Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Billetes manchados de sangre

No ha sido un gran año para Hollywood en cuanto a producciones descollantes. Lo más valorado por la crítica cruzó desde temprano el Atlántico, proveniente de Europa

Autor:

Randol Peresalas

Javier Bardem, premiado por su actuación en No es pais... centra uno de los carteles de la pelicula No ha sido un gran año para Hollywood en cuanto a producciones descollantes. Lo más valorado por la crítica cruzó desde temprano el Atlántico, proveniente de Europa. Sin embargo, antes de dar el crédito a una película extranjera —pienso, por ejemplo, en la muy francesa y estimulante La vida en rosa—, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, los votantes han preferido que el Oscar mayor se quede en casa, aunque para ello debieran inclinarse por un título menor de los hermanos Joel y Ethan Coen, que ahora mismo estrenan varias salas de nuestro país.

Basada en una novela de Cormac MacCarthy, autor de prosa sobria y contundente, la cinta No es país para viejos (No country for old men) resulta un claro retorno al típico hacer de esta pareja de creadores, que sorprendiera en 1996 a los académicos con Fargo, si bien desde antes ya contaban con trabajos más enjundiosos e iconoclastas. Ambientes agrestes, ritmo pausado, personajes insólitos y lacónicos, así como una buena dosis de violencia física sin mucho escándalo, parecen ser los ingredientes ideales para sus elaboradas propuestas.

Esta vez la acción fue situada en un pueblo del suroeste americano, limítrofe con México, donde un cazador de venados (Josh Brolin) se topa por accidente con los restos de un tiroteo y, para su sorpresa y fatalidad, con una maleta cargada de dólares. Todo le hubiera salido bien al infeliz de no ser por un singular matón (Javier Bardem) que anda tras el mismo paquete, lo que desata una persecución despiadada. La historia nos es referida, indirectamente, por un viejo y desencantado sheriff (Tommy Lee Jones) que no encuentra el modo adecuado de detener la sangrienta cacería.

Incapaz de entender lo que bulle a su alrededor, de ubicarse en las nuevas coordenadas trazadas por una alienante y posmoderna psicología del crimen, el sheriff encuentra refugio en un pasado que idealiza a modo de recompensa por su bochornosa derrota. El perímetro de la frontera, ese espacio tan recurrente para simbolizar cruces de toda índole, funge aquí como aliviadero de conflictos existenciales; vertedero anónimo de comportamientos retorcidos, en risible pugna con un poder desgastado por leyes incongruentes.

Muy similar en términos de cadencia expositiva, que no de estructura, a lo más memorable de Quentin Tarantino, transcurre esta modesta parábola sobre la decadencia de los valores que otrora garantizaran una engañosa, pero entrañable paz ciudadana. A través de una exquisita manipulación del suspenso, con ausencia total de música incidental, y de una firme puesta en escena, aprovechada por una no menos recia fotografía, los hermanos Coen provocan en el espectador toda suerte de desasosiegos, en la medida en que los momentos más o menos reflexivos se ven matizados por abundantes salpicaduras de sangre; una inteligente muestra de violencia directa y morbosidad estilizada.

Con todo, No es país para viejos constituye una desaceleración en la carrera de los realizadores. Demasiados personajes para una trama tan escueta. Algunos de ellos llegan francamente a estorbar, pues poco o nada aportan al planteamiento cardinal de la película. Asimismo, se dan situaciones inverosímiles, que no dejan muy bien parado al guión, como esa donde el cazador, sentado en la cama y de cara a la puerta de su habitación de hotel, se pone a la espera del verdugo.

Las actuaciones son, eso sí, un auténtico as de triunfo. Aunque en sentido general Javier Bardem logró una meritoria labor —y una ansiada estatuilla, de paso—, su distanciada interpretación hace creer por instantes lo mucho que le agradaba el regalo de ese papel. Más convincente, en cambio, se ve al poco explotado Josh Brolin, y, de cierta manera, al siempre notable Tommy Lee Jones.

Filme curioso, sin dudas. Pero con más suerte que aciertos. Dos galardones, a mi juicio, hubiesen bastado: dirección y fotografía. Los tiempos que corren son extraños, confusos... es verdad; pero el arte debe, a la par, reflejarlos y comentarlos. Tanta indefinición es molesta y sospechosa.

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