La bella durmiente del bosque de nuevo en la escena cubana

Tiene lugar en el Gran Teatro de La Habana, uno de los más significativos acontecimientos culturales del presente Festival

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Foto: Nancy Reyes No hubo que esperar cien años para que se deshiciera la maldición de la cruel hada Carabosse y regresara a la escena cubana La bella durmiente del bosque, coreografiada por la prima ballerina assoluta Alicia Alonso a partir de la creación original de Marius Petipa. Tiene lugar así, en el Gran Teatro de La Habana, uno de los más significativos acontecimientos culturales del presente 21 Festival Internacional de Ballet de La Habana, que por estos días se desarrolla tanto en la capital cubana como en teatros de las provincias de Matanzas y Las Tunas.

Por ahora solo fueron programadas dos funciones de la esperada creación inspirada en el afamado cuento del francés Charles Perrault: la protagonizada este miércoles por los primeros bailarines Viengsay Valdés y Rómel Frómeta, así como la de esta noche centrada por los también primeros bailarines Anette Delgado y Joel Carreño.

Sobre la Valdés y Frómeta recayó el notable desafío de reestrenar el gran clásico, lo cual, según confesaron a JR, los mantuvo inquietos hasta que se levantó el telón. «Es que es un gran compromiso el que teníamos, pues el público ya estaba ansioso por ver esta magnífica obra, donde el trabajo es verdaderamente arduo», explicó Viengsay. «Se trata de un ballet muy exigente para la bailarina, sobre todo el primer acto, con el Adagio de la rosa y una variación que requiere de mucho control. Es cierto que también se disfruta, pero conlleva un notable esfuerzo y un evidente despliegue técnico. La bella... es de esas coreografías en las que tienes que cuidar con esmero la interpretación, para que el público pueda identificarse con la muchacha traviesa, pero inocente e ingenua».

Por su parte, Anette Delgado también reconoce que La bella... entraña un tour de force: «La princesa Aurora está todo el tiempo en el escenario haciendo pasos virtuosos. Hay un momento en que tiene que enfrentar una variación muy difícil para, casi inmediatamente, asumir la coda hasta que, dormida, cae al suelo. En ese acto la bailarina no se detiene. Debes estar muy entrenada, porque se necesita no poca resistencia».

Según Carreño ha sido muy favorable para ellos el hecho de que con anterioridad habían defendido el gran pas de deux del tercer acto. De todas formas, no es sencillo en lo absoluto interpretar al príncipe Desiré en la versión completa. «Para ponerlo a punto hemos tenido que ensayar con mucha dedicación, estar atentos a cada uno de los señalamientos que nos han hecho los maestros».

De algo sí está muy claro Frómeta: Desiré, de La bella... es diametralmente opuesto a los otros príncipes que ha bailado en todos estos años, afirma. «Este ballet muestra un estilo más clásico que el de El lago de los cisnes, por ejemplo; es mucho más elegante, más limpio en cuanto a los movimientos de los brazos, más depurado en la técnica. Luego, en el segundo acto, donde está la escena de la visión, el bailarín está todo el tiempo frente al público, no tiene un respiro. En ese momento hay que hacer una labor muy cuidadosa, porque la princesa es un espejismo, no es real; y es muy difícil proyectar emociones hacia algo que no es tangible... Eso sí es una obra exquisita».

¿Papeles secundarios?

Para nadie es un secreto que para la gran mayoría de los actuales miembros del Ballet Nacional de Cuba La bella durmiente del bosque es un ballet completamente nuevo, desconocido. Justamente ese ha sido uno de los mayores retos que han tenido que enfrentar los bailarines que participan en la nueva puesta.

Así lo considera la ex bailarina principal de la compañía y actual maitre, Svetlana Ballester. «Lo más complejo es hacer creíble el espíritu del cuento de hadas en esta época en que los mismos muchachos que van a bailar ese ballet andan por la vida escuchando música en sus equipos mp3. Esto es lo que más trabajo cuesta porque los bailarines son los primeros que deben creer, dar valor a esa fantasía para lograr en el público la ilusión de realidad durante la representación».

Svetlana aprovechó para explicar que con respecto al montaje de 1974 no hay marcadas diferencias. «Solo en el bosque se incluyen cinco árboles grandes, que se mueven en la escena, los cuales antes no existían».

Entre los jóvenes que solo tenían videos como referencia de La bella... que bailaba la compañía, se encuentran Leandro Pérez y José Losada, quienes se alternarán en uno de los papeles más complejos de esta historia: el hada Carabosse.

