Palabras que van y vienen

Autor:

Juventud Rebelde

Hace varios días, viajaba en un «almendrón», uno de esos carros antiguos de alquiler, en los cuales me traslado de un municipio a otro de la ciudad, desde aquella fatídica ocasión en la que, tras una situación impublicable, descubrí mi incapacidad para subir a una guagua, hazaña que me resulta tan irrealizable, a estas alturas, como la de alcanzar la cima del Éverest.

A las pocas cuadras, se nos unió una pareja muy joven. Iban preciosos, de 24 alfileres, así decía mi abuela. Se miraban enamorados, y eso, unos muchachos que se aman, es lo más bello para mí, mucho más que el Valle de Viñales.

Pasó una adolescente junto al carro, y él, señalándola con el mentón, dijo a su novia: «Esa chiquita es creyente». Entender aquel vocablo de una lengua ajena, me hizo sentir superior. Fue para mí tan emocionante, como supongo que sería para Grotefend descifrar las inscripciones sasánidas. Sí, creyente es en el «idioma» de los adolescentes, por si no lo sabes, quien se cree cosas, quien se imagina superior a los demás. Ya te digo, estaba feliz de haberlos encontrado en mi camino; pero de pronto, ella habló. ¡Ay!, ¿por qué hablaría? Lo hizo con un tono áspero; le dijo: «Mi socio, pa’ que tú lo sepas, tenemos que echar un patín: allí va a estar Malanga y su puesto de viandas». Él no se quedó atrás. Solo le contestó: «De p... ». Fue demasiado. No me quedó más remedio que hacerme la sorda, y mirar por la ventanilla. Pensé en tantas frases que pudieron haber pronunciado, en las mil palabras que callaron. Me apené por ellos. ¡Cuánta ausencia de ternura! Pasarán los años, y tratarán de acordarse de los momentos idos, ¿qué van a tener entre las manos para rearmar el pasado?, ¿con qué llenarán esas noches de soledad, de insomnio, de dolores artríticos, de toses, que irremediablemente llegarán? Los árabes afirman: «Las heridas que abre la lengua, no se cierran jamás». El proverbio es antológico; resalta la importancia de pensar antes de ofender a alguien; pero, ¿por qué no?, quedan abiertas también para siempre, en la memoria, y ¡de qué modo!, las frases con que nos halagan. Llegamos a la vida con una familia que no seleccionamos antes. Casi todo se nos da, sin embargo, ¡podemos hacer tanto para construirnos por dentro! En nuestras manos está el ser discretos, sinceros, honestos, cultos, en moldear el carácter, en suavizar la violencia, en hablar mejor. Tratemos de permanecer como un buen recuerdo en los demás.

La respuesta de hoy

Jaime Rojas Díaz, de San Antonio de los Baños, critica con mucha razón, a quienes no pronuncian la equis intervocálica correctamente. Dice que ha oído: etcelente por excelente, y edsapto, en vez de exacto. Recordemos que la equis suena como una c fuerte seguida de una s.

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