Sara González: La Revolución Cubana cumplirá muchos años más

Afirma la trovadora que el proceso vivido en Cuba, en las últimas cinco décadas, constituye una obra de amor e igualdad, con lo mejor del sentimiento humanista

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Foto: Calixto N. Llanes Sara González encontró en aquella primera guitarra regalada por su padre, Berto González, su deslumbramiento por la música. No se imaginó en esa fecha que el instrumento la acompañaría en el futuro.

«La guitarra fue adquirida por papá, gracias a la ayuda de Compay Segundo. Ellos eran amigos, pues trabajaban en la misma fábrica de tabacos», rememora a JR la intérprete, hoy una de las voces más destacadas no solo del Movimiento de la Nueva Trova (MNT), sino también de la cancionística cubana.

La otra «influencia», dice, es probablemente la que teníamos todos los cubanos humildes. «En ausencia de “tatas”, “sirvientes”, o “círculos infantiles”, mi madre Rosa —que se desempeñaba como costurera en casa—, me ponía la música de la radio para poder distraerme. Según cuenta la familia, aquello funcionaba como un sedante excepcional para la inquieta niña Sara».

La cantante nació en el habanero barrio de Cayo Hueso, el 13 de julio de 1951. Y si le interrogan sobre lo que motivaba a los jóvenes trovadores de su generación a cantarle una y otra vez a la Revolución, ella medita y contesta: «El vivir y ser parte latente, como todo el pueblo, de la realidad social constante en el país».

Sara González expresa que en la obra lograda en estos 50 años en Cuba, está el amor, la igualdad, lo mejor del sentimiento humanista y el pensamiento martiano, en perenne batalla por el mejoramiento humano.

—¿Cómo le impactaron los míticos 60, al ser esa la primera década de la Revolución Cubana?

—Si se detienen en mi fecha de nacimiento —que no se me ha ocurrido ocultar, pues mi amiga Chicha Valdés me enseñó que nunca me quitara un año, porque no se sabe si es el mejor que has vivido—, era una niña de nueve años, que se supo pionera antes del grito: «¡Seremos como el Che!», pero quise ser como él, como Camilo, Celia, Vilma y Haydée.

«Hace poco compuse un tema a Vilma y la motivación fue, en principio, el recuerdo de una foto de su boda con Raúl. Sentía que esos seres míticos que se casaban, no eran como los héroes que había conocido hasta entonces...

«En fin, de aquellos guerrilleros recuerdo cómo coleccionaba estampitas que luego colocaba en un álbum de la Revolución. Logré completarlo con mucha emoción. Fue pasar de Walt Disney a Fidel Castro. Ya saben del origen obrero de mis padres, que además militaban en la izquierda, y bebí de esa ideología desde siempre.

«Pero se crece y las influencias externas te transforman. Y pasar de niña a adolescente, de estudiante de viola en el conservatorio —mi madre soñaba con verme vestida de negro tocando en la Sinfónica Nacional—, a joven en los maravillosos 60, fue correr detrás del Principito, Vuelo nocturno, Paradiso, La montaña mágica y Retrato del artista adolescente.

«Asimismo me puse en contacto con Los hombres de Panfilov, La carretera de Volokolamsk y, con mucha suerte, con las cartas de Plejánov sobre el arte y la vida (Cartas sin dirección. El arte y la vida social), aunque mezclado con el Manual de Economía Política, de Piotr Ivanovich Nikitin.

«También estuvieron los impactos emocionales del primer vuelo espacial de Yuri Gagarín y la noticia del primer transplante de corazón, con los ataques a Girón y las amenazas de guerra a la Isla, “el temor a la Bomba”, las milicias y el primer amor —del que no hablaré—, pero con quien descubrimos El séptimo sello, Viridiana, a The Beatles con Yesterday y Help, y la rueda de casino del Oso, a los amigos que se fueron, los que se autoexpulsaron y a los que echaron por aquellos “impedimentos ideológicos” que nos hacían “no confiables”.

«Fue el tiempo de Penélope, de Joan Manuel Serrat, el asesinato de Kennedy, Vietnam, el comienzo de la guerra en Angola —tan trascendente en nuestra generación—, y la extraña sensación de que algo muy bello había terminado con el álbum Let it be».

—La Nueva Trova, como movimiento, nació en plena Revolución. ¿Cómo lo explica?

—La Nueva Trova, lo hemos dicho otras veces, es la continuación de una de las más importantes vertientes musicales de nuestra cultura: la Trova Cubana, la de siempre. Y si se trata de explicar con el criterio de «Movimiento», tal vez es porque se vincule a fenómenos que ocurrían en el mundo de la canción social.

«El tropicalismo brasileño, la nueva canción argentina, la canción protesta norteamericana, y el resultado del cuestionamiento que hacían algunos organismos de aquellos tiempos sobre el verdadero sentido revolucionario de este grupo de creadores, nos compulsó a llamarlo Movimiento y la Unión de Jóvenes Comunistas trató de aglutinar el hecho cultural a todos los rincones del país».

