Presentan muestra Cine Sur en Festival de La Habana

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Está conformada por la coproducción entre Marruecos y Bélgica, L’enfant endormi; la película franco-iraní Gabbeh, el documental Nouba d’Or et de Lumière (Francia-Marruecos) y el largometraje indio FrozenA nadie sorprenderá que la 30 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano haga un aparte con una cinematografía apenas exhibida en los grandes circuitos cinematográficos del mundo. Se trata del cine que se realiza alejado de superpotentes industrias y en el lado opuesto al norte todopoderoso. Los organizadores de esta cita, que se extenderá hasta el próximo 12 de diciembre por todo el país, decidieron nombrar esta muestra Cine Sur, y está conformada por cuatro filmes: la coproducción entre Marruecos y Bélgica, L’enfant endormi; la película franco-iraní Gabbeh, el documental Nouba d’Or et de Lumière (Francia-Marruecos) y el largometraje indio Frozen.

De todas, las más «antigua» es la multipremiada Gabbeh (1996), de Mohsen Makhmalbaf, uno de los directores de mayor repercusión mundial en su país, Irán. Es esta una de esas películas que ha logrado el criterio mayoritario de los críticos en cuanto a que es «una obra de una insultante sencillez, que destila hermosura y nociones agarradas a la vida. Su forma de explicarse es tan auténtica, tan natural, que supera la propia ficción para ofrecerte un soplo de aire fresco que te alecciona y noquea, que demuestra que para decir cosas importantes no es necesario grandes dramaturgias ni florituras visuales».

Frozen fue catalogado por la crítica como un filme sencillo, sensible y hermoso. Gabbeh es una digna representante del cine iraní que es capaz de emocionar sin tener que acudir a efectos especiales ni manipulaciones; de esa cinematografía que tomó mayor fuerza a partir de los años noventa, y que desde en-tonces ha apostado por películas e historias sencillas pero basadas en una realidad difícil. Gabbeh se adentra en la cotidianidad de una pareja de ancianos que vive alejada de los hombres y cuida del gabbeh, alfombra de una tribu nómada del sudeste de Irán, que refleja la existencia del clan al que ellos pertenecen.

Como Gabbeh, el documental de Izza Génini, Nouba d’Or et de Lumière, tiene participación gala. Rodado en 2007, este filme llega a La Habana con el premio Mediterráneos, que se otorga en el Festival de Cine del Sur de Granada (España). Con Nouba d’Or et de Lumière, la directora marroquí se propuso mostrarle al mundo la música arabo-andaluza, de una manera innovadora y experimental. Para ello emprendió un recorrido por las ciudades donde aún pervive esta tradición musical.

La motivación para acometer este proyecto la explica la propia realizadora: «Aunque nací y me crié en Marruecos, con 17 años emigré a Francia, de forma que no había conocido realmente aquel país. Esto me llevó a interesarme más por la cultura marroquí, como un modo de pensar mi propia identidad. Y la música ha tenido para mí siempre un importante significado personal».

Para Izza Génini, apelar a la historia y a la tradición, más que separar a los pueblos, posibilita su reconocimiento propio y común. «Estoy convencida de que hay espacios en los que las barreras desaparecen por sí solas, porque en el fondo estas barreras no son reales; en el ámbito de la música, desaparecen completamente. Creo que a todos podemos hablar un mismo idioma a través del espacio de libertad que representa la música».

Mujer y coterránea también de Izza Génini es Yasmine Kassari, la directora y guionista de L’enfant endormi (El niño dormido), un drama de 95 minutos de duración. En el noroeste del Marruecos actual, Zeinab (Mounia Osfour), se queda sola súbitamente cuando su marido, tras la noche de bodas, decide abandonar la ciudad para pasar a la clandestinidad. Zeinab, que está esperando un hijo y aguarda el retorno de su marido, decide «dormir el feto», una antigua práctica de magia blanca muy difundida en el universo rural magrebí. Pero el tiempo pasa y el esposo de la joven no regresa.

Estrenado en el 2004, L’enfant endormi es la ópera prima de la también productora que estudió cine en Bruselas y se dio a conocer internacionalmente con el documental Quand les hommes pleurent... (2002). Con varios premios a la mejor película de festivales europeos, marroquíes, españoles y latinoamericanos, L’enfant endormi es una denuncia contundente a la condición marginal de la mujer en el mundo árabe.

Por último, Frozen, de Shivajee Chandrabhushan, se exhibirá en el Festival después de haber obtenido en el II Festival Internacional Cines del Sur de Granada 2008 el premio Alhambra de Plata al Mejor Director por «el rigor artístico y la eficacia narrativa que consigue plasmar en un filme sencillo, sensible y hermoso», según manifestaba el acta del jurado, que decidió otorgar la Alhambra de Oro al Mejor Largometraje a Jogo de cena (Juego de escena), del brasileño Eduardo Coutinho, película que concursa en esta cita.

Galardonada también con el Premio del Público de aquel certamen, Frozen cuenta las peripecias de Lasya, una adolescente que vive con su padre y su hermano pequeño en un remoto y montañoso pueblo al norte del Himalaya. Un día el ejército se instala a unos cientos de metros de su casa y la familia se ve forzada a abandonar su hogar. Su idílica rutina se ve bruscamente agredida y a partir de ese momento, la familia deberá enfrentarse a un futuro incierto donde la muerte está al acecho.

«La región en sí misma ya es muy hermosa. Si situamos la cámara y la giramos 360 grados obtendremos una panorámica imponente. Pero la realidad de esa zona es que se viven historias duras—explicó Chandrabhushan al argumentar las motivaciones que lo hicieron ponerse detrás de la cámara—. Durante seis meses al año, Ladakh está aislada del resto de la India por la nieve y el frío. Queríamos hablar de esta dureza de la vida. Si la película hubiese sido fotografiada en color se habría convertido en algo demasiado bello. Por eso el blanco y negro es el contraste.

«No queríamos hacer un filme de turismo ni un documental tipo Discovery Channel. Por eso lo más importante era la historia. Hay escenas que tuvimos que recortar en el montaje definitivo y me encantaría recuperar. Escenas tan hermosas que casi nos obligarían a cambiar el título. Hay una estética, por supuesto, pero lo que se cuenta es lo primordial. La clave está en el equilibrio».

Cuatro películas, cuatro realizadores y cuatro historias que nos acercarán más a un mundo que también existe.

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