Guanahacabibes: una serie televisiva de aventuras, suspenso y fascinación - Cultura

Guanahacabibes: una serie televisiva de aventuras, suspenso y fascinación

Con esta nueva serie televisiva que se transmitirá durante el verano, el Canal Educativo/ 2 seguramente sorprenderá a los televidentes

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Como la Sierra del Rosario, las Cuchillas del Toa, Baconao o la Ciénaga de Zapata, la Península de Guanahacabibes, la tierra por donde se esconde el sol en Cuba, es, desde hace algún tiempo, Reserva de la Biosfera y Parque Nacional, condiciones declaradas por la UNESCO, gracias a que es un paraíso natural indiscutible. Es en esta región bañada por playas prácticamente vírgenes y ubicada en el extremo oeste de la provincia de Pinar del Río, donde año tras año un considerable número de tortugas marinas deciden desovar; o donde se refugian especies endémicas de la flora y la fauna cubana.

Basta con conocer este edén terrenal para comprender las razones que llevaron al joven Randol Menéndez Cruz y a un pequeño equipo de realización del Canal Educativo/ 2, a rodar Guanahacabibes —saldrá al aire los jueves—, una serie de ocho capítulos que será estrenada con la llegada de la programación de verano, y de seguro, dará mucho de qué hablar.

Es muy posible que los 15 minutos de duración de cada uno de los episodios les parezcan pocos a los televidentes que, a partir del 10 de julio, a las 8:30 p.m., sintonicen, por el propio CE/2, esta serie dirigida a cuatro manos por Menéndez Cruz y Susana Rodríguez Mendoza, encargada, además, del guión. Y es que ellos idearon una atractiva historia plena de aventuras —y hasta de suspenso—, que toma como pretexto la búsqueda de la paloma perdiz en la península, para ponernos en contacto con maravillas de nuestra naturaleza como el zunzuncito, la cotorra, el tocororo, el majá de Santa María, la iguana, el jabalí...

El actor Carlos Soler (extrema izquierda) perdió hasta el temor con la serie. Así, mientras el novel actor Carlos Soler nos contagia con el deseo de encontrar a esa ave única de Cuba, uno descubrirá que en verdad son 11 los tipos de jutías que se disputan los frondosos árboles de Guanahacabibes y el modo como se puede conocer la población exacta que coexiste en un área determinada; o ser testigo de los esfuerzos que se realizan para salvar a una vaca salvaje, de esas que se establecieron en la zona desde la Colonia, y tuvo la desventura de pisar un terreno pantanoso.

Marcado aún por el recuerdo de El hombre y la tierra, Menéndez se propuso atrapar la atención de los espectadores del mismo modo que antaño lo hiciera la afamada serie española. Y si bien Randol y su gente han tratado en todo momento de no imitar, también lo es que, como su creador, Félix Rodríguez de la Fuente, se propusieron fascinarnos con la vida natural de la tierra en que vivimos.

Seis para uno

Casi despoblada, la península de Guanahacabibes se halla a unos 300 kilómetros de La Habana. Eso no impidió que la tropa comandada por Randol, responsable también de la dirección de fotografía, decidiera abandonar el bullicio de la capital para adentrarse en un mundo donde abundan los magníficos fondos marinos y una rica fauna entre la que sobresalen las aves, mariposas, iguanas y venados. El objetivo era dar continuidad a un exitoso proyecto producido igualmente por el CE/2 el pasado año, titulado Historia de un zoológico.

«Claro, ahora estábamos ante un reto muchísimo mayor: romper con el esquema de las instalaciones cerradas donde habita una fauna silvestre o exótica, y, a la vez, hacer algo distinto desde el punto de vista del abordaje de la naturaleza cubana en nuestros medios. ¿Y qué mejor que un lugar como Guanahacabibes que reúne una fauna y una flora tan exuberante y es ejemplo de una conservación casi perfecta?», explica Menéndez, codirector de Ana y las cotorras, junto a Ernesto Daranas.

En tiempo récord se rodó el capítulo dedicado a las tortugas. Fue justamente la filmación de ese documental el acto que facilitó el encuentro definitivo de Randol con la naturaleza. De hecho, a partir de entonces empezó a trabajar en esa línea que lo acercó más tarde a ese territorio pinareño, cuando dirigió El ocaso de una orquídea.

«En Guanahacabibes, dice, nos propusimos mostrar algunos representantes de la fauna cubana en la medida de las posibilidades que nos ofrecía la producción, pero como un espectáculo.

«Este es el Año Internacional de la Tierra y no queríamos distanciarnos de esa situación y al mismo tiempo quisimos que algunos pensamientos de nuestro Apóstol, amante ferviente de la naturaleza, no solo abrieran cada entrega, sino que de alguna manera fueran el concepto que guiara el capítulo».

Como sabe lo vital de estar rodeado por un equipo cuyos miembros trabajen codo con codo, Menéndez no quiso dejar de destacar a aquellos que lo acompañaron en esta arriesgada empresa. «Entre seis personas asumimos esencialmente el rodaje y la producción, lo cual permite unir más las fuerzas, de modo que todo el mundo marche en una misma dirección.

