Debemos darle más importancia al movimiento sinfónico juvenil

Así lo considera López Gavilán, reconocido director de orquesta, compositor y profesor, que lleva más de tres décadas dedicado a la formación de los músicos cubanos

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

El maestro Guido López Gavilán mientras dirigía el Concierto Juvenil de Primavera. Foto: Juan Moreno

Para Guido López Gavilán, reconocido director de orquesta, compositor y profesor, que lleva más de tres décadas inmerso en la formación de los músicos cubanos tanto en el ISA, la Escuela Nacional de Música como en el Conservatorio Amadeo Roldán, la música sinfónica tiene en los jóvenes artistas a la vanguardia que garantiza su continuidad.

Su trabajo con las nuevas generaciones lo ha hecho concluir que «debemos darle más importancia al movimiento sinfónico juvenil, e incluso buscar fórmulas que permitan ampliarlo». Así conduce la Joven Filarmónica Amadeo Roldán, que recientemente ofreció el Concierto Juvenil de Primavera junto a las orquestas de cámara Música Eterna y Amadeo Roldán.

La obra del laureado autor de Camerata en Guaguancó es catalogada por los estudiosos como esencialmente «rítmica, y estrechamente vinculada a nuestro folclor». La clasificación viene de su interés marcado por las raíces cubanas, de ahí que exhorte a sus estudiantes a acercarse al patrimonio sonoro de la Isla. Les insiste en que «la apreciación artística fundamental la hace el público; la razón esencial de nuestro trabajo consiste en entregar lo mejor en la escena.

«Por eso me interesa mucho continuar el desarrollo de la Joven Filarmónica. La agrupación nombrada así desde 2002 —aunque con más años de creada—, es parte de la formación que reciben los jóvenes instrumentistas en el Conservatorio Amadeo Roldán. Constituye una “asignatura práctica”, pero nos esforzamos para que luego se plasme en una verdadera realización artística. Estimulamos también la labor de agrupaciones de cámara y de aquellos jóvenes que demuestran talento como solistas. Es una costumbre incluir en los conciertos a solistas destacados como Marcos Madrigal, Aldo López Gavilán y Leonardo Pérez Reyna, por solo citar algunos.

«La Joven Filarmónica ha abordado paulatinamente obras de gran complejidad de distintas épocas, como la Rapsodia sobre un tema de Paganini, de Rachmaninov; la Quinta Sinfonía, de Beethoven; Bolero, de Ravel; las oberturas Maestros cantores, de Wagner, y 1812, de Tchaikovsky, así como reconocidas piezas de otros autores, incluyendo los cubanos. Es un verdadero logro que estudiantes del nivel medio lleguen a interpretar exitosamente obras de envergadura. Resulta muy estimulante que algunos, ya egresados de esa enseñanza, nos pidan continuar con nosotros y son parte de esta familia orquestal.

«La dirección de la Joven Filarmónica la comparto con la juvenil y talentosa Daiana García Siverio. Trabajamos además con la orquesta de cámara del Conservatorio, y tenemos hecha una continuidad entre esta última y la orquesta de cámara Música Eterna, que ya tiene un carácter profesional, pero se nutre constantemente de los estudiantes del ISA y de nuestra institución, con lo que se logra un resultado artístico de muy alto nivel».

—¿Puede hablarse de un movimiento juvenil de música orquestal en Cuba?

—Los jóvenes instrumentistas tienen aquí la garantía de su ubicación una vez egresados, una gran posibilidad que no poseen muchos en el mundo. A veces su servicio social es en la Orquesta Sinfónica Nacional o en agrupaciones existentes en distintas provincias, que son las máximas representaciones instrumentales de la Isla. Pienso que debemos darle más importancia al movimiento sinfónico juvenil, e incluso buscar fórmulas que permitan ampliarlo con el apoyo e iniciativas de los distintos centros y organizaciones. Se ha ganado en conciencia sobre la importancia de la música sinfónica y sus valores espirituales, pero todavía no puede verse un resultado evidente a pesar de que existen condiciones para ello.

—¿Qué acciones pudieran aplicarse para encaminarlo?

—Estimular y apoyar aún más a las agrupaciones juveniles que existen en la actualidad. En otros países este movimiento juvenil se hace paralelo o independiente de las escuelas de música. Se realizan convocatorias —con doble finalidad: social y cultural— entre jóvenes aficionados, como sucede aquí con las cantorías infantiles, una labor muy hermosa que permite a las nuevas generaciones acercarse a la cultura. En Cuba, las orquestas juveniles dependen de las escuelas de música propiamente dichas. Dadas las necesidades en todo el país de instrumentistas capacitados y del gran significado social que estas agrupaciones poseen, considero que también debían crearse núcleos orquestales juveniles vinculados a las orquestas sinfónicas ya existentes. Sería también muy estimulante organizar encuentros y talleres provinciales —o ¿por qué no?—, nacionales de orquestas juveniles.

«Desde siempre he trabajado con estas agrupaciones. He tenido el gran privilegio de contribuir a la formación de centenares de músicos, y valoro muy altamente el trabajo con los jóvenes. Su entrega y sinceridad aportan una vibración especial en cada concierto».

—El Encuentro Nacional de Orquestas Sinfónicas ha abierto un espacio a la expresión en el público...

—Es una feliz iniciativa que permite reunir en la capital las orquestas de todo el país, incluyendo algunas juveniles. Constituye un estímulo para los músicos y aunque no es un concurso, siempre valoramos el nivel alcanzado. Se crean expectativas, se promociona el género y, generalmente, los conciertos de clausura son al aire libre o en un gran teatro, como el Karl Marx, algo que promueve el movimiento sinfónico.

«Obviamente sabemos que el evento ayuda, pero lo esencial está en el trabajo diario; cómo podemos superarnos, encarar repertorios de mayor envergadura, promover mucho la obra de los compositores cubanos —uno de los énfasis mayores que debemos hacer—, así como estimular la creación, ese es el futuro; sin la creación de hoy no habrá música mañana. El mejor premio para un compositor es que su música se toque, se conozca y esté viva».

—Entre tantas ocupaciones, ¿no tiene aplazada su faceta de creador?

—Siempre tengo cosas pendientes. Lo más reciente que hice fue orquestar la canción Decirte cosas de amor, de Roberto Novo, que resultó ganadora del Gran Premio en el Festival de Música Adolfo Guzmán. Es algo que, en verdad, disfruto. Ahora estoy inmerso en una obra sinfónica sin título todavía, pero que va a ser muy lírica y expresiva, algo así como un gran nocturno para orquesta. Habitualmente mis creaciones se identifican con una música más rítmica, sin embargo, esta vez será una obra tranquila. Aún está naciendo, pero poco a poco se abrirá paso en mi imaginación.

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