Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Un producto memorable de la industria audiovisual norteamericana

Ganadora del Emmy y el Globo de Oro, se ha convertido en fenómeno cultural, sociológico, sicológico y  de reflexión para millones de mujeres y sus maridos

Autor:

Joel del Río

Esposas desesperadas cuenta sobre mujeres que creyeron haber encontrado la dicha suprema en la vida doméstica, mas de pronto se descubren sombrías, irrealizadas y capaces de hacer cualquier disparate por resolver las monumentales insatisfacciones que las dominan. Numerosos lectores, amigos y conocidos se han aficionado sobremanera a la serie tragicómica norteamericana Esposas desperadas (en inglés Desperate Housewives; Canal Educativo, once de la noche más o menos, porque nuestra TV no se caracteriza precisamente por la puntualidad) y me piden un comentario al respecto. Pero como no he visto todos los capítulos, ni dispongo de conocimiento exacto sobre la popularidad y los índices de gusto de la serie en Cuba, pues me propongo más bien caracterizarla en sus líneas esenciales, para que puedan conectarse con ella quienes no estaban al tanto de lo que ha pasado en este suburbio llamado Wisteria Lane. También me propongo avanzar algunos criterios sobre lo que he visto, que no es todo, insisto.

Antes de entrar en los misterios del suburbio, quisiera mencionar algunas misivas de lectores respecto al tema de las telenovelas y las series en esta programación de verano: algunos me escribieron muy irritados con mi crítica sobre Cabocla (decidieron estacionarse en los fuertes epítetos negativos, pero se saltaron otros momentos del trabajo en los cuales pretendía reflexionar sobre los valores culturales de las telenovelas romántico-históricas de esta guisa, a pesar de cuán soporíferas y empalagosas pueden resultar algunas); otros me conminan a que aborde la pésima política de programación con el culebrón argentino titulado Alas, poder y pasión, que salió al aire por el Canal Habana (invisible en buena parte de los hogares incluso capitalinos) y cuando se retransmite a petición del respetable, para que sea visto mayoritariamente, entonces se le somete a horarios imposibles de seguir con asiduidad, porque conllevarían la absoluta vigilia de los interesados durante toda la programación de verano.

A los anteriores señalamientos se unen los de varios lectores, muy jóvenes y lúcidos, quienes me suplican, o me exigen, que emplee los mismos rigores críticos de Cabocla con la telenovela cubana (no preocuparse, que cumpliré muy pronto vuestra petición) y con la interminable Montaña rusa, la cual no cumple, según atestiguan varios lectores, ningún valor artístico ni de orientación social ni de conocimiento del mundo, y solo se dedica a explotar hasta el infinito la incomunicación intergeneracional y las crisis o conflictos de los jóvenes y adolescentes. Así, prescinde del razonamiento, la reflexión, la coherencia o las ideas básicas que permitan entender cuál es el sentido global de este dramatizado, adónde va, qué quiere decirnos, por qué han empleado tantas infinitas horas en la reiteración inmisericorde, y sobre todo, con qué propósito nos castiga de esa manera nuestra televisión cuando muy bien pudo someterse a una edición que redujera y compactara. No entiendo por qué se cortan fragmentos en algunas películas o teleseries (el caso más reciente, pero de ningún modo el único, fue la casi supresión del amor lésbico entre dos personajes de mediana importancia en Señora del destino) mientras que otros productos se dejan languidecer sin que se tome alguna medida.

El Emmy y el Globo de Oro ya están entre los primeros premios ganados por el elenco de esta famosa serie. Esposas desesperadas sí dispone de un buen horario de acuerdo con su contenido, plenamente adulto, a veces violento y sexual. Hay múltiples escenas que representan una «tentación» al tijeretazo de quienes simplifican la capacidad intelectiva del público cubano y deciden, desde estrechos prejuicios morales, qué cosa debemos ver o no. El guionista Marc Cherry caminó con su libreto bajo el brazo por varias televisoras hasta que le «dieron bola» en la ABC, interesada en explotar el filón de los seriales femeninos luego del éxito en HBO de Sex in the City. La multitrama ideada por Cherry acontece totalmente en este barrio imaginario, pero también típico de la clase media-alta, pues existen copias al calco en casi todas las ciudades norteamericanas. Casas señoriales de dos o tres plantas, rodeadas por un césped perfectamente podado, garaje y piscina ocasional. Pero por detrás de esta superficie pulida y confortable, abundan los matrimonios en crisis y las familias disfuncionales, adulterios y mentiras, suicidios y asesinatos, intrigas e ignominias de casi todos los tipos imaginables, que serán descritos por el guionista en esta serie formidablemente hilvanada.

No ocurre aquí como en otros seriados, que van tomando cuerpo poco a poco y conquistan mayor audiencia en la medida en que se acrecienta el interés de los problemas o personajes presentados. El primer capítulo ya era una obra maestra de la narración televisiva, cuando en escenas muy cortas se presenta el suicidio de la que será una de las cinco «esposas desesperadas», un personaje ausente-presente, pues su voz acompañará toda la serie, como comentadora y prologuista de cada capítulo. Además, las causas del suicidio serán la intriga principal que le concederá unidad a buena parte de los primeros 25 ó 50 capítulos, y las cuatro amigas de la suicida, verdaderas protagonistas de la serie, serán presentadas en esa primera entrega mediante dos elementos que la serie ha conservado a lo largo de su desarrollo: diálogos ingeniosos, casi fulgurantes, y acciones desesperadas, extremas, de los personajes por ocultar un secreto, revelarlo, conseguir lo que se desea o conservar lo que se posee. A medida que la serie avance se irán revelando detalles, matices y antecedentes, que en algunos contribuyen a presentarlos como gente real, común, de carne y hueso, y en otros momentos pareciera que el guionista se divierte presentando pistas falsas y actos equívocos, en su empeño por mantener muy en alto el interés del espectador, particularmente hacia el final de cada capítulo.

