Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Que levante la mano la guitarra (I)

JR indaga acerca de si los jóvenes de hoy se identifican con la trova, un género que nos ha acompañado por más de cien años

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Equipo de periodistas

«La incidencia de la canción trovadoresca en la juventud es eterna», asegura el investigador Lino Betancourt. Foto: Roberto Suárez Un nutrido grupo de muchachones, guitarra en mano, se sienta en el contén del barrio, como hace un siglo atrás, escenificando la conocida letra de Memorias, el tema que Carlos Varela incluyera en su CD Jalisco Park, de 1989. Y le ponen voces, entre afinadas y desentonadas, a canciones que a veces pasan en la radio, «a veces nada más».

Aunque algunos jamás han visto Memorias del subdesarrollo, estos jóvenes imitan felices a los guantanameros de Buena Fe... Si solo quisieras probar, tu encanto de niña feliz, si solo tomaras el cuerpo, no juegues con mi soledad... y al poco rato Silvio irrumpe... Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta... La improvisada «descarga» acaba de empezar... Guevara, tú vuelves al camino con la adarga al brazo, pintado en los pulóveres de los muchachos o vigilante desde la pared..., aparece Frank, pero a ellos también les gusta mezclar el sonido de las cuerdas y hacer de la guitarra un instrumento de percusión... Yo soy de un barrio barroco, que tiene tanto sabor, y tan real que, a flor de piel, lleva su madera, su folclor... Y rompe la «rumba»... Ahora sí tengo la llave, ahora sí tengo la llave... Y Kelvis se interpone... Juana tiene un novio y una amiga que la cuida y salen a pasear, ya se hace de noche, suena el carnaval, los niños ya se cuelgan de los coches...

Todos se saben dueños absolutos de la noche, del mismo modo que se sintieron sus abuelos interpretando Longina o sus padres Yolanda u Óleo de una mujer con sombrero. La historia se repite desde que apareció en Cuba la canción trovadoresca y la guitarra comenzó a pasar de mano en mano, mientras los trovadores le cantaban a la vida.

A pesar de que mantienen la vocación de ponerle música y poesía al amor, a la realidad social, a las ideas políticas, al azaroso andar del hombre por este mundo, no pocos consideran que, a 40 años de que Casa de las Américas fundara su Centro de la Canción Protesta —donde fueron a recalar las composiciones creadas e interpretadas por los nuevos trovadores de entonces—, este tipo de canción no acompaña como debiera a la juventud cubana. Al menos no como en la década de 1970 y parte de los 80, cuando la Nueva Trova se hizo un importante lugar en los gustos musicales de la gente, convirtió en ídolos a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Pedro Luis Ferrer, Noel Nicola, y luego a Carlos Varela, y Gerardo Alfonso; e incluso puso a «temblar» a la música bailable.

¿Y, entonces, qué sucedió? Juventud Rebelde se propuso indagar las razones que han conllevado a que una manifestación musical tan asociada a nuestra cubanía ya no se identifique del mismo modo con los jóvenes hoy.

«VENGO NACIENDO»

«¿Trova? Ah, sí, es eso parecido a un sermón, a una descarga. Aunque también puede ser lo que uno le dice a una muchacha para enamorarla. Yo tengo un socio que tiene una trova espesa».

Esta fue una de las respuestas iniciales que encontramos en Bayamo, precisamente la ciudad que vio nacer en la emblemática ventana de Luz Vázquez, en marzo de 1851, la primera canción trovadoresca cubana, La Bayamesa. Después de esa composición —de la autoría de José Fornaris, Carlos Manuel de Céspedes y Francisco del Castillo—, Bayamo tuvo fama por su vínculo con los trovadores. Allá quiso reposar eternamente en su cementerio el santiaguero Sindo Garay, creador de Mujer Bayamesa, que popularmente se reconoce como La Bayamesa de Sindo.

