La actriz Jacqueline Arenal desea actuar para el público cubano

Aunque está contratada por el canal RCN de Colombia, acaba de realizar en La Habana la producción de una obra de teatro infantil

Yelanys Hernández Fusté
yelanys@juventudrebelde.cu
5 de Agosto del 2007 1:24:26 CDT

Foto: Franklin Reyes

La puesta en escena de El perro que decía groserías, obra que durante todo el mes de julio propuso el teatro de muñecos Okantomí en la capitalina sala Adolfo Llauradó, fue una suerte de encuentro con Jacqueline Arenal.

Desde hace algún tiempo la conocida actriz cubana, muy recordada en la pantalla chica por la Verena de Tierra Brava, o la doctora Marcia de Si me pudieras querer, figura en las telenovelas del canal colombiano RCN, y ha conquistado a los televidentes del país sudamericano con personajes como la Yoli de Los Reyes.

Aunque el contrato con esa televisora la mantiene alejada de los espectadores cubanos —quienes tampoco la olvidan en sus actuaciones con los grupos teatrales Irrumpe y El Público, y en filmes como El siglo de las luces y Miradas—, Jacqueline afirma que ha establecido una nueva vinculación con nuestro público, y es a través de la producción de obras teatrales.

«Esta parte me está interesando mucho, porque los actores pensamos que solo podemos actuar. Este trabajo me brinda la posibilidad de hacer cosas que dentro del escenario resultan difíciles, y desde aquí las puedes comunicar y apoyar», aseguró a Juventud Rebelde.

«Para el estreno de El perro que decía groserías, por ejemplo, me encargué de la grabación completa de la puesta, así como de garantizar todo lo que de producción se trató».

—¿Cómo llegaste a actuar para un público que, como has expresado, es «ajeno a mi vida y yo ajena a la suya»?

—Trabajo en Colombia desde hace casi tres años, porque a Cuba vinieron a hacer un casting para la telenovela Los Reyes, la cual me tomó dos años. Luego pidieron que me quedara otro año con una exclusividad para intervenir en un proyecto que debo comenzar en septiembre.

«Se trata de una telenovela que se hará en coproducción entre Colombia y Argentina y se grabarán algunos capítulos en Bogotá y otros en Buenos Aires. Eso es lo más inmediato.

«También estuve trabajando con ellos en una serie que me gustó mucho y se llamó Mujeres asesinas, sobre casos reales de mujeres que por distintos motivos han sido asesinadas. A mí me tocó uno de esos capítulos, muy similares a los teleplay, y lo hice justo antes de venir para acá».

—¿Piensas incursionar nuevamente en el cine?

—Tengo en Colombia dos propuestas que todavía no se han materializado, cuyas convocatorias han sido presentadas buscando un poco el dinero para hacer la producción de las mismas.

«Una de estas películas está basada en la obra de Gabriel García Márquez, Del amor y otros demonios, y se va a grabar en Cartagena. Es un personaje maravilloso: la madre de la niña de 14 años que narra la cinta y resulta muy probable que sea dirigida por una directora costarricense.

«En la otra, estaré bajo las órdenes de un joven director colombiano que presentó a un concurso el guión titulado García, y el premio consiste en la producción del largometraje. Es una historia entre dos personajes, un cine muy intimista. Espero que eso también sea posible, porque extraño al séptimo arte».

—Muchos actores hablan de la importancia de saber escoger los personajes. ¿Cómo prefieres los tuyos?

—La verdad es que los negativos son los más ricos. Con ellos me he ganado más fácilmente al público. Están escritos con una cantidad de matices y aristas que resultan más interesantes que los positivos, aunque por supuesto hay cosas maravillosas en la dramaturgia para personajes que son heroínas y demás.

«En Colombia hice un personaje sumamente popular, buena persona, en un tono absoluto de comedia, algo que no había explorado nunca. Me dio mucho miedo, porque era llegar y hablar con un determinado acento y meterse dentro de la historia de un personaje muy típico, una campesina de ese país sudamericano.

«Al ponerle un tono de humor, las interpretaciones positivas cambian y se convierten en otra cosa. Claro que fue bueno explorarlo, porque también creo que a veces los personajes buenos no están bien concebidos. Sin embargo, tengo un encariñamiento con los malos. Es algo que me ha gustado hacer hasta ahora».

—¿Extrañas las telenovelas cubanas?

—Mucho. Obviamente en Colombia hay una excelente producción de novelas, pero están hechas muy en base a la técnica, y yo extraño mucho el modo en que se trabaja en la Isla.

«Echo de menos el teatro; he estado aquí en varias ocasiones y actué junto al grupo Okantomí, directamente con mi hermana Marta Díaz Farré, en El pequeño príncipe. Fue la primera vez que lo hacía estando fuera.

«El escritor de la obra El perro..., el colombiano Enrique Carriazo, me decía que es una cosa mágica lo que pasa en nuestro país con el trabajo. Habitualmente la gente en el mundo entero lo hace por dinero, y algunos de nosotros también lo hacemos cuando trabajamos en el extranjero, pero aquí es distinto. Como ese sentimiento interior, no lo he vuelto a encontrar.

«Aunque lograr una propuesta como la que he realizado con RCN, le insufla ilusión a una. Ha sido una televisora que me ha dado oportunidades maravillosas, como esta última telenovela, que disfruté mucho».

—Entonces, ¿cuándo te veremos nuevamente en la pantalla nuestra?

—Lo ideal sería hacer cosas tanto en Cuba como allá. Siempre estoy deseosa de no perder el contacto con el público de mi país, aunque ha sido muy difícil, porque los trabajos que he realizado allí tuvieron una larga duración y un compromiso de tiempo casi absoluto.

«Espero que a partir de ahora sea posible hacer ambas cosas. Sé que hay actores que lo han logrado y por eso me interesa que se sepa, porque a veces una está unos meses sin hacer nada y sin propuestas tampoco. Muchos piensan que me he ido definitivamente y no ha sido así».

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