También debe apuntarse que con cierta frecuencia el sostenimiento de la trama policíaca, y de acciones más o menos espectaculares, que estimulen inevitablemente el interés de la audiencia, suele traicionar el diseño esencial de algunos personajes principales. Dicho de otra manera: los elementos policiaco-criminales, y en menor medida el melodrama, a veces diluyen los poderes y la profundidad tanto del retrato psicológico como de la crítica de costumbres. Vale la pena recordar que Esposas desesperadas juega a la crudeza y el criticismo, pero lo que más le interesa al guionista, y a todos los implicados en este proyecto, no es otra cosa que situarse en la cresta de la popularidad, y realizar otro buen producto, profesional y bien empacado, que se añada a la muy larga saga de pasatiempos que aporta la televisión norteamericana al por mayor, estilo producción artesanal. Hemos visto últimamente, en pantallas grandes o chicas, algunos popularísimos ejemplos como Expedientes X, CSI, Lost y Prison Break. Conste que estoy tratando de precisar la índole de este tipo de series, más que de evaluarlas de forma negativa justo por ser como quisieron sus realizadores que fueran.

Finalmente, presentemos a los personajes, como prometí que iba a hacer al principio de este texto, solo para tratar de motivar a quienes todavía no estén enganchados: Susan Mayer (Teri Hatcher) es la divorciada, profesional del dibujo que trabaja en su casa, independiente, curiosa, sensual, susceptible, torpe, un tanto irresponsable, y la menos aburguesada de las cuatro protagonistas, al igual que su vecina inmediata, Lynette Scavo (Felicity Huffman, una de las mejores actrices de la serie), ama de casa feliz con su esposo, pero frustrada en tanto no pudo continuar una exitosa carrera como mujer de negocios, por dedicarse a la crianza de cuatro exigentes criaturas, de modo que se ha convertido en alguien amargada y quejosa, entrometida y monotemática, sabelotodo y demandante. Muy cerca habita Gabrielle Solís (Eva Longoria), una ex modelo de origen mexicano, concupiscente, egoísta, tramposa, materialista, práctica y escaladora, pero cada uno de esos «defectos» se verán combinados con rachas ocasionales de generosidad, responsabilidad, autosacrificio y espíritu solidario, que irán apareciendo bajo la presión de las circunstancias. Y está Bree Van de Kamp (excelente Marcia Cross), ama de casa de apariencia perfecta y hogar impecable, pero su matrimonio con un médico exitoso, padre de sus dos hijos, se desmorona sin remedio, por incompatibilidad sexual y de caracteres. Bree tiene una voluntad de hierro, sobre todo para mantener las apariencias; es vengativa, exigente, gélida, impenetrable, resuelta y despótica, pero tampoco le faltan numerosos instantes cuando se devela infinitamente desdichada, tierna, vulnerable, necesitada de libertad, comunicación y desahogo.

Son los cuatro sujetos femeninos, y destinos principales, sobre los cuales descansaron las tres temporadas de esta teleserie (2004-2005, la primera temporada; 2005-2006, la segunda; 2006-2007, tercera; y en septiembre se inicia la cuarta temporada; asegura el escritor que el material originalmente escrito alcanza cómodamente para sostener al aire al menos siete u ocho temporadas, y cada una tiene un promedio de 23 capítulos) y en rededor de este cuarteto, de sus familias y relaciones, se desarrolla la famosa teleserie que ha ganado algunos de los principales galardones a su alcance (el Emmy y el Globo de Oro), y se ha convertido en fenómeno cultural, sociológico, sicológico y motivo de reflexión para millones de mujeres, y sus maridos, en el mundo entero, principalmente en Estados Unidos.

A pesar de que a medida que avanza la acción, los personajes, es decir, el guión, se va desconectando de referentes más o menos concretos, realistas y desacralizadores (que tanto la beneficiaron en un principio) para derivar hacia ciertos esquemas embellecedores; con todo y que se cargan demasiado los tintes —hasta desfigurar un tanto las características inherentes a los personajes originarios— en los secretos, escándalos y tendencias delictivas, o inmorales, de estas cuatro mujeres, sus familias y los nuevos personajes que arriban, Esposas desesperadas es un producto memorable de la industria audiovisual norteamericana, una historia a ratos cómica, y otras veces dramática hasta el estremecimiento, siempre motivadora. Aquí se cuenta la vida de unas cuantas mujeres que creyeron haber encontrado la dicha suprema en el hogar, el matrimonio, los hijos y la vida doméstica, pero de pronto se descubren sombrías, irrealizadas, capaces de hacer cualquier disparate, acto heroico, admirable o detestable, sin idealizaciones ni fetichismos, por resolver las monumentales insatisfacciones que las dominan, ya sea al nivel de los tacones y la ropa de noche, o de las chancletas y la bata de dormir. Pero cuando una mujer se desespera, todo puede hundirse y naufragar. Aquí se muestra con elocuencia la hondura de tales abismos.

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