Leer también es un placer - Cultura

Leer también es un placer

Se extiende a todo el país la feliz idea de combinar sol con sabiduría. Miles de libros han sido vendidos en este período estival

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Calixto N. Llanes Es fascinante el interés que durante este verano ha despertado la lectura en todos los públicos. Niños, niñas y jóvenes, fundamentalmente, revolotean por doquier acompañados de un buen libro, gracias a la feliz idea de combinar sol con sabiduría, impulsada por el Instituto Cubano del Libro (ICL) y la UJC Nacional.

La poesía, los cuentos, las novelas y otros géneros literarios se han adueñado de plazas y calles, y es frecuente encontrar un toldo improvisado a la vuelta de la esquina, como parte de una campaña que comenzó en la capital el pasado 6 de julio y ahora se extiende por todo el país.

Sin embargo, si bien existe una tendencia creciente a comprarlos, es una realidad que los lectores más jóvenes sufrieron los efectos de una industria del libro deprimida como consecuencia de la situación económica que se vivió en el país en los años 90. Y esto, sin lugar a dudas, produjo una ruptura en el hábito de lectura que no se resuelve solo imprimiendo miles de ejemplares.

«Quizá la ruptura no fue exactamente con el hábito de lectura, sino con la posibilidad de una actualización más sistemática, relacionada, efectivamente, con el descenso de la producción en esa etapa. En el año 1993 esta llegó a reducirse 25 veces con respecto a las cifras anuales alcanzadas durante los años 80.

«Fruto de las inversiones realizadas por el país, en los últimos años, la cifra promedio de ejemplares producidos anualmente supera ya lo alcanzado antes de comenzar el Período Especial», expresó a JR Fernando León Jacomino, vicepresidente del Instituto Cubano del Libro (ICL).

«Debemos tener en cuenta la acumulación cultural que han generado los 48 años de cultura y educación propiciados por la Revolución, que aun en los años más difíciles del período especial continuó formando generaciones de lectores y mantuvo viva la relación de nuestro pueblo con la lectura. Además, muchos de los hogares cubanos contaban ya con bibliotecas al inicio del período especial, resultantes de más de 30 años de producción editorial ininterrumpida y orientada hacia lo mejor de la literatura cubana y universal.

«Estos factores contribuyeron en gran medida a que los millones de ejemplares que hace hoy el país encuentren respuesta en ese lector, con un hábito de lectura ya formado. Y explican por qué el lector cubano ha sobrevivido a la enorme contracción editorial de los 90, y cómo, en el caso de la Feria Internacional del Libro (FIL), cuando se produce el salto de los 500 000 ejemplares puestos en circulación en el 2001 a los cinco millones disponibles en el 2002, reapareció aquel receptor que no había perdido su expectativa que respondió muy favorablemente a esta nueva estrategia, impulsada decisivamente por Fidel».

—La industria cultural en Cuba (en este caso la del libro) aparentemente sigue funcionando de Feria en Feria. ¿Es así? ¿Cuáles son las razones?

Fernando León Jacomino. Foto: Albert Perera —Lo primero que habría que plantearse es cómo funciona entre nosotros lo que llamas la industria cultural del libro. No estamos hablando aquí de una estrategia comercial cuyo desarrollo dependa de la cantidad de dinero que se ingrese, sino de una política muy clara encaminada a potenciar el sentido cultural de lo que se publica.

«Hoy todos los libros que ponemos en circulación en moneda nacional implican un gasto significativo en divisas y se venden a precios inferiores a su costo de producción, lo que constituye una expresión de la importancia que el país concede al tema, aun cuando las materias primas que se emplean en la producción poligráfica (especialmente el papel) se han encarecido sustancialmente, como resultado indirecto del incremento de los precio del petróleo.

«Hay, además de la Feria, otro momento en que ocurre una gran explosión de libros en Cuba. Me refiero a los meses de agosto y septiembre y a los textos destinados a la educación que llegan a cada una de las familias cubanas y que, a diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo, no se hacen acompañar de grandes campañas promocionales, dado que no se producen con afán de lucro, sino como parte de un sistema que incluye la entrega gratuita de estos materiales, imprescindibles para el proceso de aprendizaje.