«Es un colectivo muy reducido —algunos ya habían colaborado en Historia... Además de Susana y yo están Pedrito Pulido en el sonido y en el diseño de la banda sonora —él logró sonidos que ni siquiera teníamos en los bancos; Jorge Gómez La O en la edición, quien a pesar de estrenarse en este género ha desempeñado una labor magnífica y pasó con sobresaliente esta dura prueba; el actor Carlos Soler que a pesar de haber participado en otros espacios televisivos debutaba en una serie.

«Para Carlitos fue un verdadero reto pues nunca se había enfrentado a la naturaleza de ese modo, por lo que tuvo que superar miedos a especies como los majaes y los cocodrilos. Sin embargo, valió el esfuerzo porque su actuación es muy buena. Por último, está su tocayo Carlos Camacho, que fue el auxiliar general y el alma de la tropa».

Vale la pena

El majá de Santa María, la boa más pequeña del mundo, tiene verdadero protagonismo en Guanahacabibes. Sin duda, uno de los principales desafíos que tuvo que enfrentar el equipo de realización de Guanahacabibes fue utilizar animales salvajes para la grabación. «Aquí no hubo animales entrenados. Todos fueron tomados de la zona y cada vez que concluía un capítulo se liberaban. Lo que sucedió con el majá de Santa María, por ejemplo, fue muy simpático. Capturado por los trabajadores de la Forestal para la serie, llegó un momento en que casi “actuaba”. Ya no se sabía quién estaba más en personaje, si él o Carlitos (sonríe Randol), porque hacía cosas increíbles».

No obstante, no escasearon las tensiones, como la vez que se decidió hacer el capítulo de las tortugas. «Se tuvo que rodar en tres días —la norma era siete—, porque había que sincronizar la arribazón de estas a las playas para anidar, la puesta de los huevos y el nacimiento».

Randol (segundo a la izquierda) con parte del equipo de realización de la serie. Cuenta Randol que los pelos se les pusieron de punta cuando les informaron de la posibilidad de la llegada de un ciclón. «Fue terrible. Rodamos a suerte y verdad, porque nadie nos podía asegurar que las tortugas iban a salir. Empezamos a las seis de la tarde y a las cuatro de la madrugada llegó la primera. Una hora después, la segunda. Al otro día tuvimos que salir por el peligro que se avecinaba. Al final el ciclón nunca pasó, pero fue muy estresante».

Igualmente duro resultaron las tomas bajo el agua con el cocodrilo —la cámara submarina estuvo a cargo de Sandy León—, buscando veracidad. «Fueron cuatro horas de rodaje para hacer una secuencia que casi era imposible, porque requiere de más tiempo. Pero era entonces o nunca».

Con un novedoso diseño de presentación de Leordanis R. Hernández y música de Virginia Peraza y Roberto Díaz, Guanahacabibes destaca además por su fotografía «que se propuso resaltar la belleza de un paraje el cual parecía que jamás se recuperaría de las notables afectaciones que produjo el paso del huracán Iván. Quisimos mostrarla a través de la viveza del color, sin filtrar las imágenes, de manera que el espectador quede cautivado con lo que va a ver».

Según comentó el realizador a JR, él también hubiese querido que la cantidad de capítulos cubriera más allá de las semanas de vacaciones, pero por la complejidad de la producción no se podía extender.

«Es una serie que requiere de muchos recursos. A eso habría que agregar otras limitantes, que de algún modo impiden que podamos ampliarnos en el tiempo. Por suerte, contamos con el apoyo invaluable de diferentes instituciones como la Oficina de Desarrollo Integral de la Península, dirigida por el Comandante Julio Camacho, quien asumió el proyecto con mucha seriedad; del CITMA en la provincia, las entidades del Parque....

«Para poder llevar a cabo una serie como Guanahacabibes se requiere de una infraestructura más sólida. De lo contrario, te comprometes con un proyecto cuya calidad se puede ver afectada», asegura Randol, formado en el propio ICRT como camarógrafo.

«Hoy se habla mucho del cambio climático y del impacto que este puede tener a escala mundial, sin embargo, los espacios de este corte en la televisión son muy limitados. Precisamente por los costos de la producción, mas eso no quiere decir que no se puedan enfrentar. Guanahacabibes echó a un lado el falso concepto de que un programa así es improductivo e irrealizable. Sigo pensando que esta es una de las mejores maneras de decirle a los cubanos y al mundo cómo se conserva nuestra flora y fauna, y reflejar todo lo que hace nuestro país para protegerlos.

«Para grabar la naturaleza se requiere de mucha paciencia. Hacer la toma de un pajarito no es pararte delante de un árbol y poner una cámara. Ese tiempo en pantalla a veces pequeño necesita de horas, y hasta de días o meses. Cuando le hablas a una entidad productora de que vas a estar todo un año rodando una serie así, lo ven como una barbaridad. Pero estoy convencido de que vale la pena».

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