así que por ahí cuento con seis horas disponibles a la semana. Además, yo mismo me impongo cierta disciplina; hay ocasiones en las que me asalta una especie de marasmo contra el que lucho con varias lecturas diarias y con diversos borradores. En ocasiones, culmino un trabajo y no estoy totalmente satisfecho con el resultado, busco un poco más de tiempo, de alguna forma, y recomienzo a escribirlo.

—El ensayo es un género complejo. ¿Cómo usted matiza sus obras para que sean de mayor comprensión entre los lectores?

—El ensayo es menos «potable» que lo que puede ser la narrativa o la poesía y cuenta con menos seguidores que los dos géneros anteriores. Generalmente suele escribirse para estudiosos o para especialistas. Por mi parte, trato de darle un carácter más amplio, tanto por lo que dice como por la manera de enunciarlo. Me interesa conformar un ensayo especulativo y, a la vez, comprensible, donde no utilice la jerga propia del oficio. Pienso que de esta forma puedo atraer al lector que no me conoce, al lector ajeno, que es, al final, el que todo escritor siempre busca conquistar.

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