Vicente y su pueblo extraño - Cultura

Vicente y su pueblo extraño

La edición 29 de la fiesta del celuloide de nuestra región comenzará oficialmente esta noche; como parte del certamen, el 7 de diciembre será abierta una exposición del artista Vicente Hernández

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Las imágenes visuales me son más útiles que la palabra, asegura Vicente. «No sé si desvarío pero tengo a mis ojos, mi ciudad sumergida, mi pequeña Venecia y hasta mi Marco Polo que no sale del pueblo, que todo lo imagina, lo transforma y lo irradia, tocado o no tocado por la gracia divina. Es un simple mortal como lo han sido todos. Poetas y pintores, novelistas, y etcétera, que desde la escritura, la imagen retenida, y ahora también sirviéndose del cine, inmortalizan como si fueran dioses o midas cuanto tocan. Me solazo burlón, tengo mi Canaletto y se llama Vicente. Simplemente Vicente, y hasta Hernández se llama; no hemos tenido tiempo de inventarle otro nombre, nombre de esos que pegan y deslumbran al tonto que tantos son y el “marketing” dominan. Es Vicente, Vicente Hernández, el pintor que ha inventado una ciudad divina y la deja entre olas con el mar al costado, en la inmensa tarea de ser como soñada».

Es el notable intelectual y cineasta Alfredo Guevara, presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, quien con merecidos elogios se refiere a la impactante obra del licenciado en Educación Artística del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona (ISPEJV), Vicente Hernández Hernández, devenido con el tiempo en uno de los artistas de la plástica más reconocidos de la Isla y autor ahora del cartel que preside el prestigioso evento cinematográfico, cuya 29 edición dará la bienvenida oficial esta noche, a las 8:00 p.m., a cinéfilos de diversas latitudes en el Complejo Cultural Karl Marx; cita que se extenderá hasta el próximo 14 de diciembre.

Pero los mágicos óleos de Vicente, al menos los más recientes, no quedarán guardados en su acogedora casa de Batabanó, sino que serán mostrados por este joven en la galería Servando (23 y 10, Vedado), a partir del venidero viernes, a las 6:00 p.m., para seguro regocijo de quienes desanden La Habana en las intensas jornadas de salas oscuras que vienen. El título de esta nueva exposición es De un extraño pueblo, donde una vez más Hernández dejará al descubierto la poderosa imaginación que desde niño pobló con historias locales reales o míticas su entrañable abuelo.

La noble Habana es el título de este lienzo que forma parte de la exposición. Aunque para muchos es un genio, Vicente insiste en asegurar que es una exageración de las no pocas personas que lo quieren. Y además insiste en que como todos los niños antes de escribir hizo trazos para representar la realidad y expresar sus deseos y necesidades, «solo que mientras la mayoría abandona completamente los trazos por las letras, yo seguí aferrado a las imágenes visuales, las cuales me son más útiles que la palabra, pues desde el principio he sentido la pintura como una necesidad casi fisiológica. Yo pinto todo el tiempo».

—Háblame de De un extraño pueblo...

—La exposición tiene dos tiempos, uno en La Habana y otro en Estados Unidos. Visto desde Cuba, el Extraño Pueblo se descubre en La Habana, donde buena parte de su gente llegó algún día proveniente de cualquier lugar del país para encontrarse con la Gran Ciudad. Mi exposición es una invitación a no perder los valores de identidad que nos hacen lo que somos. Con estas pinturas he procurado crear una ciudad contemporánea pero muy cubana. Eso me permite superar el segundo momento en Miami, en que el Extraño Pueblo ahora es nuestra isla, singular y propia, expuesta ante el empuje de la imponente maquinaria tecnológica y globalizadora del primer mundo. En total son 15 piezas casi todas de gran formato, en óleo sobre tela.

—Vicente, sigue estando en tus óleos tu pueblo natal, el Surgidero de Batabanó. ¿No temes que de un momento a otro ese paisaje se te «agote»?

—Batabanó es el pretexto, no es exactamente la descripción de un paisaje local, es la encarnación del pueblo personaje cualquiera donde el tiempo se ha detenido o al menos se desfasa con respecto a la Gran Ciudad. Muchos de estos pueblos pequeños contienen valores de identidad nacional pero, con el empuje de los estándares y estereotipos universales que trae la Gran Ciudad, se van perdiendo. Se trata de salvar mi pedazo y el tuyo, pero no como lugar en sí, sino como paradigma de cualquier localidad del Caribe. De un extraño pueblo vienen no solo gentes nuevas a la ciudad, sino que traen aquellos arquetipos que forman la nacionalidad. Batabanó no se agota, dialoga con la ciudad, al igual que en mi obra, donde el pueblo extraño aprende a vivir dentro de la ciudad sin perder su esencia.

Lo real maravilloso que distingue nuestra región está presente también en el cartel. —Antes habías realizado diseños para cubiertas de libros, pero no sabía que te interesaran los carteles de cine. ¿Qué tiene para ti de apasionante esta experiencia?

—Hace algunos años con dos amigos: Pedro Alonzo, pintor, y Reinaldo Medina, escritor, realizamos un conjunto de carteles y afiches para cine desde nuestro perfil artístico individual, proyecto que continuó luego con una exposición itinerante por nuestra provincia de La Habana, fue una experiencia interesante por el trabajo en grupo pero, sobre todo, porque el cine me apasiona.

—Quizá por ello tu obra es muy cinematográfica...

—Eso me dicen y tienen razón, cada pieza mía es una historia que se narra de inicio a fin dentro de la misma obra, se mueve con cada personaje sea hombre o cosa. La escena comienza y termina, muchas veces dramáticamente, eso también es cine.

—¿Imaginaste alguna vez que una obra tuya podría identificar un festival como el de La Habana?

—Nunca lo imaginé, menos aún que fuera el de La Habana, lo cual constituye un verdadero honor, pero mayor lo es todavía el hecho de que fuera Alfredo Guevara quien me lo pidiera personalmente.

—¿Qué siente un artista plástico que «insiste» en permanecer en provincia?

—Yo me descubrí en Batabanó, mi origen; aquí ha nacido mi obra y mi familia. Un sitio para el trabajo y la reflexión puede ser cualquiera, mientras que no pierdas tus raíces, tus tradiciones, tu propio yo. No importa donde vivas luego.

—Desde 1999 en que expusiste en La Acacia no lo habías hecho en la capital con una propuesta de esta envergadura. ¿Por qué ahora?

—Por el Festival, por mis amigos, por mí, y sobre todo por el Extraño Pueblo.

—Esto de que la exposición viajará íntegramente a Estados Unidos es un hecho muy significativo...

—Es un acto de fe y buena voluntad, porque de ocurrir sería la primera que se realiza íntegramente por un pintor en la Revolución y que se exhibe inicialmente en una galería cubana y luego en Miami, bajo el mismo título. Al menos ambas partes están de acuerdo, lo cual constituye un paso de avance entre los dos países en política cultural.

Hernández al detalle

Nacido en 1971, Vicente Hernández Hernández es miembro de la UNEAC. Ha realizado cerca de 20 exposiciones personales y más de 40 colectivas. Sus óleos aparecen en colecciones privadas y estatales de Colombia, España, Argentina, Bolivia, Francia, Panamá, Mónaco, República Dominicana, Puerto Rico y Estados Unidos. Desde hace casi una década trabaja en acuerdo con la galería Cernuda Art en la Florida, EE.UU.

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