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Cervantes: en el clima de los sueños

Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar se alzó con el Premio del Ministerio de Cultura de España al libro mejor editado en ese país. El artista cubano José Luis Fariñas regaló sus ilustraciones a esas páginas

Autor:

Juventud Rebelde

Una edición para bibliófilos y coleccionistas, de Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar, de María Teresa León, preparada por Liber Ediciones, sin otra meta que la excelencia del resultado, nació recientemente en un taller de ambiente medieval en la ciudad de Pamplona. Y aún cuando olía a tinta, acuarela y grafito, a papel recién creado, se alzó con el Premio del Ministerio de Cultura de España al libro mejor editado en ese país, durante el 2007, en el apartado de Bibliofilia.

Su ilustrador, el artista cubano José Luis Fariñas, acompaña en esta aventura a la escritora, quien sintió un intenso amor por Cervantes y descubrió desde muy joven que para ella escribir se convertiría en una «enfermedad incurable». Este conocedor del mundo cervantino, que de tanto dibujarlo se le parece cada día más, recrea y enriquece el texto con 83 dibujos litográficos y 12 serigrafías a todo color. Fariñas (y hago mías aquí las palabras de la conocida novelista Almudena Grandes, en el prólogo del libro) «prolonga la libertad de María Teresa al imaginar a Miguel como un Alonso Quijano armado de pluma, viejo y derrotado, cargado de amargura y sin ganas de batallar, como antes lo había pintado en versos León Felipe. Un Cervantes Quijote, que se nutre de la gloria del personaje que él mismo ha creado en una interpretación delicada y sugerente, que se instala en el clima de los sueños».

El destacado dibujante, pintor, narrador y poeta crea un universo paralelo y fascinante, pleno de símbolos e imaginerías que palpitan en cada una de las páginas de esta joya del mundo editorial, presentada el pasado mes en la Biblioteca Nacional de España. Es la segunda vez que Fariñas ilustra este texto clásico de María Teresa León: primero fue la edición de Gente Nueva (2005) y ahora la de Liber Ediciones (2007). En ambas unifica en versiones diversas en un solo ícono al Quijote y a su autor.

—¿Cuáles son las principales diferencias entre el Cervantes Quijote creado para una y otra edición?

—Esta segunda versión mía de un conjunto de imágenes para ilustrar el texto de María Teresa León posee un formato y soporte diferentes a la que hice para Gente Nueva, pues las acuarelas fueron trabajadas teniendo en cuenta estas nuevas dimensiones y diferentes materiales, técnicas y fines editoriales específicos de Liber Ediciones. Fue a partir de la edición cubana que realicé el primer estudio del texto y establecí las claves expresivas para el mundo visual, que luego perfeccioné y extendí, y que ahora ilustra nuevamente esta poética biografía. A la luz de las recomendaciones técnicas de mi madre, Juana García Abás; del apoyo y comentarios de Aitana Alberti (hija, precisamente, de la autora del libro y Rafael Alberti); del ensayo esclarecedor de Fina García Marruz y de la experiencia en ediciones de arte para coleccionistas del equipo de Liber Ediciones —muy en particular, de la sabiduría de su editor Juan José Izquierdo Broncano, como guía—, se fue entramando este cuidadoso trabajo que es el resultado de una colaboración múltiple que ahora vemos transformada en este singular libro de arte.

«No hubiese logrado emprender este empeño sin mis colaboraciones durante años con la Revista Unión, en los primeros años de los 90; con La Gaceta de Cuba, el Instituto Cubano del Libro (ICL); la editorial Letras Cubanas; así como con El Caimán Barbudo y la Casa Editora Abril, que por entonces publicó la primera edición de El Diablo Ilustrado.