—¿Cómo se integra Sara al Movimiento de la Nueva Trova?

—Había pasado del conservatorio a la primera convocatoria de las Escuelas de Instructores de Arte para estudiar pedagogía musical. Tuve en mi formación profesores como Leopoldina Núñez, Alfredo Diez Nieto y otros no menos importantes. En ese tiempo conocí a Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Pablo Milanés, quienes me acercaron al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y a Pedro Luis Ferrer, Eduardo Ramos, Amaury Pérez, Augusto Blanca, Vicente Feliú y muchos más que se fueron aproximando a esta manera de la creación musical.

—Usted ha dicho que la Nueva Trova ha contado la historia de la Revolución desde sus canciones. ¿Cómo valora el impacto de ese movimiento musical en la gente, en la época revolucionaria?

—No recuerdo si dije que la Nueva Trova «ha contado» la historia de la Revolución, pero de ser así, tengo la oportunidad de rectificar el mensaje: las canciones de estos tiempos estén o no dentro de los creadores del MNT, son parte de la Revolución y de nuestra cultura general, como todo arte hecho con sinceridad. Son los cubanos participando de una manera viva de nuestra obra.

—Es usted la voz femenina más representativa del MNT. ¿No echó de menos que otras mujeres se sumaran a aquella etapa inicial? ¿Cree que la presencia femenina en la trova es menor que en otros géneros?

—Si se mira la historia de la Trova Cubana, se verá que la participación femenina es poca en cantidad, pero muy alta en calidades artísticas y estéticas, teniendo como pioneras a María Teresa Vera, Isolina Carrillo, Tania Castellanos, Marta Valdés y Teresita Fernández. Nunca me sentí sola ni fue extraño que Miriam Ramos, Marta Campos, Liuba María Hevia, Heidi Igualada, Rita del Prado y muchas más, llenen nuestra historia trovadora de tanta creación.

—Girón: La Victoria es una canción que ha marcado a varias generaciones. ¿Devélenos en qué circunstancias la escribió?

—Es una canción «por encargo», para celebrar un 4 de abril. Fue idea del maestro Frank Fernández, que era el director de aquella gala donde también surgieron temas como Preludio de Girón, de Silvio; Quién sabe más, de Amaury; Canción por la unidad latinoamericana, de Pablo.

«Era una niña cuando el ataque a Playa Girón y sabía, de oídas, la repercusión de la primera derrota del imperialismo en América. Frank me solicitó que compusiera una canción que reflejara la victoria conociendo mi carácter entusiasta, impulsivo y apasionado. Así salió llena de emoción, y así se ha escuchado durante más de 35 años».

—¿Qué han significado para usted: Los Dimos, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y Guaicán?

—¡Escuelas! La mayor, la más importante: el Grupo de Experimentación Sonora, donde tuve la oportunidad de compartir con músicos, con profesores, tales como Leo Brouwer, Federico Smith, Juan Elósegui, Emiliano Salvador, Sergio Vitier, Eduardo Ramos y Pablo Menéndez. En esa etapa de más de diez años me formé como profesional, para después seguir en mi carrera creando otros grupos de músicos hasta la actualidad.

—¿Qué la impulsó a incorporarse al Conjunto Nacional de Espectáculos?

—Me sumé a Virulo en su proyecto de la Ópera Son. Fue una etapa donde aprendí mucho, sobre todo de la técnica teatral con los actores Carlos Ruiz de la Tejera, José Antonio Rodríguez y Carlos Moctezuma, que aportaron sus conocimientos para ese trabajo.

—Algunos afirman que la trova actual dista mucho del grado de identificación que lograron los fundadores del MNT con el público ¿Piensa que es un argumento válido? ¿Es la trova un género del pasado?

—Me recuerdas un encuentro de trovadores de hace algunos años donde decíamos: «¡La trova no ha muerto...!». Toda expresión cultural pasa por épocas de mayor difusión o de menos protagonismo. Pero los resultados que tienen que ver con la validez de su esencia, son eternos e imperecederos, independientemente de las modas. Este movimiento es parte indisoluble de la cubanía, de la forma de ser del cubano de a pie y, desde que arrancó, es un credo.

—¿En qué proyectos anda inmersa Sara González?

—En muchos, siempre estoy en algo, haciéndolos y realizándolos. En enero le daré continuidad a mi Jardín de la Gorda, en la Calle B, entre 25 y 27 (Vedado). Allí estaré el año 2009 completo, brindando espectáculos con diferentes artistas amigos. En los espacios vacíos realizaré una gira por el país, que estamos soñando Amaury y yo, junto con algunos más que arrastraremos...

«Ahora, solo me resta agradecerte por la entrevista y felicitar de corazón a mi pueblo por los 50 años de la Revolución, que serán muchos más... “Y que yo los vea”, como decía mi abuela».

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