En esa ciudad vio la luz también el trovador Pimpo La O, que hizo época con sus melodías en la primera mitad del siglo pasado. Y en ella nació, además, en febrero de 1943 Pablo Milanés, y allí hizo sus primeras presentaciones en esa ciudad de ensueños.

Pero al parecer aquella fama por las canciones y sus personalidades se ha ido al piso. En un rápido intercambio con 20 jóvenes entre 17 y 25 años de edad, 13 contestaron que no les gustaba para nada la trova. De los siete que respondieron lo contrario, seis se refirieron a Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. Los de hoy los ignoran.

«Lo que pasa es que tienen muy poca divulgación. No sabemos quiénes son, si sacaron un disco o algo; en la radio no se escuchan. Es que ni siquiera Pablo y Silvio se oyen ya; los hemos dejado prácticamente para ocasiones muy especiales», señala Yuri Verdecia Reyes, estudiante de cuarto año de Medicina.

Otro alumno de Ciencias Médicas, Yoanis Infante, de 23 años, expuso que aunque uno quiera negarlo, lo que se ha impuesto es la música del «pum pum». Para él «la trova ha quedado como símbolo de la antigüedad». Mientras Liannis, una muchacha de 16, se ríe a su lado, este joven recalca que «ese pum pum ha destronado la tradición; es innegable».

La única que reconoció a trovadores de hoy fue Isbel Figueredo, instructora de arte, a quien le fascinan las canciones de Eduardo Sosa. «La trova tiene letras con sentido y un buen ritmo, pero los jóvenes están para la música más movida». En cambio Yoendris Mojena Fernández, de 23 años, asegura que él, por ejemplo, no conoce a ningún trovador contemporáneo.

Yunielkis Ramírez Rivero, alumna de sexto año de Cultura Física, no cree que esa apatía hacia la trova sea obligatoriamente por el boom del reguetón, aunque influya. «A mí misma no me gusta, pero la trova no me transmite nada; ni movimiento ni deseo de escucharla».

No obstante, los 20 bayameses dijeron que tal vez si hubiera mayor promoción podrían surgir inclinaciones hacia esa música.

«CAUSAS Y AZARES»

Foto: Calixto N. Llanes En la capital, la opiniones están dividas. Para Claudia Castro, estudiante del Politécnico de Contabilidad, la trova es algo diferente. «No es escandaloso como el reguetón y sus letras tienen un sentido más educativo. Los jóvenes deberían escucharla más, pero ya no ocurre como en el tiempo de mis padres cuando todos cantaban las canciones de la Nueva Trova». En el otro extremo está Anabel Fons, estudiante también de politécnico quien está consciente de que es un género que identifica a nuestra música, «pero prefiero el reguetón que es mejor para bailar, la trova ya no se usa».

Al decir de Joel Suárez, de 30 años, licenciado en Economía, el movimiento de la trova cubana se ha perdido entre los jóvenes en los últimos años. «Recuerdo que cuando era adolescente todos los muchachos del barrio nos reuníamos y escuchábamos los casetes de Silvio y Pablo, y los que tocábamos guitarra nos aprendíamos los acordes para repetirlos después en la escuela. Lo mismo podía suceder ahora si se difundiera más entre los más pequeños, pues su letra tiene más enseñanzas. Hay incluso maneras de motivarlos, pues un muchacho no puede enamorar con un estribillo de reguetón, y sí con los poemas de Silvio. Al menos con ellos yo conquisté corazones».

Si se pregunta por los trovadores preferidos de la actualidad, hay nombres que se repiten una y otra vez: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Liuba María Hevia, Carlos Varela, Frank Delgado y Gerardo Alfonso, pero también aparecen otros de ahora mismo: Polito Ibáñez, William Vivanco, David Torrens, Habana Abierta, Kelvis Ochoa...

No obstante, se pueden encontrar en la calle jóvenes que han ampliado su espectro y sitúan entre sus preferidos a representantes de las más recientes generaciones de trovadores, como Inti Santana y Antonio Berazaín. Es ese el caso de Duniesky Cantón Fernández, trabajador del estudio 12 del ICRT. «Me fascinan sus propuestas, es una especie de poesía cantada que, además, te recrea tanto que puede hasta cambiar toda la filosofía sin palabras rebuscadas».