«Circunloquio, editado por Letras Cubanas, y El Diablo Ilustrado, por Abril, fueron para mí las piedras fundacionales de un trabajo cuyos horizontes expresivos últimos desconozco. Ambos me hicieron sintetizar mis figuraciones y variar la dinámica hasta reflejar de algún modo los textos poéticos. El Diablo Ilustrado fue el feliz empeño de ilustrar un libro que crea un personaje misterioso y vital, con una ética luminosa. Es en ese diálogo casi alquímico que nacen, entre texto e imaginería, mis ilustraciones. También contribuyeron a mi formación algunos trabajos con Casa de las Américas, como el exquisito libro que es la antología de la poesía de Cardenal. Todas estas labores permitieron que ampliara los horizontes del arte del libro. No puedo dejar de recordar los momentos especiales en los que he tenido la fortuna de colaborar con la Jiribilla y su dinámico grupo, y con Juventud Rebelde a quienes agradezco la posibilidad de comunicarme con los lectores jóvenes. Mucho me enriqueció haber compartido el minucioso trabajo que se realiza en la revista Opus Habana, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, publicación que es una joya para coleccionistas. Fue precisamente gracias a la excelencia de esa revista, que el editor de Liber Ediciones, al ver reproducidos allí dibujos y pinturas míos, pensó en mi arte para ilustrar algunos de sus libros para bibliófilos».

—A la calidad de las ilustraciones debe Liber Ediciones en buena medida el premio recibido por la edición de Cervantes el soldado que nos enseñó a hablar.

—Eso es cierto solo en parte, pues no se puede obviar que la edición es exquisita desde el tipo de papel hasta la concepción de los estuches y las láminas como sueltos, así como la delicadeza de las impresiones de textos, serigrafías y grabados. Los detalles fueron cuidados al máximo. Trabajar con Liber Ediciones ha sido parte de esas confluencias de la perseverancia con los laberintos de la imagen que cristalizan en un libro singular.

—¿Cuánto te ha aportado como profesional ilustrar esta edición de lujo para bibliófilos?

—Trabajar con el colectivo de Liber Ediciones ha redondeado mi visión de lo que editar un libro de arte de esta naturaleza posee de proteico y de prolijo. Es una labor que exige gran paciencia, amor y perseverancia. Allí se trabaja sin prisa, con materiales óptimos y una máxima entrega a la consecución de la mayor calidad posible. Como decía Kafka, allí la impaciencia vendría a ser el peor de los pecados. Se comprueba entonces la necesidad de un vínculo dinámico entre los ejes de este delicado engranaje. Crear un libro con estas características es un reto. De ahí su raigambre en la tradición de las antiguas imprentas, donde el clásico combate entre el demonio y el hombre de fe se renueva en cada letra impresa, ilustración, viñeta o capitular que abren paso hacia las inquietantes arboledas de la palabra. Las editoriales cubanas, si bien con más apremio, tienen la fortuna de poseer la esencia de este espíritu solidario de taller, lo cual es imprescindible para obtener resultados loables.

—El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, forma parte de tu mundo visual desde hace muchos años. ¿Cuánto hay realmente del Quijote y de ti en los dibujos que haces?

—Desde mi infancia me relacioné con las viñetas inaugurales de El Quijote. Luego tuve en mis manos la versión de Doré en su edición príncipe, que me permitió relecturas del texto y las ilustraciones. También repasé las series realizadas por diferentes artistas sobre este personaje. Mi madre y Sarah Ysalgué influyeron profundamente en mí con sus comentarios acerca de Cervantes y del personaje Don Alonso Quijano. Tanto en las ilustraciones para Gente Nueva, como en las realizadas para Liber Ediciones (esta última ya con mayor entrenamiento de mi parte, el tiempo suficiente y la técnica de reproducción específica requerida por mis acuarelas), pretendí una versión donde Cervantes y Don Quijote conformasen una totalidad de misteriosa síntesis. Quise expresar mis angustias y fe en las figuras de Quijote y Cervantes imbricadas en esa simbiosis que la autora establece, y a la que responde mi interpretación de lo que esa obra simboliza con su eticidad y amargura gracias al humanismo cervantino. María Teresa León nos descubre a Cervantes en el Quijote y al Quijote en Don Miguel. Me identifico con el afán de justicia y la cordura sublimada del andante caballero. Con mi Cervantes quijotesco pretendo echar a andar otro símbolo en la búsqueda constante del bien.

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