Rubén Léster ofrecerá sendos conciertos en la capital cubana

El joven trovador santiaguero confesó a JR que aunque nació en Ciudad de La Habana ha desarrollado su obra en Santiago de Cuba

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Quizá algunos piensen que Rubén Léster González Valdés es oriundo de la tierra caliente, porque en la capital del Caribe ha desarrollado su obra como trovador, compositor —es además autor de bandas sonoras para teatro y audiovisuales— y arreglista, pero en verdad nació en la Ciudad de La Habana, donde ofrecerá sendos conciertos: uno esta tarde, 6:00 p.m., en el Centro Hispanoamericano de Cultura (Malecón No. 17), como parte del espacio Verdadero Complot, que organiza la AHS; y otro mañana, 8:00 p.m., en La Madriguera.

Aunque inició su trabajo musical en el grupo de rock La Guerrilla —vinculado al teatro y las artes escénicas—, el actual vicepresidente de la AHS en Santiago de Cuba se hizo más visible para sus incondicionales a partir de su presencia en el ya desaparecido, pero muy popular proyecto nacional Muralla.

—Rubén, ¿por qué dejó de existir Muralla si era un proyecto consolidado?

—Mira, Muralla era un proyecto de 20 años de vida —yo estuve en los últimos seis—, pero sucedía una cosa: se convirtió en un grupo escuela, de formación de músicos, quienes después se marchaban. Llegó un momento en que la directora, Glenda Díaz Picasso, decidió que ya era hora de parar, pues el grupo tenía grietas.

—¿Qué te impulsó a iniciar una carrera como trovador?

—Desde el principio hice canciones, es decir, desde los 13 o 14 años, cuando estaba en la escuela de música. Entonces, fundé grupos de rock y pasé por muchos otros. En el momento en que se desintegró Muralla, algunas personas se me acercaron para que me decidiera a hacer lo mío en solitario. Me decían: toca tus canciones que son buenas, y así empecé. Cuando vine a ver ya estaba en España, en Italia, en Francia, lo cual me hizo pensar que había «algo» atractivo en mi propuesta. Así he estado estos seis o siete años, grabando un demo por aquí, realizando conciertos.

«Ahora hace poco hicimos un disco con la AHS, donde aparecen canciones de la más joven generación de trovadores, y gracias al cual se hará una gira nacional y algunos conciertos, como estos dos de La Habana. Después me uniré a la VI Bienal Identidad que tiene lugar en Jarahueca, en homenaje a Ada Elba Pérez. Luego ya veremos».

—Te referiste a España, Italia y Francia, pero ¿y Cuba?

—En Cuba he estado en cuanto festival aparece: Romerías de Mayo, Longina, Jornadas de la Canción Protesta, en el Pepe Sánchez, es decir que he actuado en casi todas las provincias del país, pero convertirte en un trovador reconocido no resulta tan fácil. Primero sería necesario, por ejemplo, un disco y una disquera con una labor seria de promoción.

«Ahora lo que más me interesa es ese primer disco de la AHS con la EGREM, donde participan los trovadores noveles más notables de la Isla. Se espera que de este se desprenda otros en solitario. Ya veremos».

—Y si eso se diera, ¿ya tienes pensado cómo sería?

—Bueno incluiría canciones de diverso tipo: de amor, de contenido social, de divertimento, líricas. Me gustaría que fuera un viaje por mi carrera. Serían canciones que ya he puesto a consideración del público y han funcionado. No sé..., estarían, por ejemplo, Lobo sato, o una que se titula Suerte y habla sobre la emigración; quizá Someday, que se inspira en la reconciliación entre un negro guapo y una mulata voluptuosa... Son temas que tienen su gancho y, sobre todo, ese sabor cubano inconfundible. Ya lo expresó Martí: Patria es humanidad, y lo he podido comprobar: mientras más cubano seas, más universal. Eso es lo que desearía que se respirara en el disco.