A Carlos Díaz, estudiante de tercer año de Periodismo de la Universidad de La Habana, le sobran los dedos de las manos para seleccionar a los suyos. «Sucede que muchos trovadores parecen una masa uniforme de “metatrancosos”, y eso espanta a los jóvenes, porque se viola uno de los principios de una buena canción: comunicar». En esa cuerda se mueve su compañera de estudios, Laura Batista: «algunas canciones son inteligentes, pero otras son muy aburridas, casi ininteligibles». Mas ellos dos no son rotundos, como Mayuri Martín, quien admite que no tiene que ver nada con esa música. «No la he oído, ni tampoco le he prestado mucha atención, pues con quienes me relaciono no siguen la trova, así que no está en mi mundo».

«CANDIL DE NIEVE»

Son pocas las provincias del país que no cuentan en su territorio con una Casa de la Trova, espacio que porque surgió, entre otros objetivos, para proteger a esta manifestación y acoger a sus cultores, además de ofrecer la posibilidad de comercializar esta música y de hacerse de un público cada vez más fiel. Sin embargo, con el tiempo no todos creen que estos sitios hayan cumplido cabalmente con este propósito.

«Nuestra Casa de la Trova en Camagüey se ha convertido en un centro para los que tienen divisas. El nombre lo utilizan como pantalla porque se vende allí cualquier otra música menos la trova. Creo que se aprovechan de lo que este género significa y de su tradición», comentaba Sara Rodríguez, estudiante de Medicina de 20 años.

La camagüeyana Marta Álvarez, una señora de 58 años, recuerda que por las características de su trabajo pudo disfrutar de estos centros en otras provincias, «pero desde que comenzaron a cobrar en divisas, o a precios exorbitantes en moneda nacional, nunca más he entrado. El costo en valores, cultura e identidad es palpable. Y luego nos preguntamos por qué nuestros jóvenes gustan de otros géneros. Si no hay divulgación, lugares donde escuchar, no hay gusto posible».

Con Marta coincide Jorge Luis González, estudiante de preuniversitario. «Los lugares que han destinado para la trova ni se conocen. Nadie divulga el género, ni siquiera nuestros medios. De vez en cuando se organiza un concierto, casi todos son en la capital, y nada más. Para “empatarte” con un casete o disco hay que buscarlo con una lupa, máxime si no son de los afamados».

Reynaldo Rodríguez Martínez, vicepresidente de la AHS en Camagüey, tiene su teoría del porqué los jóvenes se han ido «distanciando» de la trova en los últimos tiempos. «A estas alturas los trovadores no podemos organizarnos, han sido muchos años luchando contra la marginación y el desamparo. Teníamos una peña una vez al mes en la Asociación, pero se ha reducido a un público casi invisible. A ninguna institución le interesa participar en los festivales que se organizan por el esfuerzo de unos pocos, al punto de que lo que discutimos en estos encuentros no trasciende. El género sí gusta en la provincia, pero no hay dónde escucharlo».

En Guantánamo la situación es similar. «La antigua Casa de la Trova, ubicada en Máximo Gómez, fue ocupada por Artex, borrándose en la provincia un lugar donde promover nuestro trabajo. Después de cinco años sin ella, nos destinaron un nuevo lugar, pero más que trova se difunde el changüí y se ha convertido en un centro donde la gente va a beber y a escuchar música grabada», apunta el trovador Miguel Ángel Sánchez Tamayo.

La historia se repite en Holguín. «Es increíble como en la Casa de la Trova Faustino Oramas (El Guayabero), no dejan entrar a los trovadores de la AHS, porque no son los músicos que recaudan más dinero», se queja el también trovador Oscar Eduardo López Fernández.

