El Centro Dramático de Cienfuegos aún sigue vivo

Desde 1963 ese colectivo «jamás ha dejado de funcionar, por muy malos tiempos que corrieran», asegura Yolanda Perdiguer, una fundadora

Autor:

Julio Martínez Molina

Leonardo, Yolanda y Pedro, de izquierda a derecha. Cienfuegos.— Yolanda Perdiguer, Pedro Posada y Leonardo Díaz, son tres figuras imprescindibles de la historia del teatro en esta provincia. Todos compartieron el honor y la indescriptible alegría de fundar el Centro Dramático de Cienfuegos, en febrero de 1963. Frisaban los 20, amaban el arte y aprovecharon la oportunidad.

El actor y director Pedro Posada, rememora aquellos pasajes iniciales con la célebre pareja argentina de los Panelo, y su amor por la Perla del Sur y su movimiento artístico, el comienzo de los ensayos, las primeras actuaciones, los hitos sobre las tablas...

Recuerda Yolanda: «Comenzamos un trabajo muy lindo, con la presencia aquí de primeras figuras del teatro cubano. El primer montaje fue Aquel barrio nuestro. Hicimos un teatro de brigada, con un buen repertorio, en montes y ciudades, siempre de calidad, lo mismo en una obra en Banao para los montañeses, que en otra en Ciudad de La Habana, destinada al cuerpo diplomático».

Evoca Leonardo las grandes obras de los años 60 «que nos marcaron para siempre, como La comedia de las equivocaciones, Frank V, El muchacho de oro, El sombrero de paja de Italia y El médico a palos. Algunas eran de veras fastuosas: 40 tarimas, decoración espectacular, tres pisos...».

Posada concede importancia al tránsito de la compañía por diferentes CDR, bateyes, asentamientos campesinos. «Peinamos la geografía villareña en unidades militares, barrios, serranías. Teníamos allí un público agradecido, tan maravilloso como el que amanecía en el teatro Tomás Terry, comprando entradas para nuestras funciones», afirma.

Confiere relevancia al apoyo al Centro Dramático de intelectuales de todo el país y grafica con el caso de Onelio Jorge Cardoso, quien participaba en los ensayos e incluso acudía con el grupo a festivales. Su amigo personal, Enrique Arredondo, fue otra de las muchas figuras que elogió en su momento la actuación del colectivo cienfueguero.

Yolanda, por su parte, observa que la identificación con el público llegó a tal grado «que suponía un compromiso permanente para nosotros». Y agrega: «El trabajo no era fácil, por el contrario muy exigente, diario; pero eso nos enseñó a ser puntuales, organizados, a enfrentar los personajes por muy difíciles que fueran, a estudiarlos al detalle...».

Posada acota, sin embargo, que «con el paso de los años el movimiento empezó a declinar por falta de propaganda, repercusión, crítica, los periódicos pasaron a semanarios y las valoraciones escasearon, la situación del transporte público se agudizó, e influyeron varios otros elementos que determinaron la pérdida de nuestro público».

Por eso Yolanda opina que «ahora a las obras acude poca gente, no se llevan a ningún sitio por falta de transporte. Algunas fallecen de muerte natural al muy poco tiempo de su estreno, y no existe como antes la posibilidad de interactuar con otros públicos en plazas diferentes.

«Todo lo anterior es verdad, pero el Centro Dramático aún sigue vivo, y es lo más importante. El colectivo jamás ha dejado de funcionar, por muy malos tiempos que corrieran: eso es lo que más vale señalar en esta hora de recuentos».

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