—¿Cuánto te ha aportado desarrollar tu carrera en una tierra como Santiago?

—La trova nació en Santiago de Cuba, quizá por ello, además de esos grandes como Matamoros, Sindo Garay, existe una cantidad de gente, de viejitos con los que uno puede conversar, que siempre andan por las calles con su guitarra y sus canciones a cuestas y, aunque no quieras, te van formando. La trova es un suceso nacional del cual uno bebe constantemente, y no solo en Santiago, sino a lo largo del país. Claro, la nueva trova se alimenta de otros géneros como el rock, el funky... De todo eso me nutro, pero es indudable que la principal energía la encuentro en Santiago, en cada esquina donde se arman los bochinches con esos viejitos dueños de un sabor terrible.

—¿Y es fácil para un trovador joven bailar en la casa del trompo?

—En Santiago, como existe ese legado histórico, es fácil, hasta cierto punto, hacerse de un espacio, lo cual no conlleva necesariamente a poder insertarte en el mercado, porque eso no es sencillo en ninguna parte de Cuba, máxime si se trata de la novísima trova. No obstante, hay espacios diversos donde uno puede desarrollarse, sobre todo aquellos que nos ofrece la Asociación Hermanos Saíz, pero en cuanto a comercialización, a penetrar esa maquinaria promocional es muy, muy difícil.

«Mira, yo veo un problema. La trova tiene salud para que sea explotada como un género genuinamente cubano que, además, puede triunfar. Es cierto que la tradicional tiene ya su circuito, pero también es cierto que cada día es más vieja, y hay que actuar inteligentemente para ir renovándola e irla «rejuveneciendo» con los nuevos cantautores, es la ley de la vida. Hay que buscar a los continuadores entre tanto talento. A lo mejor en un principio no muestre el nivel de venta que logra un grupo de música tradicional, pero todo puede ir cambiando si se va pensando en una coherente estrategia promocional. Calidad de sobra poseen los trovadores jóvenes, y eso es lo más importante».

—Hay algunos trovadores que se han acercado a la guitarra de una manera autodidacta, pero tu caso provienes de una academia...

—Los responsables fueron mis padres. Por ellos estudié guitarra clásica. Mis estudios de música fueron un viaje. Yo empecé en la EVA en Santiago de Cuba cuando tenía diez años y estaba en quinto grado. De ahí pasé para el Conservatorio Guillermo Tomás en Guanabacoa, donde cursé dos años. Luego regresé a mi cuidad y matriculé en el Conservatorio Esteban Salas, donde me gradué. Pero fue por mis padres, te repito, porque a mi madre le encanta el arte, la música. Ella fue quien insistió y yo le fui cogiendo el gusto, mas de una manera indisciplinada, porque a pesar de que pude haber continuado en el ISA, quise hacer otra cosa, como estudiar Informática.

«Sin embargo, estando en Informática no dejaba la guitarra ni un solo instante, andaba con ella para arriba y para abajo, y mis compañeros me perseguían por las canciones. Así fue como armé un grupo y otro y otro. En resumen, que al final me quedé con la música. Eso es para que veas las vueltas que da la vida».

—¿Y esa música clásica dónde quedó?

—En ocasiones la practico en mi casa, interpreto piezas de Antonio Lauro, de Andrés Segovia, las cosas que estudiaba y que mi mamá me pide. De vez en cuando me encuentro con una partitura y me digno a tocarla. A mí me gusta muchísimo la música clásica y la exploto. A veces en un concierto, si las condiciones son apropiadas, hago un tema instrumental. Por supuesto, que acudo a ella para hacer algunos arreglos, aunque lo que prime sea la música tradicional cubana, de ese modo puedo pasar de un sonsito a una sonoridad más clásica, utilizar una técnica más depurada o más exigente, y de ahí al ska, al funky. Porque eso es lo que busco: mucha diversidad.

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