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Fortalezas y debilidades de la UNEAC desde la visión de un fundador

El historiador Orlando García Martínez fundó la UNEAC en Cienfuegos hace 21 años, la dirige desde entonces y comparte sus experiencias

Autor:

Julio Martínez Molina

CIENFUEGOS.— El historiador Orlando García Martínez fundó la UNEAC en Cienfuegos hace 21 años, la dirige desde entonces, y acaba de ser ratificado en el cargo en la reciente asamblea provincial previa al VII Congreso de la organización. Es una figura respetada por la intelectualidad del territorio y escuchada en la nación, dueño de una sólida obra, quien invalida con su ejemplo la presunta contradicción entre dirigir y crear.

Sus biografías de los mártires cienfuegueros Luis Pérez Lozano y José Gregorio Martínez, ambas de la década de 1980, antecedieron a la del brigadier de las luchas independentistas José González Guerra, editada por Ciencias Sociales. Con Rebecca F. Scott, profesora estadounidense de la Universidad de Michigan, y el cubano Fernando Martínez Heredia, Orlando escribió el volumen Espacios, silencios y los sentidos de la libertad.

A la Scott le unen estrechos lazos de trabajo desde los días en que a ambos le encomendaran revisar la corrección histórica de la historia de esclavos sublevados recreada por el guión del filme Amistad, de Steven Spielberg. En Espacios, silencios... el creador explora los vasos comunicantes de la tríada raza-nación-ciudadanía, pertinaz objeto de atención en su mirilla temática.

El material constituye un peldaño significativo en el abordaje del fenómeno racial en nuestro país, visto desde un ángulo multidimensional a tono con el reclamo de Fidel de que dicho asunto se enfoque desde puntos de observación no solo limitados a las explicaciones clasistas.

Lazos tan sólidos como los que tiene con la Scott replica con el historiador alemán Michael Zewskie. Internacionalmente a los tres investigadores se les conoce como «el trío de Cienfuegos», por su especialización en las investigaciones de la microhistoria regional.

En el justo medio de un proceso crucial para el futuro de la UNEAC, responde a nuestras interrogantes.

—¿Qué fortalezas de la institución le satisfacen más?

—La capacidad de convocatoria alcanzada y esa unidad en la diversidad que nos caracteriza, así como la confluencia de varias generaciones de creadores empeñados en hacer válida la idea de que «Salvar la Cultura es lo primero».

—En su opinión, ¿cuánto le falta aún por ganar a los intelectuales y artistas cubanos?

—Más reflexión, diálogo y las jerarquías artístico--literarias que les resultan imprescindibles. Esa nefasta tendencia a privilegiar lo ocasional y coyuntural por encima de lo cualitativamente jerarquizado lacera profundamente a los creadores con una obra sólida e impide una adecuada incidencia en el público.

«La necesidad de profundizar y darle continuidad al debate para asegurar la eficiencia del sistema de relaciones con las instituciones culturales.

«Contar en las filas de la UNEAC con ese grupo destacado de creadores que desde el interior de la nación cimientan, en el trabajo cotidiano, la cultura nacional e insuflan desde la Cuba profunda nuevos aires al quehacer artístico, con las voces y las miradas de quienes conviven en las comunidades no capitalinas, para enriquecer esa unidad en la diversidad que caracteriza la cultura cubana actual.

«En tal sentido, la creación de Comités Municipales es fabulosa. Recién fundamos aquí el de Cumanayagua».

—¿Cuáles son las cartas principales que ha debido jugar para mantenerse al frente de la institución desde su surgimiento aquí?

—Voluntad, transparencia, entrega, honestidad y ética profesional a la hora de encarar o llevar adelante los sueños y esperanzas de todos los miembros.

—¿Qué lo reconforta hoy tras estas dos décadas?

—El privilegio de haber defendido los intereses legítimos del grupo de artistas y escritores de reconocido y creciente prestigio, que depositaron su confianza en mí y otros creadores para representarlos en la UNEAC.

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