Pero López Fernández no solo achaca la actual situación a este problema. «Aunque los jóvenes seguimos cultivando la trova, y es el género que cuenta con más festivales nacionales, todo queda en el aire. Los medios no te apoyan, porque existe la creencia de que no gustamos. Se le da más importancia a géneros más comerciales. La televisión nacional tiene pocos espacios que difunden nuestra música, si en un tiempo Cuerda Viva era nuestra casa, ahora está más dedicada al rock. Así, ¿cómo vamos a ganar seguidores?

«En Holguín el apoyo ha ido disminuyendo, los trovadores de la provincia no somos conocidos».

«FIN DE FIESTA»

A Guille Vilar, crítico y director de programas musicales de la radio y la televisión, no le placen las generalizaciones. «Las personas bailan o escuchan salsa, son y reguetón, pero tienen criterios sobre las cosas, y en buena medida admiran y respetan los textos de la Nueva Trova. Lo que pasa es que no se puede pretender que un género tenga el mismo nivel de intensidad que tenía cuando surgió.

«Cuando Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y familia se dieron a conocer, había un contexto histórico en el cual ellos se ubicaron y respondieron a expectativas muy precisas, tanto, que hubo un momento en que la balanza se inclinó por la Nueva Trova. Creo que aquello marcó una época, dice el director de A capella.

«Entonces, Silvio cantó en muchos centros estudiantiles y de trabajo, así como en lugares anónimos. Lo importante es hacer, y si después llega a un destino no imaginado, pues bien. Los nuevos no deben asustarse ni cansarse, el que tiene talento, llega.

«Por otra parte, hoy las inquietudes y los tiempos son otros, y no se puede hablar de los jóvenes en abstracto, entre ese grupo generacional hay muchas categorías y tendencias», recalca el Guille, algo que reafirma Liliana González, musicóloga del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC). «Si bien el género ha tenido una participación importante en muchos procesos de la comunicación social entre los jóvenes cubanos y en su cotidianidad, no estamos frente a un fenómeno de significación homogéneo.

«No podemos englobar a los jóvenes, ni siquiera a los de una misma generación, dentro de un mismo grupo identitario. No existe un solo tipo de joven cubano, por lo que no existe una manera única de consumir esta música. Influyen los gustos individuales, las formas de entender la vida, el medio social donde te desenvuelves, los usos que se le da a la música en la vida personal... Tampoco podemos hablar de trova de manera general sin tener en cuenta las diversidades de trovadores, sus discursos y sus públicos».

Para Liliana González las condicionantes sociales siempre han influido en los procesos de significación, lo que se puede traducir en este caso como: «¿Qué realidades están enfrentando los jóvenes? ¿Qué les dice esta música? ¿Cómo los ayuda a construirse su rol o su sentido de pertenencia a la sociedad? Asimismo, la difusión ha intervenido fuertemente en los procesos de consumo, como pienso pasó con Silvio y Pablo. En otros casos funcionó más lo underground, la gestión personal del público con sus músicos, sin mediar apenas la difusión oficial.

«La trova es un tipo de canción que tiene una larga e importante historia en la música popular cubana. Y que se va redefiniendo en la medida en que la sociedad se plantea nuevas problemáticas, en la medida en que el mundo cambia sus estrategias de vida, sus formas de comunicarse, y en esto incluimos la “sonoridad” del mundo urbano. La trova no es un fenómeno estático. Ha atravesado por muchos estilos, fusiones, poéticas y discursos. Ha experimento en timbres, sonoridades, estrategias de impacto, maneras de decir que la acerquen al ciudadano de la calle que piensa y necesita expresar sus sentimientos y sus reflexiones de la vida».

Recuerda Liliana que a partir de los 70, con el Movimiento de la Nueva Trova se ganó una audiencia importantísima, y que el primer impacto social que tuvimos como muestra de ello fueron los espacios participativos que el género ocupó: estadios, plazas abiertas y otros, que concentraron un público masivo que consumió esta música —fundamentalmente a Silvio y Pablo— no solo en vivo, sino a través de los álbumes que se grabaron y difundieron por todos los medios de comunicación.

