Leer, descubrir, imaginar - Cultura

Leer, descubrir, imaginar

Autor:

Juventud Rebelde

Leer es uno de los placeres más grandes que existen. Es un gusto recorrer las páginas del buen libro que hayamos escogido para comenzar el día o para terminarlo. Leer es un acto que, a pesar de su riqueza, supone un entrenamiento en la lengua que fuere al que no tiene acceso buena parte del género humano.

Leer es un derecho inalienable. Por eso, quien no defiende el acto mismo de la lectura corre el riesgo de violar uno de los más sagrados derechos ciudadanos. Quien no aprecie la legítima necesidad de la lectura para cualquier ser vivo, está incurriendo en un pecado de lesa humanidad.

En nuestra época no solo leemos folletos, libros, todo tipo de impresos sueltos, sino que la lectura se produce a través de un nuevo lenguaje que suministran las computadoras. Y estamos ahora ante un viejo dilema: el dilema de los lenguajes, el dilema de los soportes.

Cuando apareció el cine muchos imaginaron la muerte del teatro. Otro tanto ocurrió cuando la televisión irrumpió en la vida cotidiana a mediados del siglo pasado. Muchos estaban convencidos de que la radio iba a desaparecer. Ni el cine acabó con el teatro; ni la televisión con la radio. Y ya a principios del siglo que el Che avizoró en su justa medida, contamos con pruebas sobre el hecho de que todos estos lenguajes se han relacionado de forma dinámica pues han tenido que coexistir y, gracias a esa circunstancia, han enriquecido su propia naturaleza.

Aunque leamos infinidad de textos, por placer o por obligación profesional, lo cierto es que las computadoras no han podido borrar ni libros ni manuscritos. Me parece bueno recordar que el Manco de Lepanto escribió El Quijote, obra cumbre de nuestra lengua, a pluma y tinta, llenando infinidad de hojas y hojas de papel hasta llegar intacta a nuestros días. Quiero decir que el libro ha permanecido, permanece y permanecerá siendo el primer vehículo de transmisión de conocimiento.

Soy alguien que nació en algún sitio del siglo XX y, por lo tanto, no he podido sustituir el placer de la lectura de un manuscrito antiguo. Por alguna razón, las bibliotecas más importantes del mundo preservan y atesoran los manuscritos más diversos producidos en casi todas las lenguas del planeta.

Tocar las páginas de un libro rústico, artesanal, o las de un volumen realizado con toda la tecnología moderna, nos obliga a saber apreciar el principio que rige la lectura. Leer nos conduce siempre hacia el encuentro de informaciones, vivencias, reflexiones que nos transformarán en personas más seguras, más conocedoras de su entorno natural e intelectual.

Como sabemos aquí Leer es crecer. Lo decisivo, sin embargo, es defender la lectura como un derecho inalienable de todo ser viviente más allá de su origen o de las posibilidades reales de acceder a través de su lengua materna al aprendizaje que le permitirá conocerse mejor, conocer al prójimo y entablar el más sano de los diálogos en defensa de su humanidad.

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