«La producción poligráfica destinada a la Feria se concreta con un enorme esfuerzo productivo y material en imprentas que deben asegurar otros programas educativos y culturales de importancia para el país, lo que implica la estacionalidad de una parte de la producción, que alcanza su momento pico de distribución y comercialización durante la FIL, espacio en el que, efectivamente, se concentra el mayor número de novedades editoriales, pero que no es el único, pues a lo largo del año las editoriales continúan presentándolas.

A esto se suma el creciente interés de nuestros autores porque sus libros sean presentados y promovidos durante este acontecimiento cultural, que se extiende por todo el país durante casi 40 días y goza de un espacio en los medios de difusión que es imposible mantener durante todo el año.

«Existen espacios como el Sábado del libro y otros dedicados a la promoción del la literatura y de la lectura en general. Hay quienes elogian el sistema de novedades de lugares como España. Nosotros hemos importado de allí cientos de miles de libros de saldos, como es el caso de las colecciones Tecnos, Mitos poesía y Alianza cien (que promueven a grandes pensadores, poetas y narradores), porque pasado poco tiempo a sus editores les resulta más caro pagar el espacio de almacenamiento que ofertárnoslos a precios muy bajos o incluso gratis.

«Todo esto argumenta a favor del lector cubano y en contra de ese mercado que a veces es celebrado ingenuamente, sin hablar del carácter puramente comercial de gran parte de lo que se publica. Eso no quiere decir que no tengamos aun muchas reservas en la promoción de los libros que hacemos y distribuimos a las 342 librerías que prestan servicio a la población en todo el país. Un ejemplo que ilustra muy bien lo que intento explicar es La noche de los libros, celebrada el pasado 6 de julio en la calle 23 de la capital y en la que se vendieron más de 40 000 ejemplares de los mismos títulos que habitualmente están en las librerías. Libros sobre medicina, teatro y arte, que supuestamente son menos demandados, se agotaron completamente en apenas 5 horas».

—¿En qué nuevos proyectos para fomentar el hábito de lectura se trabaja? ¿Que posibilidades existen de extender ideas como la de los cafés literarios?

—Creo que tenemos un gran espacio por recorrer en la promoción de la lectura como placer, en sus posibilidades para acompañar los momentos de ocio y funcionar como una opción cultural enriquecedora que exige como único aliado la imaginación.

«Contamos con cuatro cafés literarios en la capital, tres en la avenida 23 y otro en el Balneario Universitario, ubicado en 1ra. y 42, en Playa; y sabemos que ciudades como Bayamo, Santa Clara y Holguín se han sumado a esta iniciativa, de probada efectividad.

«Es nuestro interés inaugurar locales como estos en varias provincias como una de las vías posibles para insertar el libro en la vida cotidiana y contribuir a crear nuevas opciones recreativas en torno a la lectura. G-Café, por ejemplo (aun cuando la oferta gastronómica no siempre ha sido estable) permanece repleto, sobre todo de estudiantes universitarios y de jóvenes en general y realiza una cifra considerable de préstamos en la semana, incluyendo varias de nuestras principales revistas culturales.

«Durante el verano hemos ensayado nuevas maneras de incentivar el hábito de lectura que han gozado de gran aceptación popular. La noche de los libros, por solo mencionar un ejemplo, nos demostró que la lectura está muy relacionada con la idea del crecimiento y la elevación de la calidad de vida por la vía del conocimiento y no del consumismo. Frente al american dream que nos vende la aspiración del carro del año y un número siempre creciente de artículos y accesorios que nos darán la ilusión de superioridad como individuos, la lectura brinda la posibilidad de comprender cada vez mejor el mundo en que vivimos, de disfrutar de lo mejor de la creación humana. Somos un país pobre y bloqueado que concibe la lectura y el libro como fenómeno de masas, precisamente porque lo vemos como parte esencial de la alternativa social que construimos».

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