«Ahora bien, los trovadores jóvenes muestran movimientos bien marcados. Por una parte, los de Puntal alto o A guitarra limpia se reúnen en torno al Centro Pablo, en la capital. Están dentro de una escuela que sigue la tradición del trovador y la guitarra, de preservar una lírica de pura descarga cantable y hacer textos “originales”, experimentando con lo que la tradición les ha dado. Y ellos tienen sus espacios ya concebidos y su público, que fundamentalmente está integrado por una ola de jóvenes trovadores. Sin embargo, tenemos otros que buscan otro tipo de fusiones, con una escena más alternativa, con una descarga más bailable —hasta rapeada a veces—, acudiendo a todo tipo de discurso que genere matices, y en eso está su manera de trovar, he ahí los Interactivo, los Habana Abierta, y muchos otros con propuestas similares. Y estos logran públicos mayores, porque interpelan desde una mayor cantidad de recursos. Desde lo corporal, la letra, el sonido urbano y la tradición del decir del trovador».

A decir de la especialista lo importante «es que no se ha dejado de trovar. Que la guitarra (amplificada o no, sola o con banda) es el sonido de expresiones identitarias muy fuertes, que aun cuando pasen a formar parte del discurso de otros ya no tan jóvenes, es siempre un discurso generado, resignificado y alimentado desde la preocupación de los más jóvenes dentro de la sociedad cubana».

«PA’ ILUMINARTE»

A Lino Betancourt, periodista e investigador, acudimos para escuchar su opinión: «La incidencia que tiene la trova en la juventud es manifiesta. Si vamos a una escuela al campo o a los preuniversitarios, es posible que encontremos a un joven cantando con una guitarra, rodeado de muchachos como él escuchándolo. Porque la trova es una manifestación idónea para que las nuevas generaciones expresen sus ansiedades espirituales. No se concibe que alguien le cante sus amoríos a una chica, al paisaje cubano, o haga un homenaje a un mártir, sin acudir a ese estilo. Es decir, que trova y juventud han marchado unidos en el mundo y en el tiempo, no solo en Cuba.

«Actualmente los trovadores no tienen un espacio fijo donde reunirse, y aunque exista el Centro Pablo, las casas de la trova en algunas provincias y los espacios que brinda la Asociación Hermanos Saíz, son todavía insuficientes», asegura el autor de textos como Compay Segundo y La trova en Santiago de Cuba, ensayo de aproximación sobre el tema que será presentado el venidero 26 de mayo en el Sábado del Libro del Palacio del Segundo Cabo.

«En las ediciones del Festival Nacional de la Trova Pepe Sánchez, celebradas en Santiago de Cuba desde 1974 —del cual soy fundador y uno de los pocos que se mantiene asistiendo—, pocas veces se escuchan obras de la Nueva Trova, no existe la presencia de esos muchachos, lo que sí sucede en otros espacios. Esto se evidencia también en la radio, donde hay emisoras que mantienen programas sobre el género, aunque no es algo numeroso.

«Cuando decimos trova nos vienen a la mente dos nombres: Silvio y Pablo, figuras cimeras de la manifestación que marcaron una época. Pero y los demás, ¿no son trovadores también? Hay una pléyade inmensa en el país de estos músicos que son casi desconocidos. Pienso que hay una mala interpretación del concepto de trova. El género no solo postula la inspiración sobre determinadas situaciones políticas y sociales, sino también es una expresión romántica y un culto a los héroes y mártires. Y todo esto parte de la vivencia de los jóvenes trovadores, que se inician cuando son adolescentes y los vemos aferrados a esa música aún en la vejez. Por tal razón, la incidencia de la canción trovadoresca en la juventud es eterna».

*(José Luis Estrada Betancourt, Yelanys Hernández Fusté, Osviel Castro Medel, Yahily Hernández Porto, y Mayte María Jiménez, Sonia Pérez Sosa, Daymaris Taboada Moreno y Diana Zaragoza Polo, estudiantes de Periodismo)

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