Diseñadores cubanos y norteamericanos comparten sueños en proyecto cultural

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Desafiando las políticas dictadas en Washington, ellos intercambian ideas y fomentan los lazos de amistad desde hace cinco años

La guitarra y la trova fueron el pretexto esta vez. Pronto se estudiaron las vistas fotográficas del instrumento y se palparon sus cuerdas, también se escuchó con atención la canción inteligente, esa que la guitarra acompaña con fidelidad.

El correo electrónico sirvió de enlace, fue el puente comunicativo para compartir los mismos sueños de diseñar sobre un espacio que cumple diez años: A guitarra limpia.

Los protagonistas de esta sui géneris idea son diseñadores cubanos y estadounidenses. Ellos se han hecho amigos, y a la vez críticos de sus obras gracias al proyecto Compartiendo Sueños (Sharing Dreams).

La iniciativa, que acogen el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y la Asociación de Diseño Gráfico del país norteño, cumple cinco años en este 2008 y lo festejan con la exposición Compartiendo Sueños 5, en la institución habanera, cuyo motivo ha sido el espacio que esta última dedica a la canción trovadoresca.

Diez carteles reflejan con énfasis en colores, líneas y textos, las visiones de estos artistas de la gráfica. En la sala Majadahonda, del Centro Pablo, pueden apreciarse estas piezas que continuarán expuestas hasta el venidero 30 de diciembre.

Víctor Casaus, director de la institución cultural y uno de los organizadores de Compartiendo Sueños, afirma que fue muy aceptada la propuesta de los cubanos de que fuera la música, y en especial la guitarra el motivo para homenajear a los trovadores.

«En la primera parte del proyecto, la del intercambio de correos electrónicos, que para nosotros es muy importante, se compartieron no solo los diseños, sino los gustos por la música, y los de allá conocieron un poco más sobre la Nueva Trova.

Casaus califica el proyecto de «muy personal» y con una gran base en la amistad y en el respeto al trabajo profesional.

En este lustro, indica, varios han sido los puntos a esbozar gráficamente, como el amor, la paz, y el diseño en la cultura, este último tratado en 2007, a propósito del Congreso ICOGRADA realizado en La Habana.

Víctor recordó que el proyecto comenzó en 2003 con la administración Bush —hoy casi culminando su mandato—, gobierno que laceró esta iniciativa cultural al negar visas el pasado año a Héctor Villaverde y a él, quienes asistirían a una de las actividades organizadas por Compartiendo Sueños en la ciudad de Nueva York.

Toni O’ Brian, coordinadora por la parte estadounidense, reconoce lo difícil de lograr una actividad como esta por esa causa, pero «con mucha ayuda y esfuerzo hemos podido estar aquí en todos estos años».

Para O’ Brian son la persistencia y los deseos de estrechar vínculos con sus pares cubanos, los que vencen los obstáculos. El ser parte de un proyecto sensible y muy humano es «un ejemplo de que todo es posible».

Un puente de amistad

La californiana Ana Llorente insistió en regresar a La Habana tras su visita en 2007. En los últimos meses se dedicó a ayudar en la organización de este viaje de los diseñadores de su país a Cuba. Ana trabajó durante ese tiempo de conjunto con la Asociación Norteamericana de Diseño Gráfico, específicamente de la rama del diseño para la cultura.

«Soy de familia cubana y me enamoré del proyecto en cuanto supe de él. Este es mi segundo viaje y junto a mí vienen 11 colegas. Provienen de diferentes estados como Nueva York, Ohio, California, Illinois y Wisconsin», dijo Llorente, quien es profesora de una universidad dedicada al estudio de las artes y el diseño (Otis College of Art and Design).

«Pienso que los diseñadores que participamos tenemos un interés ya sea cultural o familiar. Además, queremos aprender algo nuevo, identificarnos con una cultura que no conocemos tanto, y es nuestro deseo tener esa conexión con ustedes».

Para Ernesto Joan, diseñador e ilustrador cubano, es la propia idea de compartir con sus colegas estadounidenses lo primero que valora. «Es la continuidad de las relaciones entre ambas naciones. Tengo 40 años de experiencias y de Compartiendo Sueños se podría decir muchísimo. Para mí ha sido una gran satisfacción haber participado y, sin dudas, hay que repetirlo».

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