Fracasa manipulado reclamo judicial contra el cantautor Silvio Rodríguez

Suspendió su presentación en la ciudad chilena de Talca, debido al precio prohibitivo de las entradas. Comienza a organizarse concierto gratuito reclamado por el trovador cubano

Autor:

Juventud Rebelde

En mi larga trayectoria de abogado me ha correspondido actuar en las más diversas esferas del Derecho y en distintas latitudes, ser parte en procesos de alto interés, y a mi profesión debo el honor de haber podido conocer y trabajar con distintas personalidades.

La más reciente, ese creador del arte que es Silvio Rodríguez, a la vez diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular de la muy hermana Cuba revolucionaria.

Curioso, pero a pesar de mis varios años de exiliado en La Habana y Santiago de Cuba, de haber asistido a muchos de sus conciertos en los 70 y los 80, todavía no le conozco personalmente; sin embargo, como ha de sucederle a millones de latinoamericanos, la circunstancia de que durante años sus canciones hayan entrado a nuestros hogares y a nuestras conciencias nos hace sentir que lo conocemos desde siempre, que es un amigo y un compañero consecuente. Más todavía cuando recordamos cómo durante la dictadura circulaban secretamente de mano en mano los casetes o los viejos discos con las canciones de Silvio prodigando esperanzas, levantando ánimos, encendiendo luces.

Estuvo en Chile este año y, apenas bajó del avión, pidió hablar con la presidenta Bachelet, a la que planteó la necesidad de buscar los mecanismos institucionales para garantizar que la presencia en nuestro país de los artistas que nos visitan no quede regida solo por las frías leyes del mercado, sino que se haga posible que el pueblo trabajador pueda acceder también a las mejores manifestaciones de la cultura. No sé qué le contestaron, pero sin duda fue una petición justa y habrá que insistir en que el Estado no solo debe garantizar a su pueblo el derecho a la vida, a la salud, al trabajo, a la educación, a la previsión social, sino también a la cultura como un bien inherente a la persona por el mismo hecho de serlo.

A Silvio no le pareció prudente el alto costo de las entradas a sus presentaciones y escuchó atentamente a quienes protestaron por ello; había que dar una señal potente y la dio. La suspensión de su concierto en Talca, cuya responsabilidad asumió de inmediato, precipitó un reclamo judicial de algunas personas en su contra, de lo que naturalmente se hizo eco esa prensa trasnochada con tufillo anticomunista que tanto conocemos por acá. Pero la fuerza de los hechos, la normativa legal acerca de los derechos del consumidor y la buena disposición de los colegas del sur, crearon las condiciones para que finalmente el proceso judicial terminara en desistimiento de la denuncia y en avenimiento de las partes.

En paralelo, y sin que fuera condicionante compensatoria de nada, Silvio puso a disposición de la comunidad su generosa oferta de un concierto gratuito, el que ha empezado a organizarse. Una probabilidad es que ello suceda pronto, en noviembre, si el trovador cubano concurre a los actos de homenaje a nuestra inmortal Violeta.

Hoy, recuperada la equidad y la serenidad, pienso en lo paradójico que hubiera resultado condenar a Silvio a cualquier sanción por defender el derecho al acceso a la cultura. Como dijimos en su defensa, usando los términos legales, no se puede tratar de convertir en una suerte de «desproveedor» a un hombre que durante décadas ha sido precisamente uno de los grandes «proveedores» de fuerza para el alma de millones de seres humanos. A este propósito he recordado —por cierto, guardando proporciones y distancia de situaciones— que en el año 1961, cuando Neruda, de regreso de Cuba, fue a visitar al gran Siqueiros, procesado arbitrariamente en México, le dedicó al partir aquellos versos de «aquí te dejo, con la luz de enero, / el corazón de Cuba libertada / y Siqueiros, no olvides que te espero / en mi patria volcánica y nevada. / He visto tu pintura encarcelada / que es como encarcelar la llamarada». (Tomado de la edición del 11/09/2007 del semanario chileno El Siglo.)

*Abogado, dirigente comunista y destacado activista en la defensa de los derechos humanos en Chile.

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