Los niños son mis críticos, afirma Rosa Campo - Cultura

Los niños son mis críticos, afirma Rosa Campo

JR conversa con la cantautora de música infantil cienfueguera la cual es autora de títulos como Maní, Amanecer feliz y Chivirico

Autor:

Oni Acosta Llerena

La popular cantautora de música infantil de Cienfuegos, Rosa Campo, vino a La Habana para cerrar el verano 2007 en el Pabellón Cuba, en una fiesta convocada por la casa discográfica Bis Music, productora de varios de sus discos, como el que este año presentó la colección Música y Color. JR aprovechó para entrevistar a la autora de Maní, Amanecer feliz y Chivirico.

—Rosa, ¿está satisfecha con esta idea de unir música y libros (colección Música y Color)?

—Una idea fabulosa, una iniciativa que une dos preferencias de los niños: la música con sus tonos, con los arreglos adecuados, con los temas que a ellos les interesan y, por otra parte, un complemento importantísimo como un libro para que, precisamente con los personajes de los cuales hablan las canciones, puedan colorear a su gusto. Es algo así como un dulce, una golosina, pues no hay cosa que les guste más que acostarse en el piso y empezar a dibujar o a colorear. Si además de hacerlo, va escuchando música...

«Esa combinación es muy inteligente, y lo aplaudo. Te confieso que estoy loca por colorear yo también. Felicito a Ela Ramos, gerente general de Bis Music, por hacer realidad un sueño tan lindo, por darle a los niños un espacio grande, que no se quede solamente en la ropa o en las chucherías y caramelos que les damos en la casa, sino que tengan a mano herramientas para desarrollar la fantasía».

—El año pasado también hubo una iniciativa de la productora Mayra García de reversionar Maní. Indudablemente esto ayudó a conocer aún más esta canción pero atizó la polémica...

—Sabía que sucedería, porque esta canción es una de las clásicas de mi repertorio y era conocida. El riesgo era saber si aún interpretada por una cantante tan popular como Haila, pudiera gustar en versión de reguetón. Mira, está pasando que los músicos están tomando lo bueno y dejando lo malo de cualquier tendencia que llega, y en ese sentido el reguetón como género es innegable. Y los niños escuchan todo tipo de música, porque uno no puede meterlos dentro de una campana.

«La idea de Mayra era que ellos tuvieran una versión de una canción que quieren mucho, para que, inclusive en sus fiestas, pudieran escuchar este tema con un ritmo de moda, y que a su vez se identificaran con lo que dice el texto, que pudieran entenderlo. Para mí fue sorprendente lo que se logró. No me negué en ningún momento en aceptar la versión, y te digo que se puede seguir haciendo esto, pero con inteligencia, con buen tino, con buen gusto».

—Varios padres me dicen que prefieren este tipo de versiones a que sus hijos escuchen canciones de adultos. ¿Está de acuerdo?

—El pretexto del reguetón es motivar el baile, y para el niño el tratamiento es diferente por completo, entonces es ahí donde el ingenio cubano se impone, ese es el reto. Así lo sentí cuando me hablaron de esta mezcla de Maní, Haila, reguetón, yo pensaba que era dinamita, por los buenos ingredientes que tenía, por supuesto. Hay que convocar a los compositores que hacen música para adultos a que escriban también para los niños, y así también nos acercaremos a géneros interesantes, y quizá los más pequeños no tendrían que oír lo que por edad no les corresponde.

—¿Qué significó Cantándole al sol para los autores cubanos?

—Que estemos ahora hablando de nuevos tiempos en la música infantil tiene su semilla en Cantándole al Sol. Te confieso que Rosa Campo surgió porque había un evento que estimulaba la creación, pero no sucedía así en todas las provincias, aunque hay excepciones como el caso de Pinar, con su Planeta Azul. Cuando llega este festival, ya yo tenía canciones para hacer dos discos, fíjate que Amanecer feliz tiene temas que compuse diez o 12 años antes de hacer Chivirico rico. Y así ha sucedido con otros compositores.

—¿Es difícil mantenerse dentro de esta línea?

—Siempre he sido muy obstinada, y sabía que en algún momento iba a salir esa semillita que estaba a varios metros de profundidad sin agua y sin sol. Muchos compañeros me decían que dejara las canciones para niños, que era una utopía, que al final nadie me pagaba mis canciones, ni las pasaban en la radio y tampoco estaban en los discos. Me embullaban para que integrara algún trío o grupo, pero yo decía que no. Y la semillita ha ido germinando, y no solo en mí, sino en otros compositores. ¡Y los que faltan! El momento es otro, el movimiento cultural es innegable —ahí están los instructores de arte, por ejemplo.

—¿Cómo nació la compositora?

—Provengo de una familia humilde y espirituana, pero a la que le gustaba mucho la alegría. No estudié música académicamente, mas de jovencita ingresé a un curso emergente de instructores de arte en Sancti Spíritus, y así fue como llegué a la composición, a pesar de que Rosa, como compositora en serio, nació cuando me mudé para Cienfuegos. Mis primeras canciones datan de 1983.

—¿Algún proyecto que esté próximo a realizar?

—Ela Ramos y yo conversamos sobre uno nuevo dedicado a una persona que quiero mucho y que desafortunadamente no está con nosotros físicamente: Julia González, la madre del cantautor Manolito Argudín y quien fue, además, guionista de La Colmenita, y posee una obra increíble en literatura. Entonces, Ela me convocó para hacerle música a una de las obras más lindas de Julia, titulada La Cenicienta y sus amigos, y estoy acariciando con toda mi alma esta idea.

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