Estrenan en el cine Yara, de Ciudad de La Habana el documental Tierra

La producción británica-alemana es un canto a la belleza de nuestro planeta y un recordatorio de su delicada fragilidad

Autor:

Joel del Río

Mayormente cubierto de aguas, lo cual le confiere a la Tierra ese color azul índigo cuando se le mira desde el espacio estelar, el planeta de los seres humanos, o más bien la magnificencia de sus paisajes y especies animales son protagonistas absolutos del documental titulado simplemente Tierra (Earth, 2007), producción británico-alemana de Greenlight Media y BBC Worldwide, consagrada a resaltar la hermosura irrefutable de la virginal naturaleza («¿qué le puedo objetar a una noche estrellada?», cantaba el poeta).

La belleza y humanidad descomunales que este documental retrata, atrapa y recrea, le permiten trascender la categoría de concienzudo panfleto de corte ecologista, imperioso y urgente, pero de obvios propósitos y escaso vuelo. Con guión y codirección de Mark Linfield y Alastair Fothergill, Tierra ha sido definida por este último del siguiente modo: «El poder del escenario es uno de los elementos que nos guió en lo que hicimos. Pero también quisimos revelar criaturas animales que nunca han sido filmadas, junto con lugares muy poco vistos por cualquier ser humano».

Tierra es un canto a la belleza de nuestro planeta y un recordatorio de la delicada fragilidad del lugar donde vivimos; con el sol como guía, partimos hacia un apasionante viaje con escala en el Ártico, donde una familia de osos polares se despierta bajo las primeras luces de la primavera en busca de comida antes del deshielo. A medio mundo de distancia, una elefanta y su cría deben compartir la escasa agua disponible con una orgullosa manada de leones. Acompañaremos a una ballena jorobada en su migración de seis mil kilómetros hasta la Antártida. Se trata de un viaje inolvidable a través de las distintas estaciones y de la lucha diaria por la supervivencia en nuestro planeta. El cambio de las estaciones se intercala con historias cotidianas de supervivencia animal, todas incluidas a manera de parábola que ilumina algunos errores humanos desde la exaltación de ciertas virtudes presentes en el reino animal.

Fothergill, que ya había realizado Deep Blue, y el debutante Mark Linfield, rodaron en alrededor de 200 localizaciones durante cinco años, y con más de 40 camarógrafos, para conseguir este documental, adaptación y síntesis para la pantalla grande de la serie de la BBC titulada Planet Earth. Tanto la serie televisiva como el documental cinematográfico intentan ofrecerle al espectador, mediante su fotografía de alta definición, las cámaras de ultravelocidad y sofisticadas tomas aéreas, un viaje imposible de realizar si no es mediante el cine o la televisión. Justo en el momento en que el cine fabrica infográficamente toda suerte de paisajes, he aquí un documental que solo aspira a recordarnos, como lo hicieron antes Microcosmos, Nómadas del viento o El viaje del emperador, que nuestro planeta sigue siendo lo suficientemente ancho, ajeno y hermoso como para permitirnos hermosas sorpresas de este corte.

Además de la elaborada banda sonora, y el acertado acompañamiento musical —la partitura corrió a cargo del consagrado George Fenton, célebre por sus aportes musicales para Gandhi, Dangerous Liaisons y Fisher King, entre muchas otras— la narración de la versión original se le encargó a Patrick Stewart, un actor de talante shakesperiano quien debe su fama al papel de capitán de la Enterprise en la serie de televisión y cine Star Trek, que actualmente pasa por nuestra pequeña pantalla. La formidable voz de Stewart nos guía cálidamente en estos momentos de intimidad con algunas de las criaturas más elusivas, y raras, que habitan el planeta, entre las cimas nevadas más altas y los cañones fluviales más profundos. Con las 10 000 horas de material filmado se montaron 11 episodios para la serie original de la BBC, y luego se editó en 96 minutos esta versión muy resumida, que atiende a la conexión entre los episodios desde el punto de vista narrativo.

Tierra es un documental de dimensiones épicas. Acierta a representar idéntica magia que los grandes retratos pictóricos renacentistas, pues tal parece que el modelo, en este caso nuestro planeta, respira ante nuestros ojos como cualquier persona conocida, y es tan exacta y vívida la reproducción del modelo que parecen agitarse, con leve conmoción las arterias, y uno hasta cree divisar la casi imperceptible palpitación de la vida vista como un todo, a nivel planetario: desde el elefante perdido en el desierto que sigue las huellas de su madre, pero en sentido contrario a la salvación, hasta el oso blanco cuyo sustento apenas se consigue por el intensivo derretimiento de los hielos polares.

Es muy probable que incluso el más indiferente y pesimista de los espectadores termine de ver Tierra en franca reconciliación, al menos por unos minutos, o segundos, con la belleza de este mundo, y con la vida natural que la hace posible. Y semejante sensación de plenitud no es un milagro ordinario.

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