Andy Montañez no cree en la suerte

El cantante boricua conversa con Juventud Rebelde de su carrera artística, vida familiar y su reciente visita a Cuba

Autor:

Julieta García Ríos

«¡Negra, sube!», invitó el cantante puertorriqueño Andy Montañez, desde el rústico escenario de la plaza Calixto García de Holguín.

«¿Quieres que me arrodille?», preguntó a la mujer. «Si no subes, bajo», sentenció. Y casi al instante se le vio descender ágilmente por los andamios que sostenían las bocinas que amplificaban su armónica voz y el contagioso ritmo de Los Taínos de Mayarí.

El boricua se mezcló con el público. Esta vez, la cincuentona mujer no pudo resistirse. Andy, luego de intercambiar unos pasillos con ella, bailó con cada una de las mujeres de la primera fila. También cargó en brazos a un niño. Y ambos, sin perder el ritmo, saludaron al público.

Sucedió cerca de la medianoche del pasado sábado 27 de octubre, cuando la XV Fiesta Iberoamericana se preparaba para su última jornada. Este evento tiene lugar cada año en la oriental provincia de Holguín. Para esta edición Andy Montañez fue el invitado de honor.

Fue todo un derroche de espontaneidad. Descargó e improvisó con músicos cubanos para quienes siempre tuvo palabras alentadoras. Con cariño, repartió autógrafos y posó sonriente para las cámaras fotográficas de numerosos admiradores.

A sus 65 años de edad tiene una formidable voz y se muestra en excelente forma física. Baila con ritmo, sabrosura y parece incansable. No tiene ninguna rutina de entrenamiento: «Es la tarima la que me tiene en forma, porque allí tengo que bailar, cantar...».

Andy Montañez y Pablo Milanés durante la grabación del disco AM/PM Líneas Paralelas, premiado con un Grammy Latino en el 2006. Foto: Eduardo Moltó En el concierto aseguró: «El año que viene me van a tener que soportar (en la Fiesta Iberoamericana) y vengo con los jimaguas (sus hijos menores)». Días más tarde, cuando nuestra entrevista pudo materializarse, confesó: «La experiencia en ese evento fue tan grata que quiero que los míos la vivan también».

Su esposa Xiomara —periodista y madre de los jimaguas— facilitó la comunicación y se convirtió en nuestra cómplice. Por ella sabemos que, aunque Andy es sumamente responsable, no es para nada metódico.

«Siempre que se va a presentar siente nervios, pero no lo traicionan. El público le da toda la fuerza que necesita para entregarse y ofrecer el máximo», cuenta Xiomara.

«La tarima y las grabaciones las considera trabajo. El resto, lo que genera su imagen, lo que ha sembrado como ser humano especial que viene de una familia muy humilde y numerosa —18 hermanos de ambos padres—, lo considera un regalo, un premio que le da la vida y que agradece a cada paso».

A este músico los ensayos hay que coordinárselos, pues no se considera jefe. «Es un obrero nato. O sea, está a merced de los productores y del director de la orquesta. Los temas y los arreglos son inspiraciones que estos profesionales (compositores y músicos) hacen para él. Se los presentan y son aceptados siempre con agradecimiento. Si les gustan demasiado, llora y dice que no se lo merece, o dice “Wao!!! ¡Qué bueno te quedó eso...”. Si no le gusta tanto quizá diga: “Te lo agradezco mucho. Vamos a ver si hay espacio para grabarlo ahora o lo dejamos para la próxima producción”».

El «amor a Cuba debe costarle caro, pero según su compañera, no permite que nadie le oriente sus sentimientos. Incluso, cuando lo han llamado de la Florida, les ha dicho: “Si me vas a agredir, avísame para dejar esto aquí”».

Como un Elegguá, Xiomara me abrió el camino para llegar a Andy, y descubrir los secretos del artista y del ser humano...

—Durante su reciente visita a Cuba confesó ser cubano-puertorriqueño-venezolano. ¿Qué lo hace sentirse así?

Durante la XV Fiesta Iberoamericana el cantante compartió con el pueblo y dio autógrafos. Foto: Adán Iglesias —A Cuba me une la música desde niño. Mi padre era fanático de Guillermo Portabales y de Matamoros. Cuando joven, empecé a saber del Benny y lo vi trabajar en Puerto Rico con Cortijo y su Combo. Con Puerto Rico es obvio: es mi patria. Y con Venezuela, porque además de tener dos hijos de madre venezolana, es el único país donde he residido fuera de mi tierra natal. Estuve tres años allí y tengo muchas amistades y familia.

—¿Cómo fluyó la comunicación con el pueblo holguinero?

