Dedican Festival del Caribe a México - Cultura

Dedican Festival del Caribe a México

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Nutridas delegaciones de Tamaulipas, Veracruz, Campeche, Tabasco, Quintana Roo y Yucatán mostrarán su arte en la edición 28 de la Fiesta del Fuego

No habrán sido pocos los que se asombraron con la elección de México como país al que esta edición 28 del Festival del Caribe le rinde honores. Sobre todo, porque el país azteca ha sido visto, por lo general, como ese gran territorio de rancheras y tacos.

También parecería traído por los pelos el hecho de que no todos los estados que ahora son protagonistas de esta cita creada por el notable investigador Joel James, estén bañados por el Mar Caribe, pero como afirma la reconocida poetisa santiaguera Teresa Melo, Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén, «el Caribe se ha transformado en un espacio cultural de la mente, ha rebasado los límites geográficos y ya todo cabe dentro de la concepción Caribe, que no tiene que ver con el mar que nos rodea necesariamente, sino con defender las culturas que nos representan».

De ahí que haya sido genial que los organizadores de esta Fiesta del Fuego decidieran traer hasta Santiago a nutridas delegaciones de Tamaulipas, Veracruz, Campeche, Tabasco, Quintana Roo y Yucatán que, como preámbulo de lo mucho que nos están mostrando por estos días de su cultura rica y diversa, idearon un espectáculo —quizá desmedidamente extenso— para dejar inaugurada la Casa de México, en la recién remozada construcción que acoge el Centro Recreativo Orestes Acosta.

Haber estado la noche de este viernes en la casona de la Avenida Manduley fue tener la envidiable oportunidad de encontrarnos con una manera de danzar y de hacer la música que aunque pensamos que nos son muy conocidas, cuando nos enfrentamos a un quehacer artístico tan amplio, descubrimos con tristeza que en verdad no lo son. Si le preguntas a un cubano sobre corridos tan famosos como Son de la Negra o El rey, estoy convencido de que muchos no solo dirán que saben de qué se trata, sino que, inmediatamente, empezarán a cantar a voz en cuello: Negrita de mis pesares, hojas de papel volando... Sin embargo, México es mucho más. Y eso refuerza la idea de cuánto es necesario este Festival del Caribe que, desde hace casi tres décadas, insiste en la importancia de que los pueblos y sus culturas se reencuentren.

Quizá por eso no pocos quedamos esperando información adicional sobre una propuesta pensada para mostrar un amplio panorama de la cultura azteca, mientras desfilaban antes nuestros ojos danzas folclóricas que, para quien no sea un entendido en la materia, se podría tratar de La Picota, uno de los bailes representativos de Tamaulipas dedicado a la fertilidad de la tierra; o del huapango, de Veracruz. Pero también podían ser coreografías bailadas al compás de la música norteña, como las polkas Las panchitas y La rosita; u otras de Yucatán que posee una tradición musical y dancística muy rica, asentada en sus raíces indígenas, como la jaranda, baile típico de la península.

Y es que en México muchos de los bailes regionales tienen un origen prehispánico y ritual, otros proceden de la tradición española que se han modificado a través de los siglos para lograr características originales. Hoy en día, los bailes regionales sirven como forma práctica de preservación de las culturas autóctonas, y eso es lo que han querido mostrarnos los invitados de esta ocasión en esta Fiesta del Fuego que concluirá el próximo 9 de julio.

Así y todo, la gala de bienvenida de una delegación mexicana linda y querida, donde también participaron valiosos exponentes de la cultura cubana, continúa siendo uno de los aciertos de este Festival del Caribe, aunque en venideras ediciones habría que cuidar la dirección artística —pues no se trata de situar una presentación detrás de otra, sin siquiera velar por la dramaturgia—, y no peder de vista que en estos tiempos no hay muchas oportunidades de «descubrir» la cultura y las tradiciones de estos pueblos hermanos.

Fiesta por doquier

Resulta en verdad muy complicado decidir hacia dónde ir en un Festival con tantas opciones que cubren todas las manifestaciones artísticas. Sin embargo, hubiera sido un crimen no asistir a la apertura de la exposición Abstracción matérica, cuyas obras aparecen firmadas por el renombrado Alberto Lescay Merencio y el joven artista del lente Dany Hernández.

Asombrado de encontrarme con esta «nueva» faceta del creador del Monumento del Cimarrón, interrogué a Lescay, quien, provocado por este redactor, aseguró que no sabía si la fotografía era su fuerte, y afirmó: «para mí sí es una forma muy interesante de proyectar también sentimientos, ideas, sensaciones, porque tú sabes que la cámara, el pincel o la piedra solo son medios. Lo que se expresa es lo que uno lleva dentro, por lo tanto no soy remiso a ningún recurso. Siempre me gustó la fotografía, esta vez me animé e invité a un colega de Matanzas, quien me estimuló a mostrar algunas de mis fotografías». Abstracción matérica permanecerá abierta mientras dure el Festival en la Casa del Caribe.

Llamativo también resulta el Encuentro de Poetas del Caribe y del Mundo, que casi es tan antiguo como la propia fiesta del Fuego, según afirma su organizadora Teresa Melo. En el mismo participan, esencialmente, creadores de los estados caribeños de México, así como de Colombia, Costa Rica, Puerto Rico, República Dominicana y, por supuesto, Cuba.

Para la Melo, lo más importante es intentar mantener el legado del fallecido poeta santiaguero Jesús Cos Causse, creador de esta cita, «quien siempre quiso que tuviera un sentido popular, que no se quedara encerrado en las salas, donde los poetas le leen a los poetas». Por ello, este encuentro no solo ha tenido lugar en la Librería Ateneo Amado Ramón, su sede principal, sino que se ha diseminado por calles y parques, y por espacios como el Salón de los Vitrales, de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo; la Casa de la Poesía, en la Casa Museo Heredia; la UNEAC y por diferentes sitios del municipio santiaguero de San Luis.

De esta manera transcurren los días por la Ciudad Heroína y por Guantánamo, también subsede del Festival del Caribe desde el 2002, entre música, danzas, artes plásticas y escénicas..., pero también entre reflexiones y debates como resultado de un Congreso Mundial de Culturas Populares, que este año ocupó el espacio del seguido coloquio «El Caribe que nos une». Porque esa es la idea de los organizadores de esta edición: acercar cada vez más a nuestros pueblos desde la alegría y el conocimiento. Y la verdad es que siempre lo logran.

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