Para Losada este es un rol muy exigente, «pues para que salga bien no solo depende de que domines la técnica, sino también de que interiorices un personaje que tiene mucho carácter.

Carabosse es un personaje femenino representado por un bailarín, y ahí estriba uno de sus principales «peligros». «Esa es otra dificultad, señala Leandro. Además de poseer una carga técnica masculina no se puede dejar de dar lo femenino del rol porque, en definitiva, Carabosse es un hada. Por tanto, hay que estar todo el tiempo muy concentrado para que no parezca una caricatura. Si no se manifiesta bien la maldad que Carabosse entraña, no se logra la presión dramática que aporta a la obra».

El gran reto

La razón por la cual la versión de Alicia Alonso —fue estrenada por el Ballet Nacional de Cuba en 1974—, haya estado ausente de nuestras tablas desde hace más de dos décadas, radica en la escasez de recursos para enfrentar un espectáculo que exige una suntuosa puesta en escena debido al mundo fabuloso que evoca.

Para que La bella durmiente del bosque sea admirada no solo por el virtuosismo de los bailarines, tanto los que encarnan los roles principales como el cuerpo de baile, sino también por la llamativa y cuidada producción, Alicia Alonso acudió a Ricardo Reymena para que se encargara de los diseños de escenografía y vestuario, mientras que eligió al galo Philippe Binot para que ideara el vestuario.

«Concebí los decorados teniendo en cuenta las características particulares del argumento de este ballet y el estilo de la música compuesta por Chaikovski», apunta Reymena. «Esta vez me hice planteamientos completamente distintos a cuando diseñé El lago de los cisnes, asumiendo ciertos aspectos de la tradición, pero con un sentido contemporáneo. He mezclado diferentes técnicas pictóricas.

«En cuanto al uso de los colores, he intentado que los decorados tengan una coherencia general al mezclar tonos de rojo, ocre, naranja y oro. También traté de crear la magia teatral que requiere una obra tan importante dentro del repertorio de la compañía».

Por su lado, Philippe Binot confiesa que a pesar de que había visto bailar a Alicia Alonso junto a sus primeras bailarinas jamás imaginó que algún día sería responsable de la producción del vestuario de una obra del afamado Ballet Nacional de Cuba.

«Hace más de un año, cuenta Binot, en una conversación que sostuve con Alicia me referí a la versión de La bella durmiente... que ella había montado en la Ópera de París en 1975, en cuya producción yo había trabajado. Ella se asombró al percatarse de que recordaba muchos detalles del vestuario de la puesta en escena. De ese encuentro nació la idea de que fuera yo quien se ocupara de los bocetos del vestuario.

«Alicia deseaba que la producción fuera clásica pero que el vestuario no resultara muy complicado: debía de ser sencillo, ligero, que no obstaculizara el baile y que no ocultara la línea de los bailarines. Y ese ha sido el punto de partida de mi labor.

«Realicé 71 diseños en total, después de ponerme en contacto con Reymena para que hubiese total armonía entre mis trajes y sus decorados. Me apoyé en sus bocetos escenográficos para precisar aspectos como los colores y las líneas del vestuario.

«Tuve mucha libertad a la hora de crear, hice todo a mi manera pero procuré conservar la óptica que ya tenía la señora Alicia Alonso. Nada es demasiado brillante, explosivo, porque esta obra hay que verla por su baile y no por su vestuario. En general, pienso que mis diseños van a gustar al público cu-bano».

Antes de tomar la batuta

Como por lo general ocurre cada vez que se estrena un ballet completo, la música es interpretada en vivo por la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por la maestra Elena Herrera. Pero antes, Giovanni Duarte, quien permanece al frente de la orquesta de la compañía, enfrentó un trabajo muy fuerte.

«Me tocó, dice Giovanni, hacer toda la labor musical para el montaje y la presentación de este ballet».

Por ello era inevitable que, para lograr una verdadera armonía, preparara la or-questa para los ensayos generales con la maestra Elena Herrera. «Inicialmente, hice una lectura general de toda la obra para que los músicos se hicieran una idea del ballet completo —entre los tres ballets compuestos por Chaikovski, La bella durmiente del bosque es el más elaborado musicalmente— de cómo es cada tiempo musical, de la velocidad en que debe ser interpretado cada número, de todos los matices, lo cual posibilitó que los ensayos generales fluyeran más rápido.

«La música es encantadora al igual que el ballet. Sin duda, la obra se ubicará entre las más queridas por el público. Por suerte, ya está viva dentro del repertorio del Ballet Nacional de Cuba, y habrá La bella durmiente del bosque para rato».

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