—El pueblo me hizo sentir como si fuéramos amigos de siempre. Uno de los días más especiales fue la visita a la Escuela Vocacional de Arte que hicimos mi director musical, Julio Alvarado, y yo. Allí nos recibió un grupo de jóvenes músicos con una preciosa interpretación de Preciosa. También el director de la escuela, Francisco Obregón, nos leyó una obra de su autoría dedicada a Puerto Rico, la cual se llama Tú, la vida. Realmente fue muy conmovedor.

—¿Considera que la música en Cuba tiene relevo garantizado?

—Bueno, si relevo significa que va a continuar... claro que lo tiene. Cuba es una fuente inagotable de talentos.

—Usted siempre ha mostrado una devoción especial por el Benny...

—Cuba tiene distintos estilos de cantar, como el de la Portuondo (Omara), la Burke (Elena); pero el Benny aglutinaba todos esos ritmos. El bolero lo hacía con mucho sentimiento y fuerza.

—Incluyó en su repertorio Locos por mi Habana, de Manolito Simonet, con la consabida adecuación boricua: En mi Portorro. ¿Cómo ha funcionado allí el tema?

—No debe extrañarnos el éxito, porque nos parecemos muchísimo; tanto así, que El cumbanchero y Cachita, del boricua Rafael Hernández, parecieran hechos por un cubano.

—Entre sus proyectos profesionales está el de grabar un disco con el cubano Pancho Amat. ¿Por qué lo escogió?

—Nos escogimos durante un encuentro maravilloso en la Misión de Puerto Rico, en La Habana. Creo que fue admiración mutua.

—Hablemos ahora de los orígenes de Andy, de su carrera profesional, de la familia... ¿Cómo influyó en su obra su barrio Trastalleres?

—Quizá influyó en que me gustara el bolero y la salsa en vez de la ópera. También en que es un barrio que escucha música popular y vive en una rumba perpetua. Pero fue mi hogar realmente el que influyó en que yo pareciera de talleres. O sea, mi hogar se convirtió en Trastalleres. Son la misma cosa. Hasta mi mamá le da café al que se asome por allí. Por cierto, allí también nació «el jefe» Daniel Santos.

Precisamente fue el padre de Andy quien le enseñó a tocar la guitarra y hasta compuso para él.

—Tres de sus hijos le siguen los pasos. Podría decirnos en qué exactamente. ¿Cuáles son las preferencias de los jimaguas?

—Los mayores —Andy Junior, Harold y Liza— han grabado conmigo y trabajan como coristas en mi orquesta. Ellos hicieron dos discos sin mí, pero mi sombra parece que no los deja volar solos, a pesar de ser muy buenos cantantes. Los jimaguas —Alfredo y Andrea— tienen ya 16 años y nada que ver con la música, aunque tocan algo de piano, son buenos estudiantes y les encanta bailar y fiestar. También son admiradores del Che y están locos por volver a Cuba, pues estuvieron allí cuando tenían tres años y no la recuerdan.

—Ha confesado que le gusta la música romántica, los boleros; sin embargo, es más conocido como intérprete de salsa. ¿Responde eso a las exigencias del mercado?

—Es posible. Pero he grabado discos solo de boleros a dúo con el salsero Ismael Miranda, y en AM/PM Líneas Paralelas, con Pablo Milanés, también grabé boleros. Sin embargo, la gente me identifica más con la música salsa.

—El reguetón es un género controvertido, incluso poco valorado por algunos críticos, ¿por qué ha incursionado en él?

—Porque es una expresión urbana, como lo fueron una vez la guaracha, el tango, etcétera.

—Luego de varias décadas de carrera artística, ganó el año anterior su primer Grammy Latino —a dúo con el cubano Pablo Milanés—, y ahora un disco suyo fue nominado como mejor álbum de Salsa. Alguien pudiera pensar que la suerte vino a tocarlo entrado en años...

—No creo en la suerte. Quizá están reconociendo mi trabajo de muchos años.

Honrado con la nominación

Para el cantante Andy Montañez el hecho de estar nominado junto a El Gran Combo de Puerto Rico y Juan Luis Guerra, entre otros, es motivo suficiente para quedar honrado por los Premios Grammy Latinos que otorgó la Academia Latina de la Grabación el jueves 8 de noviembre, en Las Vegas, Nevada.

En un aparte con el diario boricua El Vocero expresó «la competencia es muy fuerte. Los discos de El Gran Combo de Puerto Rico así como los de Juan Luis Guerra son extraordinarios, por eso, digo que el mero hecho de competir junto a ellos es un gran triunfo. Imagínate, estar con El Gran Combo es un honor, ellos son mis mentores. Con ellos aprendí a valorar y respetar la música tropical».

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